Paul Seaquist: Escribo para que se me perdone lo que soy…

Paul Seaquist: Escribo para que se me perdone lo que soy…

El escritor Paul Seaquist llega justo a la hora pactada al bar donde nos citamos. Viste jeans rasgados, zapatillas Vans, y un camiseta blanca y gastada, todo acentuado por una chaqueta de cuero negro. Se ve más joven de lo que es. Parece casi un treintañero de vacaciones por España. Aunque la verdad es que no es ni treintañero ni está de vacaciones.

Toma asiento, pide una cerveza sin alcohol -hace años que no bebo, dice como excusándose- y nos ponemos a conversar. Habla pausado y meditando cada una de sus palabras. Como masticándolas. Mira fijo a los ojos. Gesticula con las manos. Es intenso y ¡extremadamente atractivo!

¿Cómo llegaste a escribir?

Cuando era pequeño, seguramente para ser aceptado por mis compañeros de colegio, inventaba las historias más descabelladas que se me podían ocurrir. Por lo general tenían que ver con cosas que había hecho o que estaba por hacer. Eran siempre inventadas. Cuando uno es chico, la verdad es que una vida muy apasionante no se tiene, por lo que las inventaba y las contaba con tal esmero y convicción que se las creían completamente. Nunca fueron mentiras con el propósito de engañar a nadie, sino más bien con el propósito de entretener. Con el tiempo las bauticé como mentiras lúdicas.

Luego, como un adolescente, recuerdo que pasaba horas, por lo general antes de dormirme, inventando historias en mi cabeza, eran historias que tenían que ver con la pérdida de mis padres, de mis hermanos, con ambiciones futuras, con quiebres dramáticos con mis noviecitas, con obtención de premios y riquezas inimaginables, etc. A veces las historias eran tan intensas que me hacían llorar Siempre producían algo en mi, nunca me pasaban desapercibidas emocionalmente.

Mi hermano, durante ese periodo, comenzó a instigarme a leer, cosa que yo no hacía. No tenía el hábito. Y, al comenzar a hacerlo, me di cuenta que mis mentira lúdicas, mis historias inventadas antes de quedarme dormido cada noche, eran justamente lo que leía en esos libros. Me di cuenta que esos escritores con seguridad debían tener la misma imaginación desbordad que yo, solo que ellos la plasmaban en papel.

Decidí intentar hacerlo. Hasta el día de hoy lo sigo intentando.

¿Qué libros leías en esa época?

Como te digo, yo comencé a leer tarde en la vida.  A los dieciocho o diecinueve. Comencé a leer libros que me recomendaba mi hermano. Él estudiaba literatura en ese entonces, y era un buen lector. Lo sigue siendo. Comencé a leer a Richard Bach, por ejemplo. Luego a Rilke con sus “Cartas a un joven poeta”, algo de Khalil Gibrán. Un poco del Neruda de “Crepusculario” o de los “Veinte Poemas…”. Todos libros muy iniciáticos y adolescentes. Hasta que llegué por casualidad al “Lobo Estepario” de Hesse y algo cambió en mi. Ese libro gatilló algo en mi que me hizo cambiar. De ahí las lecturas ya comenzaron a ponerse cada vez más serias y a transformarse en vitales. Nietzche, Blake, Rimbaud, Henry Miller. En esa época leía para encontrar a compañeros de ruta, para entender el mundo. Para salvarme la vida, literalmente.

¿Cuándo llegaste a leer literatura como una forma de goce?

Definitivamente cuando encontré a Charles Bukowski. En él encontré no solo a un compañero de ruta, sino a un maestro, un hermano y a un compañero de vida. Hasta el día de hoy lo sigue siendo. Es de la mano de Bukowski que llegué a Hemingway, Faulkner, Dos Passos, Fitzgerald, Fante. Luego a Celine, Proust, Dostoievski.

Con la lectura de ellos ya me di cuenta que la vida estaba salvada y que había que hacer algo con ella. Que la literatura no era solo  Live fast and, die young sino, trabajo, esfuerzo, procesos intelectuales y creativos sostenidos por una técnica que había que adquirir y mantener, sí o sí.

Abandoné la actitud de poeta suicida francés del siglo XIX. Y me puse a trabajar.

¿Por esa época publicaste tu primer libro, Silencios?

Así es. Aunque en Silencios aún hay bastante del estilo de vida romántico. Borracheras interminables, peleas en bares perdidos y oscuros en los que no dejaba jamás de llover. No solo me creía Rimbaud, sino que Rimbaud, Lautreamont y Baudelaire al mismo tiempo. -Ríe a carcajadas- Hoy bebo cerveza sin alcohol.

Por algo será…

Todo siempre es por algo.

Suena divertido…

Por un tiempo lo fue. Luego todo comienza a cansar. Creo que uno madura. Tomé conciencia de que lo espontáneo, lo improvisado ya no funcionaba en mi escritura. Tenía que haber un método. Comencé a darme cuenta que para escribir bien (o lo mejor que uno pueda, que dista mucho a hacerlo bien) tiene que haber una disciplina, lecturas previas, luego más lecturas. Luego trabajo y luego más trabajo.

Durante esa época pensaba que cualquier cosa que saliera de mi pluma estaba bien y no necesitaba correcciones ni segundas lecturas. Hoy me doy cuenta que lo primero que sale de la pluma lo que más necesita, y con urgencia, son correcciones y segundas y terceras lecturas. El arte de la buena escritura radica en las correcciones y en las ediciones constantes, y todo lo que no se sostiene solo, ¡al tacho de la basura!

¿Qué literatura es la que consideras más importante en tu desarrollo?

Es difícil esa pregunta. ¡Toda!

Cada 50 años hay un renacer literario en alguna parte; si nos vamos al siglo XIX hasta ahora se puede distinguir con mucha facilidad: la primera mitad del siglo, desde la Revolución Francesa hasta Zola fue la literatura francesa. No es necesario mencionar a Víctor Hugo, Flaubert, Balzac, incluso Renan. La segunda, fue de los Rusos: Dostoievski, Tolstoi, Chejov. Después viene la primera parte del siglo XX con los grandes autores norteamericanos que se forjaron en el Paris de entreguerras: Faulkner, Hemingway, Ezra Pound, T.S Eliot,  Fitzgerald. Luego, puede ser que parte de la segunda mitad haya pertenecido a los latinoamericanos como Borges, Rulfo; luego, con el “Boom” definitivamente García Márquez, Vargas Llosa, José Donoso y Cortázar.

Vuelo de rapiña, de Paul Seaquist.

Y ¿el siglo XXI?

Ah, eso no lo sabemos aún. Es muy temprano para dictaminar. Pero creo que hoy en día hay una amalgama de escritores heterogéneos y heterodoxos. Creo que a pesar de los nacionalismos que se quieren imponer, con mejor o peor suerte, a nivel mundial, ya todos pertenecemos a todas partes. Por ejemplo, Vila-Matas. Vila-Matas no es solo español, lo mismo pasa con Roberto Bolaño, Bolaño no es chileno, tiene esa influencia mexicana, española, un poco de chilena también, sin duda. Bret Easton Ellis, no es Norteamericano solamente, es inglés, francés, ¡de todo un poco! Creo que el siglo XXI va a pertenecer a todos, a no ser que las grandes editoriales decidan otra cosa y se vean vencidas por modas y planteamientos sociales. Eso puede llegar a ser preocupante.

¿A qué te refieres?

Bueno, a los seguimientos ciegos a todos los “ismos”. ¡Siempre los “ismos” son peligrosos! Lo han sido a lo largo de la historia. Pero, como por regla general son fáciles de seguir, no requieren mucha reflexión, van aniquilando identidades y proliferando de ellas. La falta de identidad, lo políticamente correcto en extremo, los tribalismos, esta extraña neo-inquisición que quiere acapararse de todo es fatal para el arte. Cualitativamente puede causar una mella muy grande en toda expresión humana. ¡Hay que tener cuidado!

¿Hay autores que no te gusten?

Hay autores que leo con menos entusiasmo. Por lo general los autores demasiado barrocos me aburren. Encuentro una arrogancia, incluso una prepotencia en la floritura. La prosa poética tiene un espacio bien ganado en la literatura, es más, creo que uno como creador debiera intentar acercarse lo más posible a la poesía con su prosa, pero con gusto. Como Rubén Darío. Incluso la poesía debiera intentar alejarse de los barroquismos. El barroquismo lo asocio con una postura pedagógica de profesor normalista. Nunca me ha gustado que me enseñen, me encanta aprender, pero no que me enseñen.

¿Qué relación tienes con tus contemporáneos?

La verdad es que no conozco a ninguno. A no ser que estés en el circuito de conferencias y ferias del libro, el oficio es muy solitario. Mis únicas relaciones con escritores fueron en Chile. Me relacioné con algunos. Por algún motivo me hice muy amigo de escritor Poli Délano. Llegué a él a través de su esposa, Luisa, a quien conocí en un taller literario en Santiago. Un día, se me acercó y me dijo que Poli me quería conocer. Ella le había hablado de mi. Poli me invitó una mañana de sábado a las 10am a una reunión. A las 10:30am ya estábamos tomando whisky-sours en su jardín y hablando de literatura. Poli también era una gran Bukowskiano. Desde ese día se creo una amistad que duró hasta su muerte. Poli fue muy generoso conmigo en un momento en el que nadie lo era. Y aunque al final nos veíamos poco, se le extraña.

Acabas de lanzar “Vuelo de rapiña”. Cuéntame un poco sobre el libro.

Estos cuentos fueron escritos en tres países diferentes, en dos continentes distintos a lo largo de un poco más de tres años, si consideramos la primera palabra del primer cuento escrito, hasta el punto final del último.

Los aretes que le faltan a la luna fue el primogénito; escrito en mi departamento del Vedado en La Habana, en un tiempo en el que pensé que jamás volvería a escribir. Cristales rotos fue el último, escrito hace escasas semanas en mi casa de Extremadura, España, en un tiempo en el que no podía dejar de escribir. La gran mayoría de los otros cuentos fueron escritos entremedio, durante un largo y blanco invierno en Berlín, Alemania, al amparo de la biblioteca del Instituto Cervantes, en Hackeschermarkt, a pocos pasos de mi hogar.

Vuelo de rapiña
Portada de Vuelo de rapiña, de Paul Seaquist.

¿De qué trata?

Este volumen reúne dieciséis cuentos que dentro de su cotidianeidad proponen situaciones y personajes tocados por la violencia y el desconcierto. Las vidas de cada uno de sus personajes cambia por motivos directos o tangenciales para siempre.

Un seductor de viudas revisa los necrológicos cada mañana al despertar. Una mujer es asesinada en un bar de La Habana. Un hombre contempla el suicidio después de perder a su hijo no nacido por una negligencia médica. Los hermanos Kennedy se van de copas. Un realizador de películas snuff se enfrenta de golpe con su pasado.

Vuelo de rapiña devela el lado oscuro de los seres humanos. Asesinos. Violadores. Asesinados. Violados. Engañadores y engañados.

Háblanos de la portada del libro, que es una maravilla.

¡Buena observación! La portada la hizo un amigo, la estrella del rock Beto Cuevas. Beto, ha sido un buen amigo y compañero de batallas desde años. Beto es un artista completo, líder de una de las bandas más importantes de América Latina de los último 25 años, además de actor, y artista plástico. Cuando se estaba eligiendo la portada del libro en la editorial, pensé inmediatamente en él y accedió muy generosamente a ser parte de este proyecto. La pintura de la portada se llama “Silencio Ensordecedor”. Estoy muy agradecido de la participación de Beto en mi libro. ¡Un proyecto más juntos!

Una pregunta un poco cliché, pero tengo que hacértela… ¿por qué escribes?

Escribo para que se me perdone lo que soy. Esa es una respuesta que me gustaría haberte dado. Pero, no es mía, es de Carlos Busqued, el escritor argentino que acaba de fallecer hace unos meses. Está cargada de poesía y de dolor, un dolor y una poesía que no me pertenecen. Lo mío es más simple. ¡Escribo porque me gusta escribir!

Desde hace tiempo que no hago nada que no me guste. La vida es demasiado corta para eso. Ese sufrimiento creativo que dicen tener algunos artistas lo encuentro un poco pedante. Que yo sepa, al menos en el mundo libre, a nadie le ponen una pistola en la cabeza para crear. Se supone que es un acto voluntario y que debiera hacerse en plena libertad y con placer. Sino ¿para qué? Uno a veces se molesta si no escribe bien un día, claro, o si no le salen las cosas; pero, esa imagen de escritor torturado como Kafka no me la creo mucho. La encuentro infantil. Es como la estrella del rock que vive en una mansión en Beverly Hills, conduce un Rolls-Royce, pasa las noches en la mansión Playboy, y vuela jet privados, pero se queja por su éxito. Lo encuentro un poco contradictorio y condescendiente.

Si tanto te atormenta, dedícate a otra cosa. Si son tan altos tus adelantos, devuélvelos. Si se venden tanto tus libros y sufres porque se han convertido en productos, deja de enviarlos a editoriales. Y si sufres tanto escribiendo, pues ¡no lo hagas! Tengo entendido que en la construcción o en las minas de carbón siempre se necesitan manos disponibles.

¿Cuáles son los siguientes proyectos en la carrera literaria de Paul Seaquist?

En estos momentos estoy trabajando en mi primera novela. Al menos lo estoy intentando, no sé si me resultará. Se va a llamar “Semen”. Es una novela que trata sobre la soledad, la perdida, sobre los recuerdos y lo que ha quedado atrás. Tiene personajes entrañables: una okupa que pasa la vida citando a Charles Bukowski, un jardinero marihuanero que conduce un Porsche, un hombre solo que vive como ermitaño y que mira el tiempo pasar a través del andar de las cabras, una mamá cubana y una bebé que nunca nació.

Suena fuerte…

La buena literatura debiera serlo. Eso de andar destapando los techos del vecindario y contando lo que pasa adentro no me interesa. El contar por contar no tiene sustancia. Tiene que haber una inversión de sangre, de vísceras. Cuando la apuesta es en serio, uno se está jugando la vida.

¡Wow! ¿Nos tomamos otra cerveza?

Por supuesto, ¡pero sin alcohol!


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Reportaje: https://www.youtube.com/watch?v=enYmK3vIxiY&t=24s


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12 thoughts on “Paul Seaquist: Escribo para que se me perdone lo que soy…

  1. Muy buena entrevista!! “Vuelo de rapiña “ es un excelente libro!! Te transporta a los momentos más amargos de sus personajes con la característica dulzura del escritor.

  2. MUY CIERTO!! La falta de identidad, lo políticamente correcto en extremo, los tribalismos, esta extraña neo-inquisición que quiere acapararse de todo es fatal para el arte. Cualitativamente puede causar una mella muy grande en toda expresión humana. ¡Hay que tener cuidado!

  3. Intenso y atractivo de todas las formas posibles. Mientras más leo sus entrevistas y en ocasiones las he escuchado más aumenta mi admiración y no me hace falta cerrar mis ojos para imaginarlo, lo veo con sus gestos y sonrisa en cada respuesta oportuna, he tenido la satisfacción de conocerlo. Te deseo todo el éxito del mundo y la felicidad más grande junto a tu familia que es algo muy importante para tí, de hecho es recíproca esa felicidad. Te admiramos y queremos

  4. A Paul lo conocí en Yale! Desde entonces soñaba con ser escritor! Feliz estoy de que lo hayas logrado! Siempre fuiste una persona brillante y especial! Se extraña verte sumergido en la lectura en la Sterling Library y solo en la Sterling porque a clases no ibas nunca…!! No tenías tiempo para esas cosas decías! hahaha!
    Lots of luv
    Melanie

  5. Aún no te conozco en presencia pero si virtual, ya vendrá el momento, pero si de algo estoy segura, es que cada palabra fue dicha desde el fondo de tu corazón, te admiro por lo que eres y por lo que logras a tu alrededor, sabes que te deseo el mayor éxito laboral y familiar que se pueda desear.

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