Desde que el pasado 28 de febrero de 2.026, la ofensiva militar conjunta orquestada por EE.UU. e Israel, abrió en las páginas de los libros de Historia, lo que a día de hoy se conoce como la “Guerra de Irán”, un lugar especialmente apareció en el mapa mental de los españoles, con la necesidad de ubicarlo geográficamente. Sí, nos referimos al Estrecho de Ormuz, ese angosto paso o manga de mar que permite el tránsito marítimo entre el Golfo Pérsico y todos los destinos del mundo y que hasta el estallido del conflicto bélico, poca gente sabía ubicar y poco o más bien casi nada se sabía de su importancia estratégica.
Tras varios meses de guerra, estamos más que saturados de información acerca del enorme valor que detenta tanto para los planes de guerra, para la negociación de la tregua y como codiciada pieza para poner fin al conflicto. Ello por la importancia del volumen de mercancías que por él atraviesan, claves para la economía global.
Después de sólo tres meses de guerra, ya sabemos de sobra no sólo donde está ubicado, sino que por él transitan buques con el 80 % del total del petróleo que se produce en todo el Golfo Pérsico, lo que supone el 20 % de la producción mundial, que algo similar ocurre con la producción de gas, de fosfatos y de tantos otros suministros imprescindibles para que la economía mundial, se resienta si no se encuentra solución pronto, y que ya ha llevado a sentirse en el bolsillo de los ciudadanos, hasta el punto que el Gobierno, ha debido intervenir con un paquete de medidas para hacer frente a esta crisis global, que tiene su reflejo local en nuestro país.
Hasta aquí, resumidamente, lo que todo el mundo sabe, pero ahora toca ir más allá y una vez que tenemos ubicado este paso marítimo, sabemos de la importancia de su control para la economía y el devenir de la Guerra, toca saber algo más acerca de su historia o importancia histórica, pues a muchos les sorprenderá saber que ¡Ormuz también fue español!.
Buceando en diversas fuentes históricas, encuentro que la importancia de esta plaza se remonta a los inicios de la navegación militar como herramienta de conquista, precisamente por su valor estratégico y comercial.
El Historiador romano Arriano, nos cuenta que ya Alejandro Magno envió al almirante Nearco con su flota para abrir una ruta entre el Ganges y los grandes puertos de Mesopotamia, en una acción tendente a estructurar su proyecto imperial. Tal fue la trascendencia de esta acción, que mucho tiempo después, ya el territorio bajo la influencia de Roma y de la Persia Sasánida, se seguían rutas comerciales afectas por la influencia de esta primera expedición alejandrina.
Así continuó la zona, como importante emporio comercial con el devenir de los siglos posteriores, en función de las distintas potencias que se iban alternando en la hegemonía de la misma, hasta que un hecho relevante se produce a partir de 1.301 d.c., Se trata del germen del legendario Reino de Ormuz.
Su origen me recuerda al nacimiento de Venecia, cuando una comunidad amenazada por reinos vecinos, se instala en una inhóspita zona, en este caso un peñasco insalubre, logrando hacer nacer y crecer una civilización reconocida en todo el mundo. Así fue, el peñasco que sin recursos naturales se ubica en pleno estrecho, fue donde nació el Reino de Ormuz, que con su flota dominó el tránsito por el estrecho, al estilo como se lo disputan hoy iraníes y norteamericanos, haciendo florecer el Reino con riquezas e influencias durante al menos dos siglos, se convirtió en un referente de la época del lujo, refinamiento, vicios y poder… la piedra preciosa que engasta un anillo, si un anillo fuera el mundo, se decía entonces…
En 1.507, la expansión comercial e imperialista del Reino de Portugal terminó por hacerse con el control del Reino, haciendo uso de su superioridad naval y especialmente artillera, ante una flota de Ormuz, obsoleta. Los portugueses con su política colonial, buscaban un control efectivo y comercial, más que imperialista territorial, con lo que consolidaron su poder, construyendo un bastión militar que les asegurara el control marítimo del estrecho, otra vez la misma historia que se repite, dejando que el Reino de Ormuz siguiera bajo el aparente continuismo de sus reyes.
El acontecimiento que supuso la unión de los reinos ibéricos, bajo la figura del Rey español Felipe II, hace que este territorio “de facto”, pase a formar parte de la corona española, ¡Ormuz español!. Y así es como casi durante medio siglo, se gestionó desde Madrid, este lucrativo negocio que fue el control del paso marítimo del estrecho de Ormuz, que seguía siendo foco de riqueza, lujos y vicios, llegando a ser denominada por San Francisco Javier, como “la Sodoma Oriental”.
La ciudad epicentro de tanta riqueza y opulencia, atraía el comercio de todo tipo de mercancías, incluidos los esclavos, pero al carecer de todo recurso natural propio, dependía íntegramente de que se le suministrase todo desde las islas vecinas o la costa de Persia, lo que la hacía vulnerable a un asedio y así fue como se gestó su caída. La monarquía española, más pendiente de emplear sus recursos en mantener el control de las rutas americanas de donde venía la plata, de guerrear en Flandes y de mantener a raya al Turco con, a veces, dudosas alianzas, fraguó una de ellas con el Imperio Persa Safávida, vecino y enemigo del Imperio Otomano; esta alianza como decimos de dudosa eficacia para frenar al Turco, si permitió maniobrar a los persas contra los españoles, al aliarse estos a su vez, con los Ingleses, en el común interés por arrebatar la isla a los hispano portugueses, que se vieron en inferioridad de tropas y recursos contra persas y británicos, rindiendo la isla en 1.622.
Los persas, desmontaron el comercio y la riqueza de la isla para trasladarla de nuevo al continente, la ciudad fue destruida y abandonada, cayendo en el olvido, volviendo a ser ese peñasco inhóspito que fue cuatro siglos antes, cuyo valor no iba más allá de su importancia estratégica para el control del tránsito marítimo, otra vez….
Los avatares posteriores, han vuelto a poner de relieve la importancia de este lugar, por lo que resulta sorprendente que el actual estado en que se encuentra la guerra de Irán, por el bloqueo que ambos contendientes dicen tener del Estrecho de Ormuz, no fuera algo más que previsible que ocurriera. Tal vez los americanos antes de lanzar su “Furia Épica”, deberían haber leído las crónicas de Arriano, para entender la importancia estratégico militar que tiene el control de Ormuz, pero eso ya es otra historia….
Mayo de 2.026.