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Mi «mood» de hoy | Por Juan Expósito

Mi «mood» de hoy | Por Juan Expósito

       Empieza a parecerme una plaga insoportable. Yo no la soporto, por lo menos. No sé tú. Abriendo el correo, las redes sociales, la prensa… Escuchando a compañeros o colegas, amigos, alumnos… noticias y entrevistas. Da igual que sea el conspicuo tertuliano que la reputada periodista, da igual que sea el frutero de mi barrio que la prestigiosa abogada, da igual que mi primo que el Ministro de Cultura. Da igual. Han llegado y están entre nosotros.

            Se están metiendo en nuestras vidas con naturalidad, con displicencia, en silencio (iba a decir silenciosamente, pero una vez leí a Gabriel García Márquez en su plúmbeo -tengo que decirlo- Vivir para contarla, que siempre que se pueda hay que huir de los adverbios acabados en -mente o a Valle Inclán reprocharle a Echegaray: Tu literatura está llena de adverbios de modo. Y es que mi adorado Don Ramón María era un genio que no pasará a la historia por su humildad.) Retomo: Están llegando a nuestros días y a nuestra cotidianeidad sin pedir permiso, porque nosotros los estamos abrazando sin que nadie nos fuerce.

            En el estado de Whatsapp, en el folleto de una escuela de interpretación, en la carta de un restaurante, en la conversación de la marquesina del 119, en tu podcast de cabecera, en mis mejores amigos… en mí. Llegan a nuestra boca, a nuestros dedos, a nuestros ojos… se expanden, callados y quedos como esas motitas de sal que no se notan uno a uno pero que después de muchos estropea la comida.

            Son los anglicismos.

            Me dirán dos, de los cuatro que me leen, que soy conservador, intransigente o facha. La respuesta corta es NO. Es, simplemente (a la mierda la teoría de Gabo y de Valle por usar -mente, no escribo tan bien como ellos), que me parece que somos unos afortunados al tener, como vehículo de comunicación, nuestro idioma.  No entiendo la necesidad, es solo eso. Y creo que hay una explicación a todo eso. O varias.

            Nuestro idioma está lleno de préstamos. Los del árabe (que más que préstamos son la aportación de una cultura que estuvo 800 años influyendo en España. Están los necesarios y hermosos términos traídos de nuestras lenguas hermanas como el catalán (tan emparentado con el italiano o siciliano -buscad en internet, que no soy lingüista y ahí lo explican muy bien-), como el euskera (tan ignoto y hermoso) o como el gallego (tan abrazado al portugués -al que damos la espalda abrazándonos tanto-). Tenemos, además, otros préstamos que enriquecen el español y son necesarios, porque rellenan los huecos que tiene nuestro idioma. Pero ¿para qué necesitamos poner tantas palabras inglesas si tenemos las nuestras y son bien hermosas?

            Me da cierta sensación de que si el español-inglés fuese un partido de baloncesto, perdemos por 30 puntos teniendo mucho mejor equipo… y es porque nos metemos canastas en nuestro propio aro. No disputamos ninguna jugada.

            Hablaré solo de lo mío, el teatro: ¿Por qué decir backstage en vez de bambalinas o la preciosa expresión entre cajas? Tenemos incluso la palabra chácena. ¿Por qué decir sold out pudiendo decir aforo completo o entradas agotadas? ¿Workshop en vez de Taller? ¿Masterclass por Clase Maestra? Significan exactamente lo mismo, pero preferimos el idioma inglés.¿Por qué decir frontstage (que no sé si va junto o separado, la verdad) por la lindísima palabra proscenio? ¿Por qué? Porque nos parece más moderno, porque nos parece más innovador o porque, la verdad, estamos acomplejados. Reivindicar nuestro idioma no es sentir orgullo de nuestro país ni de nuestra bandera sino es sentir orgullo de la gente que ha usado nuestro idioma y lo ha elevado a la categoría de arte. No es reivindicar a Cervantes solo, sino reivindicar a Lope, a Calderón, a Valle-Inclán, a Lorca, a Delibes o a Sabina… Y, digo más, es reivindicar a García Márquez, a Bolaños, a Carlos Fuentes o a Benedetti… que hablan el mismo idioma (con sus bellos usos idiomáticos) y que hacen que nuestro idioma sea el mayor patrimonio cultural que tenemos, con el que nos entendemos, con el que nos formamos y con el que nos comunicamos. Pero no, decidimos usar profile en vez de perfil.

            Me encanta el inglés, soy un eterno aprendiz de este idioma. Veo casi todo en versión original. No hay nada contra los demás idiomas. Solo es que no es necesario, oye. Y que me da la sensación de que no lo hacemos por hacerlo más fácil sino por hacerlo más cool, digo, más guay.  

            Hay veces que las palabras entran porque no hay otra manera de expresar esa idea, como traveling, zoom o selfie, donde, por cierto, se podría decir autorretrato, aunque parece que no nos da la connotación adecuada, que es válida, perfectamente, pero podría dar la sensación de retrato, que nos lleva más a la pintura, aunque no (está en la segunda acepción de la RAE como fotografía de una persona, pero bueno). Hay veces que usamos anglicismos porque en español el uso es muy escaso, excesivamente culto, quizá, como decir analepsis por flashback, aunque no me diréis que decir analepsis no mola… o prolepsis por flashforward. Pero de lo que no tenemos ninguna necesidad es de decir brainstorming pudiendo decir tormenta de ideas, que es una expresión preciosa, por ejemplo.

            O la nueva, la de moda, la que lo está petando, la moderna… Se trata, chantatachán, de la horrorosa mood. Y la usamos por estado de ánimo, humor o talante… o, simplemente, ánimo.

            Tenemos un idioma precioso y decirlo y reivindicarlo no tiene ningún ápice de connotación ideológica. Es solo amor por el vehículo en el que viajamos, que es nuestra lengua.

            Nada existe si no se puede explicar con palabras, con el lenguaje que, en este caso, es el nuestro. Cualquiera puede tener la fórmula de cualquier teoría, la resolución del conflicto insondable, la explicación del más elevado debate filosófico o la indulgencia de cualquier anatema… pero si no somos capaces de explicarlo, nada existe. No me refiero al vocabulario (aunque también), me refiero a la claridad, a la capacidad de saber unir sujeto, verbo y predicado. Si uno no sabe una palabra la puede buscar (que para eso está el diccionario, oye, y así aprendemos una palabra nueva, que está muy bien) pero si usamos anglicismos innecesarios para explicar las cosas es que no conducimos nuestro vehículo bien. O lo conducimos por la izquierda (mira tú, como los ingleses) o lo llevamos por demasiadas vías de servicio o vías agropecuarias, en vez de llevarlo por la vía principal (no sé si se entiende la metáfora). Y nuestro coche es el español (o castellano, recordemos que en la zona hispanohablante ajena a España se llama español, los brasileños llaman a su idioma portugués y los australianos a su idioma el inglés. Y nadie dice nada de fachas, señor) y, decía, que defender nuestro idioma es defender nuestra manera de entendernos… nuestro vehículo.

            En fin, Serafín, que no pontifico ni labro en mármol, solo planteo la necesidad o necesidad de llenar nuestro día a día con tanto anglicismo… y perdonad si estoy muy outsider en las social networks y no doy mucho feedback.  Es que estoy en pleno brainstorming con un working progess buscando un win to win para un workshop que estoy preparando con los highlights que realizaré con mis outfits hechos en la shooting session de los stages y backstages. Estoy on fire con eso; a full, vamos.

            Responderé cuando tenga alguna idea de lo que acabo de decir.

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