El rapto de Perséfone y el cambio climático | Por Lourdes Justo Adán
Cuando la tierra llora por su hija perdida.
Según la mitología griega, cierto día, Perséfone recogía flores en el campo. Entonces, impresionado por su belleza y su encanto, el dios del inframundo llamado Hades, emergió de las profundidades de la tierra a través de una grieta. La raptó y se la llevó a su reino.
Su desconsolada madre, Deméter, la buscó incansablemente. Durante ese tiempo, la tierra se volvió estéril, ya que, en su dolor, descuidó sus deberes como diosa de la agricultura y la fertilidad.
Zeus intervino permitiendo que Perséfone regresara a la Tierra con su madre. Sin embargo, antes de regresar, se comió unas semillas de granada. Según la maldición vigente, quien consumiese alimento en el inframundo no podríaabandonarlo del todo. Así las cosas, Perséfone fue obligada a permanecer en el reino de Hades durante una parte del año y el resto con su madre en la Tierra. Durante su ausencia, Deméter se entristece y la tierra se vuelve infértil (otoño e invierno), pero cuando regresa, la naturaleza renace (primavera y verano).
De esta manera se explicaba el ciclo de las estaciones. ¿No te parece creativa? Es, sin duda, una poderosa alegoría de la alternancia de las estaciones, causada por ese ir y venir de Perséfone entre ambos mundos.
Por desgracia, os aseguro que la realidad es mucho más desalentadora. La acción del hombre ha alterado profundamente estos ciclos provocando el efecto invernadero, es decir, atrapando el calor solar y elevando la temperaturade nuestro planeta. Este fenómeno está generando repercusiones devastadoras, algo que no a todo el mundo le preocupa. El aumento del nivel del mar, los eventos climáticos extremos, la pérdida de biodiversidad y la alteración de los ecosistemas son las lágrimas de Deméter.
El reino de Hades -simbolizado por la industrialización descontrolada, la contaminación, la agricultura intensiva, el exceso de gases producidos, el desmesurado uso de químicos, el boom inmobiliario, la contaminación acústica, etc.- ha roto el equilibrio y ahora nos enfrentamos a las consecuencias. La respuesta de Deméter son las enfermedades, sequías, deshielos, incendios, plagas, extinción de especies, migraciones masivas y el colapso de los ecosistemas.
Al igual que Perséfone provocó el lamento de su madre y este, a su vez, la desolación, yo, que tanto disfruto de los paisajes, me enfrento a un duelo ecológico al comprobar cómo, poco a poco, los van convirtiendo en asfaltodonde los pájaros ya no cantan. Retumba un silencio que clama por devolver urgentemente a la tierra su voz, la voz de la armonía perdida en nombre del progreso. Y no lo digo como mera observadora de la naturaleza: yo la siento, la respiro, soy parte de ella. Su dolor es mi dolor. Cada árbol talado deja una herida en el suelo y otro en mí. Por eso, me angustia profundamente cuando escucho hablar de incendios y hectáreas calcinadas: me atormenta la cantidad de animalitos inocentes que perecen entre las llamas. Siento la misma afliccióncuando ocurre cualquier desastre que arrasa vidas. Eso me produce mucha frustración y una sensación desgarradora.
Me pregunto ¿podría Deméter volver para quedarse?
El cambio climático es una crisis que demanda una gran implicación. No bastanlas soluciones a medias, a modo de parches. No. Es necesario un compromiso colectivo e integral que restablezca el equilibrio entre el hombre y el planeta. Debemos exigir a los gobernantes que asuman urgentemente su responsabilidad, ya que nos hallamos en una lucha contrarreloj donde cada minuto es crucial para algún ser vivo, porque el planeta se muere. Pero, política aparte, el gran paso comienza en nuestra forma de interactuar con el escenario natural en el que nos desenvolvemos, el cual, en lo particular, tiene el poder de recordarme que estoy apasionadamente viva. Creo que aún podemos recuperar esa buena sintonía. Escuchar pájaros al amanecer, oler la tierra mojada, sentir el murmullo del río y ver las ramas de los árboles agitadas por el viento son un aliciente incuestionable. Considero que el objetivo no es solo salvar el planeta; sería una forma de expresarle gratitud y, al mismo tiempo, respetar a las generaciones que lo van a heredar. Es un acto de amor hacia la Tierra que nos ha dado tanto y nos sigue dando con inmensa generosidad.Siempre nos ofrece más de lo que pedimos, y, posiblemente, más de lo que nos merecemos.
Y tú ¿eres capaz de percibir cómo late la vida en cada rincón? ¿No sientes que la magia te envuelve? A mí me conmueve el colorido del arcoíris, cada trébol de cuatro hojas, la danza de los estorninos, el nadar sincronizado de un banco de peces, el ciclo de las mareas, los atardeceres naranjas en la ría, las huellas en el barro, las gotitas sobre una telaraña, las texturas de los árboles, las pequeñas ondulaciones en la superficie del agua… No sé si veo esas cosascon mirada de niña o de poeta, pero deseo que, quienes vengan después de mí, también puedan disfrutar de estos pequeños tesoros.
Hoy aprovecharé para recorrer mi hábitat, como de costumbre. Lo haré llena de asombro y agradecimiento porque sé que un día me iré lejos para seguir mi camino. Lo que no me hayan dicho permanecerá oculto en el silencio. Y cuando me transforme y ya nadie me pueda ver con los ojos, sobrevolaré los lugares en los que fui feliz y encontré paz, para fundirme con ellos.
Tan solo me refugiaré en algún recuerdo fugaz, en una luz lejana, en el rumorde las ramas o en la serenidad de la noche. Y cuando mi nombre se disuelva en el tiempo, no quedará de mí más que la quietud en el aire.
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© 2025. Lourdes Justo Adán. Todos los derechos reservados.
Especialista en Educación Infantil, en Educación Primaria y en Pedagogía Terapéutica.
Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación.
Orientadora Escolar.
Docente.
Escritora.
Columnista.
Coach de víctimas de maltrato psicológico.
Bloguera: https://lourdesjustoadan.blogspot.com/