El dulce sabor del miedo | Por A.N. Yurkhela

El dulce sabor del miedo | Por A.N. Yurkhela

¿Por qué nos atrae tanto el miedo? ¿Qué tiene de especial sentirse aterrado?

Desde los albores de la humanidad, el miedo nos ha acompañado. Nos ha enseñado que el mundo es un lugar peligroso, que debemos tener cuidado con cada paso que demos. Puede que en lo estrictamente primitivo, el miedo sólo sirva para huir de aquello que suponga un peligro para nuestra existencia, pero a día de hoy el miedo ha adquirido un nuevo significado.

El ser humano ha buscado el miedo en los libros, en las películas, … Y se ha convertido así en una nueva herramienta de abstracción de la realidad. Pero, ¿cómo puede ser eso?

Se supone que, a través del miedo, los animales consiguen sobrevivir. El miedo nos muestra la oscuridad que guarda la vida, y cómo sortearla.

Sin embargo, hoy en día estamos tan acostumbrados a esa oscuridad que necesitamos buscar nuevos abismos en los que mirar.

La televisión y la literatura nos ha sobreexpuesto a las sombras que guarda el mundo y, en consecuencia, hemos generado tolerancia. Cada vez cuesta más asustarnos, es por eso que creamos monstruos a los que temer, seres abominables que desconocemos. Y es que, tal y como ha sido a lo largo de la historia de la humanidad, lo desconocido, lo no comprendido, aterra.

Ahora que vivimos en grandes sociedades, en inmensas ciudades lejos de la vida primitiva, no tenemos que preocuparnos de depredadores o peligros imprevisibles. En la era actual, todo está tan medido y limitado que necesitamos buscar algo que se salga de la regla para sentirnos menos encarcelados. Y el miedo resulta ser una buena salida de la rutina. El miedo nos recuerda la fragilidad de nuestra mente, a través de él revivimos esos momentos de tensión en los que la supervivencia es la única meta.

Con esto, se genera un subidón de adrenalina que nos hace sentir vivos por un instante. Una vez más, el miedo nos hace vivir.

Nos hemos vuelto adictos al miedo. ¿Puede ser eso malo?

Si nos sentimos mejor con ello, ¿por qué debería serlo?

Hay una oscura realidad tras esa plenitud que nos aporta el terror y es que, tras mucho profundizar en él, cada vez nos cuesta más asustarnos. Así, nos vemos obligados a buscar nuevos horrores, como dependientes buscando una droga más potente.

Así, hemos olvidado los verdaderos horrores que nos esperan tras las páginas de un libro, tras las pantallas. A través de monstruos inventados, obviamos nuestras propias abominaciones.

Sin quererlo, nos vemos empujados a refugiarnos en historias inventadas porque es mejor afrontar criaturas que sólo existen en la imaginación que hacer frente a nuestros fantasmas personales.

A través del miedo, escapamos de la realidad, del horror que trae la existencia. Pero no debemos olvidarnos de que, por muy vivos que nos haga sentir estar aterrados, existen horrores más allá de la imaginación a los que debemos enfrentarnos.

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