Somos la generación mejor preparada para una sociedad que no lo está

Somos la generación mejor preparada para una sociedad que no lo está

A finales de junio, me fui de comida de trabajo con mis compañeros/as. Era mi primer año allí y apenas nos conocíamos. Me hicieron dos preguntas que me hicieron sentir incómoda, no por mis respuestas, sino porque sabía cuáles iban a ser sus reacciones.

 —¿Cuántos años tienes?  —Fue su primera pregunta.

 — Treinta —respondí siendo consciente de cuál iba a ser la siguiente pregunta.

—¿Y vives sola o con tus padres? —La pregunta que me esperaba.

—Con mis padres —contesté muerta de vergüenza.

—¿¿Con tus padres?? ¡Madre mía! Pues ya vas teniendo edad para independizarte, ¿no crees? Que ya no eres una niña…

Y por si no fuera suficiente, unas carcajadas para acrecentar mi incomodidad y mi vergüenza.

¿Cómo me sentí? Mal… Avergonzada y desilusionada. ¿Cómo me voy a independizar si no consigo una estabilidad laboral? ¿Cómo me voy a ir fuera de casa de mis padres si trabajo unos meses y vuelvo a estar en paro? ¿Para tener que estar pidiéndoles dinero?

La precariedad laboral es una realidad que azota a la mayoría de los menores de cuarenta años. Sí, cuarenta. Pensaba decir treinta, pero he echado una vista a mi alrededor y hay mucha gente de mi edad o incluso mayor, que va de trabajo en trabajo, sin ninguna estabilidad ni económica, ni laboral. Es una realidad que impide que nos podamos independizar. Y ya no hablo de comprarnos una casa (eso es algo que de momento, está fuera del alcance de la mayoría), hablo de poder pagarnos un alquiler sin tener que vender un riñón para poder seguir viviendo.  Nos pasamos la vida con contratos temporales, en algunos casos mal pagados, con condiciones inhumanas y encima, nos critican por no irnos de casa.

Sé que es difícil de entender para aquellas generaciones que tuvieron más facilidades para encontrar trabajo. Esas generaciones que con su preparación, tanto académica como práctica, podían encontrar trabajo nada más terminar sus estudios porque la competencia era menor. O incluso lo encontraban sin necesidad de una formación académica. Y la verdad, les envidio. Les envidio porque han podido elegir cuándo independizarse y cuándo empezar a vivir su propia vida. Solo digo, que podían ponerse en nuestra piel. La piel de una generación que lucha día a día con la “titulitis” y la “gran experiencia laboral” que exigen las empresas.

—Dices que tienes dos carreras, un máster, dos idiomas, un doctorado… pero, tienes treinta años y muy poca experiencia. No eres lo que buscamos —responden una y otra vez.

Vamos a ver… Si llevo toda la vida estudiando es porque nunca es suficiente para vosotros y por eso, no me contratáis. Así que… ¿cómo voy a tener experiencia si nadie me da la oportunidad?

Sí, tengo treinta años y vivo con mis padres.

 Pero, también me muero de ganas de encontrar una estabilidad económica y laboral, donde se valore mi trabajo y no mi edad; donde se valoren mis habilidades y conocimientos y no mis títulos.

Somos la generación mejor preparada para una sociedad que no lo está. Una sociedad que exige la excelencia y la juventud. Pero…para ser excelente, se necesita tiempo para prepararse y aprender. Y el reloj, no se detiene para nadie.

Ojalá, la situación cambie y volvamos a tener las misma oportunidades que tenían nuestros padres o abuelos.


Elvira Murillo es una escritora manchega, nacida en 1991 en Consuegra (Toledo) y graduada en Magisterio. Actualmente compagina su trabajo con su pasión por las letras, y ya ha publicado su primera novela: “Sin querer, quiero”. Puedes leer más sobre ella en su Instagram: https://www.instagram.com/elviragmurillo/

Elvira G. Murillo

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