Déjalo | Por Sergio Mus

Déjalo | Por Sergio Mus

Si no te gusta, déjalo. Aun con lo obvio que parece, encontramos demasiadas ocasiones en las que decidimos seguir adelante, aunque infelices. Porque nos sabe mal, por rutina, o simplemente por miedo a los cambios. Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, ¿os suena? Vaya frase derrotista. Si es malo es malo, sea conocido o no, así que, déjalo. Porque al final no es malo, sino pésimo. Cuando haces algo por compromiso, acabas odiándolo. Puedes hacer un descanso y posteriormente, echarlo de menos, pero si llegas al punto del odio, ahí ya no hay retorno. Por ejemplo, una pareja que rompe a tiempo puede mantener una relación cordial, pero si llegan a odiarse no podrán siquiera mirarse a la cara.


Por eso, déjalo. No sé qué es aquello en lo que andas metido y te está machacando, pero déjalo antes de que sea demasiado tarde. Diles la verdad, que te has cansado, que no quieres seguir con esto. No tienen más remedio que comprenderlo. Nunca prometiste no equivocarte. Estuviste dentro mientras te sentiste realizado, pero las cosas llegan a su fin, absolutamente todas. Así que reacciona. En unos años sólo te arrepentirás de no haberte cambiado de carrera, o de trabajo, o de no haberlo dejado con esa persona que no te hacía feliz y con quien has engendrado hijos desgraciados. Hasta la vida misma acaba renegando de cada uno de nosotros y llega un momento en el que nos da la patada. Y ojo, está bien que así sea. Realmente sería un problema si las cosas no tuvieran un fin. Si era malo, mejor que acabe. Y si era bueno, jamás tendrías suficiente.


Y hablando de lo bueno, pongamos como ejemplo la mítica serie Friends. Vaya pedazo de serie. Pero, ¿qué sería de ella si aún siguiera en activo? Personajes de cincuenta años, un argumento cada vez más monótono… En cambio, los guionistas supieron acabar la historia donde tenía que acabar, ni más ni menos. Diez temporadas y un final de lo más creíble. En fin, que todo lo bueno se acaba, pero es que si no lo hiciera se convertiría en malo. Y no, que se acabe no significa que tengas que borrarlo de tu mente y que empieces una nueva etapa de tu vida olvidando la anterior. Toda piedra hace pared, pero lo que no puedes es quedarte lamentando lo que no hiciste. Al final, crecer no es más que aprender a despedirse a tiempo. Yo, por mi parte, sé que algún día dejaré de escribir. No por nada, sino porque es el proceso natural de las cosas. Pero lo que sí sé es que no dejaré absolutamente nada porque alguien me diga que lo deje. Qué sabrá nadie lo que me conviene o no hacer a mí, cuando no lo sé ni yo.


Quien acude a su memoria para quedarse a vivir en ella, se convierte en un viejo, porque la vejez no depende del número de velas que soplas, sino de la cantidad de recuerdos nuevos que eres capaz de generar. Y si llega un momento en el que no consigues producir nada más, no importa. Les contarás a tus nietos las batallitas de cuando eras joven y ellos te mirarán con cara de “otra vez la misma historia”. Eso significará que tu función en la vida ha pasado a ser otra. Ahora te toca disfrutar los éxitos y sufrir los fracasos de los demás. Eso sí, lo único que no debe pasar en ese momento es llorar tu cobardía por lo que no hiciste. Por eso, hazme caso, y déjalo.


Me siento afortunado, para mí ha sido un año de cambios y los cambios se afrontan con miedo. He empezado una carrera, he abandonado el domicilio familiar y he descubierto muchas cosas; que soy capaz de autogestionarme –aunque eche de menos a mi madre y a mi abuela–, que aunque las cosas no salen siempre como uno quiere a veces es para mejor y que el atrevimiento es la clave del éxito. Por ello, junto con mi grupo de música –Bricks the yet–, he lanzado un disco. A nivel particular, he conseguido reunir el valor para publicar un libro propio. Se podría decir que he dejado la etapa de mi vida de hacer para mí y he empezado a compartir mis pensamientos. No porque piense en enseñar nada a nadie, sino porque escribir es una forma de aprovechar la poca libertad de expresión que nos queda en este país.


Elescritor.es me ha dado la oportunidad de redactar un artículo, cosa que no había hecho antes, pero que emprendo con ilusión. A lo que aspiro con esto es a conseguir que la gente reflexione. Y no sobre temas profundos, sino sobre cosas mundanas. Pensar no es comparable a ver una serie a la carta y poder saltarte los créditos iniciales. Pensar es algo bonito, es la libertad de tu mente. Vivimos en una sociedad derrotista, conformista y acelerada en líneas generales. Ser verdaderamente libres depende, principalmente, de que consigamos pensar por nosotros mismos y tener opiniones propias.


En fin, que hasta aquí este artículo, que como todas las cosas en la vida, tenía que acabar. Lo único que espero es que lo hayas disfrutado y que afrontes el día con ánimo. Y quién sabe, quizás hoy es el día, quizás vas en el metro leyendo esto y pensando en que no soportas tu trabajo. Ojalá mis palabras sean el empujón que necesitas para cambiar de vida.

Y ahora dime, ¿lo dejas?


Biografía de Sergio Mus

Sergio Mus Nació en La Vall d’Uixó (Castellón) en el año 2002. Educado desde la infancia en los colegios e institutos públicos de su pueblo, complementó su educación con estudios musicales. Para todos sus docentes, sólo tiene palabras de agradecimiento. Tras finalizar el bachillerato, se encuentra cursando primero de Musicología en el Conservatorio Superior Joaquín Rodrigo de Valencia. Desde pequeño, mostró interés por la lectura y la escritura. Era un gran fan de escuchar cuentos y no permitir que le contaran el final, sino acabarlo él de forma diferente al día anterior, mostrando una gran imaginación. Durante el confinamiento, surgió en él la necesidad de evadirse de la situación escribiendo una historia con raíces reales pero, como siempre, cambiando el final e introduciendo reflexiones personales. Actualmente, vive en Valencia por sus estudios, aunque no olvida su ciudad natal, donde vuelve cada fin de semana

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