Muchos de los grandes genios de la historia no fueron comprendidos en su tiempo. Sus ideas, demasiado avanzadas o incómodas, chocaban con una sociedad que prefiere lo inmediato antes que lo verdaderamente valioso. Solo con la distancia llega el reconocimiento, cuando ya no están para verlo.
Es una paradoja injusta: quienes cambian el mundo rara vez son celebrados mientras viven. Pero su legado permanece, recordándonos que la grandeza no depende de la fama, sino del impacto.