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«PLUMAS DE COCODRILO» | Por Anate Rivera

«PLUMAS DE COCODRILO» | Por Anate Rivera

El terapeuta elogió su trabajo personal de varios meses, una evolución interna bien ejecutada, con el objetivo puesto en dar lo mejor de sí, sin olvidar el disfrute del camino, la verdadera meta. Llamó la atención del joven paciente una reflexión que le hiciera, considerada clave para el logro del bienestar individual: “La naturalidad es la más difícil de las poses”. En efecto, nos vamos alejando de nuestro natural en un intento desesperado y frágil de cautivar al otro, de responder con nuestro proceder a sus expectativas, de sentirnos reconocidos, aceptados, valorados o estimados. En esa lucha molesta contra lo realmente somos, tratamos de forzar un acoplamiento o encaje en el molde impropio, a costa siempre de nuestra necesidades vitales; las echamos en el olvido porque partimos de un estado carencial del espíritu, un déficit que tratamos de compensar desde fuera, de manera artificial, mostrando cualidades postizas, un implante creador de falsedad que nos enajena, al punto, tal vez, de no acertar a identificar la propia naturaleza, lo que podría desencadenar una crisis existencial a fuerza de tanto disfraz encubridor de inseguridades y falta de confianza. La principal tarea debería ser la recuperación del respeto de sí mismo, la fidelidad hacia aquello que realmente nos define, justo lo que hemos de ofrecer a los demás. El ejercicio de la naturalidad nos enfrenta a nuestra verdadera vida, la llamada a ser para el óptimo desarrollo humano. No se ha de temer la pérdida de personas causada por un comportamiento coherente y honesto. Aquel que permanezca en nuestro cotidiano, mostrándonos auténticos, será necesario en nuestro vivir, el resto mera contingencia. Conforme ganamos en seguridad nos desprendemos de la dependencia de juicios externos, haciendo de la vida personal algo genuino a partir de la naturalidad, sin imposturas incómodas mendicantes de afecto. El perro no aspira a maullar, como tampoco el olmo a dar peras ni a lucir plumas el cocodrilo. Cada cual en su naturaleza, sin temores. Si padeces un dolor de muela, no lamentes la retirada del psiquiatra, el cardiólogo o el endocrino; tu realidad del  momento se satisface con un dentista; esa es tu verdad, naturalmente.


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