Madrid no es solo el escenario de sus historias: respira, observa y cambia junto a sus personajes. Entre procrastinación, soledad, deseo, política e ironía, Retrasos, demoras y postergaciones y Vidas de otros, vidas de nadie retratan esas existencias cotidianas que rara vez ocupan el centro de una novela.
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Amigos convertidos en personajes, decisiones reales trasladadas al papel y un siglo XVII alternativo lleno de honor, magia y aventura. Reliquia transforma una campaña de rol en una historia de casi quinientas páginas con un origen tan singular como su propio universo.
Una campaña de rol entre amigos terminó convertida en una novela de casi quinientas páginas. Reliquia conserva personajes, decisiones e incluso diálogos nacidos alrededor de una mesa y transforma años de amistad, dados e imaginación en una aventura destinada a perdurar.
Una experiencia cercana a la muerte, la mediumnidad, las heridas de la infancia y la búsqueda de un propósito atraviesan Amanecer espiritual, una novela que invita al lector a mirar hacia dentro y reconectar con su propia luz.
En Ninfa, el amor, la traición y la maternidad se entrelazan con aquelarres y mitología griega. Su autora nos habla de Tania, una mujer obligada a enfrentarse al miedo y a fuerzas que parecen superiores a ella, en una historia marcada por el deseo, los secretos y la capacidad de rebelarse contra el destino.
Lind explora en Bajo mis hábitos el deseo, la identidad y el amor a través de una historia íntima marcada por la fe, la oscuridad y una estética profundamente gótica.
Víctor R. Rodríguez reflexiona sobre los nuevos procesos de radicalización, el papel de las redes sociales y la inteligencia artificial, y la importancia de la educación y el pensamiento crítico como herramientas de prevención.
«Hasta que la muerte nos una»: Una novela coral de suspense y emoción sobre la culpa, la pérdida y todo aquello que la muerte no consigue cerrar.
Artículo de opinión de Nieves García Aguilera
Hay escritores que inventan territorios y otros que consiguen que observemos de una manera diferente aquellos que creíamos conocer. Julián Peñaranda pertenece al segundo grupo. En sus obras, Madrid deja de ser una simple localización y se convierte en una criatura literaria formada por bares, parques, tertulias, calles, recuerdos, discusiones políticas y personajes que buscan un lugar en un mundo que parece avanzar sin esperarlos.