Víctor R. Rodríguez: «Educar, escuchar y proporcionar herramientas de pensamiento crítico también forma parte de la seguridad»
1. ¿Por qué decidió escribir Del Califato al Algoritmo?
El libro nace de unir dos ámbitos que han marcado buena parte de mi trayectoria: el estudio del terrorismo yihadista y el trabajo directo con menores, familias y centros educativos. Durante años fui observando cómo la radicalización evolucionaba al mismo tiempo que lo hacía nuestra forma de comunicarnos. Quise explicar ese cambio desde una perspectiva rigurosa, pero accesible, y plantear una pregunta fundamental: ¿qué ocurre cuando la captación ya no necesita buscar al individuo porque la tecnología puede contribuir a que determinados contenidos terminen encontrándolo?
2. ¿Qué significa exactamente pasar del “califato” al “algoritmo”?
Es una forma de representar la evolución del propio fenómeno. El califato simboliza el territorio, la estructura física y el control geográfico; el algoritmo representa un escenario en el que la influencia puede ejercerse sin fronteras y desde una pantalla. El yihadismo perdió gran parte de su territorio, pero no desapareció: se adaptó. En cierta medida, pasó de intentar conquistar territorio físico a competir también por algo mucho más difícil de proteger: la atención y la mente de las personas.
3. ¿Por qué presta tanta atención a los menores?
Porque son una población especialmente expuesta a un entorno digital que forma parte de su vida desde edades muy tempranas. Después de años trabajando con menores he comprobado que dominan extraordinariamente bien la tecnología desde el punto de vista instrumental, pero eso no significa necesariamente que comprendan sus mecanismos de influencia. Además, la adolescencia es una etapa de construcción de identidad, búsqueda de pertenencia y necesidad de reconocimiento, elementos que determinados discursos extremistas pueden intentar explotar.
4. ¿Puede un algoritmo contribuir indirectamente a un proceso de radicalización?
Sí, aunque es importante matizarlo: un algoritmo no radicaliza por sí solo ni tiene una intención ideológica. Su función suele ser mantener nuestra atención ofreciéndonos contenidos relacionados con aquello que previamente hemos mostrado interés. El problema aparece cuando esa lógica genera una exposición cada vez más repetitiva y homogénea a determinados discursos. El algoritmo puede no crear la radicalización, pero en determinadas circunstancias sí puede contribuir a construir el entorno informativo en el que esta se desarrolla.

5. ¿Son las redes sociales responsables?
No creo que podamos atribuirles una responsabilidad única ni directa. Las redes sociales son herramientas extraordinarias para comunicarnos, aprender y compartir conocimiento, pero también pueden ser utilizadas para manipular, captar o difundir discursos extremistas. El problema surge de la combinación entre determinadas vulnerabilidades personales, contenidos diseñados para influir y sistemas tecnológicos que premian aquello que genera atención e interacción. Por eso prefiero hablar de un ecosistema de riesgo antes que buscar un único culpable.
6. ¿Qué señales pueden advertir a una familia?
No existe una señal única que permita identificar un proceso de radicalización, y sería un error interpretar cualquier cambio adolescente como una amenaza. Lo importante suele ser observar cambios significativos y persistentes: aislamiento repentino, ruptura con amistades anteriores, intolerancia creciente hacia quienes piensan diferente, discursos extremadamente polarizados, justificación de la violencia o consumo obsesivo de determinados contenidos. Más que vigilar cada movimiento del menor, considero fundamental mantener abiertos los canales de comunicación y generar suficiente confianza para que pueda hablar de aquello que está viendo y pensando.
7. ¿Estamos preparados para la radicalización que puede venir asociada a la inteligencia artificial?
Creo que estamos empezando a comprender el desafío, pero todavía queda mucho camino. La inteligencia artificial puede permitir crear propaganda masiva, realista, multilingüe y extraordinariamente personalizada a un coste muy reducido. Incluso puede facilitar interacciones capaces de adaptarse progresivamente a cada usuario. El riesgo no está únicamente en generar más propaganda, sino en que esa propaganda pueda conocer cada vez mejor a la persona a la que pretende influir. Ahí probablemente se encuentre una de las próximas fronteras de la prevención.
8. Después de más de treinta años de experiencia profesional, ¿ha cambiado su percepción sobre la prevención?
Muchísimo. Con los años he llegado a conceder cada vez más importancia a lo que ocurre antes de que aparezca el delito. La respuesta policial y judicial es imprescindible cuando la amenaza ya existe, pero la prevención permite intervenir mucho antes. Mi experiencia, especialmente trabajando con menores y familias, me ha convencido de que educar, escuchar y proporcionar herramientas de pensamiento crítico también forma parte de la seguridad. La mejor intervención, en ocasiones, es precisamente aquella que consigue que nunca sea necesaria una intervención policial.
9. ¿Existe el riesgo de estigmatizar a la comunidad musulmana cuando hablamos de radicalización yihadista?
Sí, y debemos evitarlo con absoluta claridad. Hablar de yihadismo no significa hablar del islam ni de los musulmanes en general. Estamos analizando una interpretación extremista y violenta que representa a una minoría ínfima y que, además, ha causado un enorme sufrimiento en sociedades mayoritariamente musulmanas. La precisión conceptual no es solamente una cuestión ética: también es una cuestión de eficacia. Estigmatizar comunidades genera fracturas sociales que los propios extremistas pueden utilizar posteriormente en sus narrativas.
10. ¿Hasta dónde podemos aumentar la vigilancia en Internet sin poner en riesgo derechos fundamentales?
Ese es uno de los grandes equilibrios de las sociedades democráticas. La seguridad es necesaria, pero no puede convertirse en una justificación para una vigilancia indiscriminada. Cualquier medida debe respetar principios como legalidad, necesidad, proporcionalidad y control judicial. Precisamente una de las diferencias fundamentales entre una democracia y quienes pretenden destruirla es que nosotros combatimos las amenazas respetando derechos y garantías. Proteger a la sociedad no debería significar renunciar a aquello que precisamente queremos proteger.

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