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Las infraestructuras en la España vaciada | Por Francisco José Chaparro Díaz

Las infraestructuras en la España vaciada | Por Francisco José Chaparro Díaz

Las infraestructuras, o más bien, la ausencia de ellas, es un factor en el que todo el mundo coincide, para explicar la situación de despoblación que se padece en la península ibérica y que de un tiempo a esta parte parece estar en boca de todos y en manos de nadie.

Vamos por partes, este autor que hoy les escribe, hace años que inició su particular cruzada en la lucha por detener la sangría y, en la medida de lo posible, revertir la tendencia, que ofrece a día de hoy el mapa peninsular. Por mis orígenes, nacido en uno de estos territorios que podemos denominar “vaciados”, por el conocimiento que he tenido de muchas de estas comarcas y por el estudio que he dedicado a las mismas, hasta el punto de escribir mucho sobre el asunto; lo cierto es que, conviene matizar algunas cuestiones.

De entrada, no es lo mismo hablar de territorio vacío, que de territorio vaciado, puesto que el primero es un concepto descriptivo y el segundo interpretativo, además, y lo más importante, un territorio puede estar vacío porque siempre lo haya estado y uno vaciado es lo contrario, uno que en otro momento sí lo estuvo y ahora no.

El segundo matiz que hay que dejar sentado, es que cuando hablamos de territorios vaciados, no lo son de población, o no sólo de ella, la población no es más que un factor relevante en el concepto de territorio vaciado, lo es de oportunidades, de oportunidades de vida para sus habitantes, que incapaces de encontrar las dichas oportunidades de futuro en su tierra, deben migrar a otros lugares en busca de las mismas.

Sentados los anteriores matices, es necesario entrar en las causas y consecuencias de este fenómeno y para ello nos harían falta muchas más páginas de las que ofrece un pequeño artículo de opinión, pero como he dicho al principio, cualquier opinión autorizada en la materia coincidirá en que las infraestructuras, o su ausencia, serán claves a la hora de entender la realidad de estos territorios.

Hablar de infraestructuras, es hablar de red de carreteras, de red ferroviarias, de colegios, de centros de salud y otros elementos objetivos que a ojos de cualquiera son fáciles de entender. En este grupo se incluye la red eléctrica… Hace poco y gracias a un buen amigo vinculado al sector de la energía, he tenido la oportunidad de acceder a la imagen del mapa de la red eléctrica de la península ibérica; de su simple observación, sin entrar en mayores consideraciones técnicas, se aprecia con claridad como las líneas de colores que representan el trazado eléctrico, a la usanza de las antiguas calzadas romanas, se centran en las grandes capitales del país, en las costas y en los lugares de interior que sirven de unión entre un gran núcleo y otro. Por el contrario, encontramos grandísimas zonas con una carencia de infraestructuras eléctricas, tanto que casi asusta, pues parece que no existieran núcleos de población que atender en esas zonas vacías de servicio…¿o deberíamos hablar de vaciadas?.

No es casualidad que estos espacios en blanco de nuestro mapa eléctrico, coincida con los territorios la Sierra Morena andaluza, del territorio que se comprende entre el Guadalquivir y la costa andaluza, grandes extensiones de Extremadura, de Castilla La Mancha, Castilla León y Aragón, casualmente o no de forma tan casual, aquellos territorios que tradicionalmente venimos asociando a la España Vaciada.

En muchas de estas zonas, hasta mediados del pasado siglo xx, sí había una nutrida actividad económica y población que la sustentaba, pero a partir de este momento los movimientos migratorios, provocaron una salida de población que no ha retornado, sobrecargando las grandes ciudades y las localidades costeras. Las infraestructuras eléctricas, de vías de comunicación, de redes de transmisión de datos para el funcionamiento de internet y telefonía, se calcan al mapa que ofrecemos como cabecera de este artículo, hasta el punto que si superpusiéramos unos sobre otros, encontraríamos una gran concentración de colores en los mismos lugares y los mismos espacios vacíos en el resto.

Esta es la realidad, fácil de ver, de un simple golpe de vista y lo tomo como ejemplo de la importancia que tiene, que la clase política aborde esta cuestión del territorio vaciado desde la óptica de un necesario pacto de estado, con desarrollo de planes no a corto plazo, como proyecto político del que se hable en cada momento por un interés electoral, sino como algo a medio y largo plazo, con planes de desarrollo e inversiones que ofrezcan servicio a estas zonas que hoy día no lo tienen y que consiga de esta manera, el doble objetivo de arraigar al territorio a la población que todavía se mantienen y atraiga a nuevas personas que consoliden un crecimiento continuado y sostenido, para desarrollar una actividad económica que cambie la faz de la tierra en la península ibérica. 

No veo esta idea en la clase política, solo veo la recurrente instrumentalización del tema por intereses partidistas y electoralistas, pero carentes de una altura de miras, de una visión de estado, que entienda que este problema del territorio vaciado provocará problemas de producción de productos agrícolas, sobrepoblación en zonas ya de por si muy pobladas y otras muchas que de no poner remedio, provocará la insostenibilidad del actual sistema económico.


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