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La novela basada en un caso real de violencia machista que está dejando a los lectores con un nudo en el estómago

Cris González Serrano – Cuando rugen los leones

Cuando rugen los leones está basado en una historia real. ¿En qué momento sentiste que necesitabas convertir ese caso en novela y no simplemente quedarte como espectadora de esa realidad?

Cuando vi que, en ese caso y con esa telaraña que lo envolvía, la vivencia y maltrato de la mujer que lo sufría quedaba eclipsada, y sentí que alguien tenía que darle voz, y que ese alguien tenía que ser yo.

La inspectora Clara Salazar tiene una mirada muy marcada sobre las dinámicas de poder, el machismo y la violencia invisible. ¿Cuánto hay de ti en ella?

Mucho, porque soy Agente de Igualdad de Género en Coeducación, además de terapeuta transpersonal especializada en sexualidad con perspectiva de género, y puedo decirte que todos los casos, todos, los que he tenido, estaban atravesados en mayor o menor medida por el patriarcado y sesgo de género en que vivimos.

Has trabajado durante años en turismo y también te has formado como terapeuta transpersonal y educadora afectivo-sexual. ¿Cómo influye toda esa experiencia humana en tu forma de construir personajes?

A mí el turismo me ha dado asignatura calle, porque trabajar detrás de un mostrador como recepcionista tiene mucho también de terapeuta… después, ejerciendo como tal, aún más. El conocer los entresijos de la mente y desde dónde tomamos decisiones (acertadas o no) influye mucho en mis personajes.

En la novela hay una sensación constante de tensión psicológica, incluso en escenas cotidianas. ¿Qué te interesa más: el crimen en sí o el miedo que se instala en la vida diaria?

El miedo, por supuesto. Ten en cuenta que el 98% de nuestros pensamientos de miedo jamás llegarán a materializarse y, sin embargo, condicionan toda nuestra existencia, impidiéndonos muchas veces ser felices.

La figura de Maribel transmite una mezcla de fragilidad, resistencia y agotamiento emocional muy potente. ¿Fue difícil escribir desde ese dolor?

Fue doloroso, sí. Porque además yo escribía con la foto de la auténtica “Maribel” al lado de mi ordenador, y me ponía sus audios (pueden encontrarse en internet), y sentía su desesperanza, su miedo, su decepción… y, sobre todo, su soledad. Eso es lo que más me dolía: lo sola que la dejaron los organismos, la Guardia Civil, por supuesto su marido… solo le quedaba su familia, de la que también la apartaba él.

El libro aborda la violencia de género desde un lugar muy incómodo y realista, lejos de los discursos simplificados. ¿Te daba vértigo entrar en un tema tan delicado?

No. Quería retratarla tal cual, sin azucarar ni disfrazar nada, mostrar todo el ciclo que vive una mujer, porque sigue sin conocerse y aún hay quien, sin tener ni idea, se pregunta: “¿Por qué no salió de ahí?”. Esa pregunta solo muestra desconocimiento, ya que el ciclo de un maltratador es muy elaborado y va desde lo emocional y psicológico hasta lo económico y físico.

Hay mucho contraste entre la belleza exterior de la finca, los animales exóticos y el horror que se esconde dentro. ¿Buscabas precisamente esa dualidad entre apariencia y verdad?

Sí, porque quería mostrar cómo un lugar precioso al exterior puede ser una jaula y un infierno para las personas que viven dentro. En este caso, para Maribel y para su hija era peor que una cárcel. Además, tu casa, que se supone que tiene que ser tu lugar seguro, aquí era un lugar muy peligroso que además te iba matando lentamente.

Después de publicar 23 cuentos para no dormir, centrado en relatos eróticos, sorprende el salto hacia el thriller policíaco. ¿Qué te llevó a cambiar tan radicalmente de registro?

La versión de Cris que escribió 23 cuentos para no dormir no tenía la información que tiene ahora. No había estudiado Agente de Igualdad de Género, no había trabajado con pacientes víctimas de violencia de género… no era consciente de cuánto sufrimiento invisible y oculto hay a nuestro alrededor. 23 cuentos fue mi parte lúdica; Cuando rugen los leones es mi parte más profunda.

Tus viajes y tu contacto con distintas culturas, ciudades y formas de vivir, ¿han influido en tu manera de entender la condición humana y escribir personajes complejos?

Por supuesto. Viajar te abre la mente y te da tolerancia. En otros países eres tú la extranjera y, de alguna manera, dependes de la bondad humana. Yo tengo que decir que siempre me han ayudado, siempre he tenido buenas experiencias, pero estar fuera de mi zona de confort me ha ayudado a ganar en humildad y, sobre todo, a apreciar el valor de la comunidad.

Clara Salazar parece destinada a convertirse en una saga. ¿Qué tiene este personaje que todavía no has terminado de explorar?

Uf. Clara Salazar solo ha mostrado una pequeña parte de ella en Cuando rugen los leones. Queda muchísimo más por explorar… Ten en cuenta que es un personaje que se aleja de estereotipos, por lo que siempre, siempre, va a sorprender al lector o lectora.

En la novela se percibe mucha documentación y observación social. ¿Qué parte del proceso disfrutas más: investigar, construir la trama o escribir las escenas emocionales?

Las escenas emocionales, la verdad. Me encanta describir una escena y dar los distintos puntos de vista en boca de los personajes, cómo una misma realidad la viven de manera diferente las personas, sobre todo dependiendo de si eres hombre o mujer, no por biología, sino por socialización de género.

Estás trabajando ya en una tercera novela con un nuevo caso de Clara Salazar. ¿Qué puedes adelantar sobre la evolución del personaje y el tono que tendrá esa próxima historia?

Te puedo adelantar que el caso real que investiga Clara Salazar es muy impactante y que las relaciones personales van evolucionando, consolidándose y, quizá, también rompiéndose… Quizá, solo quizá 😉

Cris González Serrano – Cuando rugen los leones

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