La novela que nació de una partida de rol: 5 razones para descubrir Reliquia, de Miguel Ángel Espinosa
Hay novelas que nacen de una idea, otras de una experiencia y algunas de la necesidad de contar una historia. Reliquia, de Miguel Ángel Espinosa, tiene un origen bastante menos habitual: una mesa, un grupo de amigos y muchos años lanzando dados.
El propio Espinosa rehúye la etiqueta de escritor y se define, con bastante más naturalidad, como un «pureta, friki y apasionado del arte». Sin embargo, detrás de esa aparente modestia hay una vida dedicada a crear historias: dibujo, pintura, tatuaje y, sobre todo, incontables partidas de rol en las que casi siempre ejerció como máster. Cuando la llegada de un hijo al grupo le hizo pensar que quizá aquellas largas aventuras entre amigos empezaban a acercarse a su final, decidió que una de ellas no terminara nunca: la convirtió en literatura.
El resultado es Reliquia, un primer tomo de casi quinientas páginas que comienza con una declaración de intenciones poco habitual: lo que vamos a leer «ocurrió de verdad». No en los libros de Historia, aclara el autor, sino en la imaginación de quienes se sentaron alrededor de aquella mesa, tomaron decisiones y sintieron que con ellas cambiaban su mundo.
Pero hay más razones para acercarse a esta particular aventura.
1. Porque sus personajes fueron personas antes que personajes
Esta es probablemente la gran singularidad de Reliquia. Gaspar Dumont, William Lake, Einar, Alonso «Stiletto» o Libia Camarati no fueron diseñados únicamente por Espinosa para ocupar una función determinada dentro de una novela. Detrás de ellos hubo jugadores reales tomando decisiones en tiempo real.
El propio libro lo reconoce al final, cuando revela los nombres de quienes dieron vida originalmente a sus protagonistas y explica que la novela mantiene una «alta fidelidad» con aquella campaña de rol: detrás de las decisiones, las hazañas y los diálogos hubo personas reales.
Eso introduce una variable difícil de reproducir mediante la escritura convencional: la imprevisibilidad.
Espinosa podía construir un mundo, diseñar conflictos y colocar obstáculos delante de sus jugadores, pero no podía decidir cómo reaccionarían. Y las consecuencias permanecen en la novela.
Una misión aparentemente sencilla para devolver a una duquesa a su marido, por ejemplo, cambió cuando los jugadores descubrieron que aquella mujer no había sido secuestrada: había huido voluntariamente. En lugar de cumplir el encargo, decidieron ayudarla. Aquella elección alteró el rumbo posterior de la aventura y terminó incluso salvándoles la vida mucho después.
Es el ADN del juego de rol trasladado a la literatura: los personajes no parecen caminar siempre hacia donde el autor necesita porque, en su origen, el autor realmente no sabía qué iban a hacer.
2. Porque propone un siglo XVII que conocemos… hasta que dejamos de conocerlo
Miguel Ángel Espinosa no construye su universo fantástico desde cero. Hace algo potencialmente más divertido: toma nuestra Historia y empieza a romperla.
Reliquia sitúa al lector en 1638 y presenta una Italia alternativa nacida de una guerra sucesoria que terminó fragmentando el territorio. Siete grandes familias gobiernan siete principados y Roma ha quedado en manos del Vaticano como territorio neutral.
A partir de ahí, lo reconocible y lo imposible empiezan a convivir.
Hay espadas, pólvora, nobles, cárceles, piratas, miembros de la Iglesia y sociedades de exploradores, pero también antiguas reliquias, criaturas, dioses y manifestaciones cuya naturaleza no siempre queda clara. La fe de Gaspar convive, por ejemplo, con las creencias de Einar. Cuando ambos discuten sobre sus respectivas religiones, pueden pasar de hablar seriamente sobre la intervención divina a bromear sobre qué dioses vencerían a cuáles.
Esa convivencia permite que Reliquia juegue con una pregunta especialmente atractiva dentro de la fantasía histórica: ¿dónde termina la superstición de una época y empieza lo sobrenatural?
Espinosa no parece tener demasiada prisa por dibujar esa frontera.
3. Porque detrás de las espadas hay una historia sobre el honor
Reliquia puede presentarse como una gran aventura, pero su conflicto central es bastante más humano.
Gaspar Dumont carga con una promesa.
Su padrino, Alessandro Cavalli, fue un prestigioso explorador hasta encontrar una reliquia que creía auténtica. Otro miembro de la Sociedad de Exploradores desacreditó el hallazgo, Cavalli perdió su reputación y fue expulsado. Después llegaron la tragedia familiar, la desesperación y un crimen cometido por el propio Cavalli en un arrebato de ira.
Ahí aparece uno de los aspectos más interesantes de la novela: Cavalli no es simplemente un inocente al que haya que salvar.
Ha sufrido una injusticia, pero también ha cometido un acto terrible. Y eso convierte la promesa de Gaspar en algo mucho más complejo que demostrar la inocencia de su padrino. El joven quiere recuperar su honor, reivindicar su memoria y demostrar la autenticidad de aquello que encontró, pero no puede borrar lo que Cavalli hizo.
El propio Gaspar irá creciendo alrededor de esa idea. Hacia el final del tomo alcanza reconocimiento y gloria, pero comprende que los títulos sirven de poco mientras la misión que inició siendo prácticamente un muchacho siga pendiente. La causa y el honor terminan pesando más que la recompensa.
Por eso Reliquia también puede leerse como una novela de aprendizaje: la historia de alguien obligado a decidir qué clase de hombre quiere ser cuando hacer lo correcto y hacer lo justo dejan de significar lo mismo.
4. Porque tiene alma de partida de rol y ritmo de aventura
No hace falta haber tocado un dado de veinte caras para entrar en Reliquia. Pero quien conozca el rol probablemente reconocerá pronto su estructura emocional.
Los problemas generan problemas nuevos. Los personajes improvisan. Un plan puede venirse abajo. Una decisión aparentemente secundaria puede regresar cientos de páginas después. Y cada miembro del grupo posee capacidades y una personalidad que pueden cambiar la manera de afrontar una situación.
Ya desde el comienzo queda claro. Gaspar termina encerrado junto a tres desconocidos que difícilmente podrían ser más diferentes: William, un inglés refinado que parece esconder mucho más de lo que cuenta; Einar, un antiguo pirata norteño que contempla la posibilidad de morir con inquietante naturalidad; y Alonso, un ladrón de guante blanco que utiliza incluso el humor para enfrentarse al miedo.
Y la novela tarda poco en ponerlos a trabajar juntos.
En esa primera gran secuencia hay condenas a muerte, llaves robadas, un misterioso preso que fabrica una herramienta con un tenedor, una fuga, combates, una campana de alarma y una huida desesperada de una prisión levantada frente al mar.
Esa energía procede directamente del origen de la historia. Espinosa no escribió primero la aventura para después imaginar cómo reaccionarían sus protagonistas: la aventura fue vivida antes de ser novelada.
Incluso algunos diálogos proceden, según explica en la entrevista, de grabaciones que realizó durante las sesiones. La novela se convierte así en una especie de fósil literario de una campaña de rol.
5. Porque Reliquia es, en el fondo, una carta de amor a la imaginación
Este último motivo quizá sea el que mejor explica todos los anteriores.
Miguel Ángel Espinosa cuenta que lleva creando historias desde la adolescencia. No necesita definirse como escritor para reconocer aquello que verdaderamente le apasiona: imaginar mundos y conseguir que otras personas entren en ellos.
Por eso resulta especialmente significativo que Reliquia comience rompiendo la barrera entre ficción y realidad. Espinosa asegura al lector que aquello sucedió de verdad porque ocurrió en la mente de quienes lo jugaron, compartieron emociones y tomaron decisiones que sintieron capaces de cambiar el rumbo de su mundo.
La frase deja de ser simplemente una ocurrencia cuando se conoce la historia que hay detrás del libro.
Reliquia existe porque un grupo de amigos pasó años reuniéndose para imaginar juntos.
Y cuando Espinosa comprendió que la edad, los hijos y la vida podían empezar a hacer más difíciles aquellas reuniones, decidió conservar una de sus aventuras. Lo que iba a desaparecer al levantarse de la mesa terminó convertido en cientos de páginas.
Quizá por eso, cuando se le pregunta qué quiere provocar en quien termine su novela, su respuesta no es que recuerde a Gaspar, que admire el universo que ha construido o siquiera que espere con impaciencia la continuación.
Dice una sola palabra: «Inspiración».
Porque películas, cómics, novelas y partidas de rol hicieron que él quisiera inventar sus propios mundos. Ahora aspira a completar el círculo y conseguir que Reliquia provoque en otra persona esas mismas ganas de crear.
Y esa puede ser la mejor razón para leer a Miguel Ángel Espinosa: detrás de piratas, espadas, dioses, conspiraciones, reliquias y aventuras hay algo mucho más sencillo. Un hombre intentando hacer eterna una historia que un día imaginó con sus amigos alrededor de una mesa.
