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Obstáculos | Por Belinda A. Placek

Obstáculos | Por Belinda A. Placek

La vida es una carrera de obstáculos en la que has de ir asumiendo decisiones, a veces demasiado rápidas que pueden favorecerte o hundirte sin saberlo en el futuro.

Con 18 años, iniciado el COU dejé los estudios creyendo que mi obligación era ayudar en casa ante la separación de mis padres. Error que más tarde me pasaría factura por haber destruido mis sueños de tener una carrera siendo una estupenda estudiante.

A los 24 dejé mi trabajo creyendo que era mi obligación criar a mis hijos.

La estúpida educación social nos hacía creer que la responsabilidad era exclusiva de las mujeres, de las hijas, de las madres. A pesar de ello mi afán de conocimiento subyacía en mis querencias y en principio decidí seguir formándome. Saqué mi título de mecanografía e inicié Contabilidad, esto último se quedó a medias con el nacimiento de mi segundo hijo.

Pero mi tenacidad me llevó al extremo de conseguir un Grado Medio Administrativo al mismo tiempo que llevaba mi casa, mis hijos y trabajaba dos horas al día haciendo limpieza en un pub. Acabe agotada mentalmente, perdía la memoria, estaba continuamente en tensión, perdía peso y el cabello. Tuve que dejarlo.

Empecé a sentir que mi vida era como la rueda que ponen a los ratones en las jaulas. Tímidamente comencé a buscar empleo.

Cual sería mi sorpresa cuando me llamaron para trabajar de nuevo en el bingo. ¿Cómo iba yo después de 20 años a volver a ser la joven que hacía dobles rangos sobre tacones de 15 centímetros?

Pues sí. Me querían en la empresa porque era eficiente y eficaz, porque tuve la suerte de trabajar con unos compañeros que me enseñaron a conciencia, que eran una piña y teníamos la ilusión que generan los logros conseguidos con esfuerzo, la satisfacción del deber cumplido. Me dijeron: «los jóvenes de hoy no saben trabajar, ni quieren».

A mis 45 volví al curro. Eso me hizo sentirme útil e independiente. No hay nada más liberador que no depender de nadie para vivir.

Lamentablemente la suerte duró poco y a los 49 hubo una subrogación de empresa que nos llevó a juicios. Los gané pero de nuevo estaba en el paro.

A partir de entonces, tutores del INAEM, cursos de formación estúpidos que no me servían para nada al ser muy básicos.

Por un amigo decidí embarcarme en política. Aprendí mucho de lo que no quiero ser. La política es un vertedero donde encuentras pocas perlas. Trabajé mucho voluntariamente, durante 5 años. Creí siempre que no estaba suficientemente preparada para asumir cargos importantes hasta que empecé a ver que pocos sabían mucho más que yo.

Aun así, decidí prepararme en Gestión de RRHH. Estaba convencida de que un papelito me abriría nuevas oportunidades. Pero la vida no perdona.

Aunque a estas alturas de mi vida tuviera una carrera, un máster y 50 títulos no puedo hacer volver el tiempo. He asumido mis errores, saltado los obstáculos, demostrado que nada se me pone por delante.

Ahora, a pesar de no haber conseguido un empleo soy libre porque he aprendido a vivir con mucho y con poco, a hacer las cosas por y para mi misma. No me veo con la carga de la gratitud a nadie ya que nadie me echó jamás una mano, ni siquiera aquellos que me adulaban mientras les fui útil.

Es una satisfacción llegar a la meta sin necesidad de pisar a nadie, sin besarle el culo a nadie.

No hay obstáculos frente a una recia voluntad y la pasión por crecer profesional e intelectualmente.


Belinda Alexandra Placek Paularena

Escritora y editora

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