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Microbiota intestinal | Por Daniel Boixeda

Microbiota intestinal | Por Daniel Boixeda

Tanto los seres humanos como los animales, están colonizados por microorganismos vivos. Microbiota, es el nombre como se conoce  al conjunto de microorganismos vivos  que colonizan un órgano o sistema como la piel, el aparato digestivo, la boca o el aparato genital. La «microbiota intestinal» es por lo tanto, el conjunto de microorganismos vivos que se encuentran en el intestino o tubo digestivo de un organismo vivo, humano o animal. Se ha calculado que el número de microorganismos vivos presentes en el intestino humano, es de 10 a 100 trillones y que  el genoma colectivo de esta  «microbiota intestinal», codifica una cantidad de genes cien veces superior a la que codifica el genoma humano.

             La existencia de estas bacterias en el intestino del hombre es muy importante para la salud del organismo, ya que el desarrollo del sistema inmune depende de ellas. También juegan un importante papel en la digestión de los nutrientes y en los procesos inflamatorios. Así mismo, son importantes para la conducta humana y el estado de ánimo.

            La «microbiota intestinal» se va desarrollando a medida que avanza la vida, de forma que su composición es diferente en la infancia y adolescencia, que en la vida adulta… El tubo digestivo fetal es estéril. Tras el parto, inicialmente se coloniza exclusivamente el colon a partir de la madre, con microorganismos del género Streptococcus y Staphylococcus, manteniéndose así hasta la edad de 3 años. Estas cepas, crean un ambiente apropiado para que puedan desarrollarse otros microorganismos y el colon se va colonizando por microorganismos de otros géneros, como: Bacteroides, Bifidobacterium  o Lactobacillus. Es a partir de los tres años, cuando se van produciendo modificaciones en la flora intestinal a causa de los diferentes cambios dietéticos mantenidos durante un tiempo.

            Aunque la «microbiota intestinal» es relativamente estable, puede variar de un individuo a otro e incluso en un mismo individuo. Esto se debe a distintos factores que

pueden producir cambios transitorios o estables en la misma, como: Tipo de dieta, infecciones, antibióticos o el estrés.

            Debido a la enorme cantidad de bacterias presentes en el intestino, no es posible diferenciar las especies con los métodos de cultivo habituales, solo las técnicas que detectan la genética molecular permiten su clasificación. Solo siete cepas bacterianas, de las 52 definidas hasta ahora, colonizan el tracto digestivo humano.Firmicutes (géneros Staphylococcus, Lactobacillus, Streptococcus), Actinobacteria, Bacteroides, y Proteobacterias.

            Aunque cada individuo tiene una «microbiota intestinal» propia y específica, se han podido establecer modelos que tratan de clasificar grupos de personas según su microbiota, denominados enterotipos; El Enterotipo I tiene a los Bacteroides como principal indicador; el enterotipo II esta caracterizado por las Prevotella y el enterotipo III, se distingue por el exceso de Fimicutes.  Esta división en diferentes enterotipos es independiente del sexo, edad, peso o raza del individuo, pero está relacionada estrechamente con la dieta y los hábitos alimentarios de las personas: En el enterotipo I están los que consumen predominantemente altas cantidades de proteínas y grasas animales; en el enterotipo II predominan los azucares y en el enterotipo III predominan el alcohol y las grasas poliinsaturadas.   

            Está demostrado, que para que el intestino funcione correctamente, debe recibir señales del sistema nervioso central (SNC) que lo regulan. Por otra parte, estudios realizados en las dos últimas décadas han demostrado que el intestino también es capaz de transmitir señales al SNC. Este sistema de información bidireccional, es lo que se ha denominado «eje cerebro intestinal». Estos dos canales de comunicación (ascendente y descendente) entre el cerebro y el intestino, incluyen vías neuronales y endocrinológicas, así como vías nutricionales e inmunológicas. Por una parte, las vías de señalización ascendente influyen en la salud a través de estímulos de tipo vagal, neurológico, endocrino y/ó autoinmune, pudiendo afectar al comportamiento, la actividad cerebral y los niveles de los neurotransmisores, receptores cerebrales y los factores neurotróficos. De forma adicional, los metabolitos de origen microbiano

pueden atravesar la barrera intestinal o metabolizarse en otros órganos; a los que llegan por el sistema circulatorio y activar estas vías, para regular los tejidos más allá del tracto gastrointestinal. Por otro lado, la señalización neuronal a través de vías descendentes, puede influir a su vez en la función intestinal, alterar la barrera intestinal («intestino permeable») y alterar la composición y la función de la «microbiota intestinal».

            En condiciones fisiológicas y homeostáticas, existe un equilibrio en este «eje cerebro intestinal» en ambas direcciones. Sin embargo, si se produce una alteración de este  equilibrio por: un sobrecrecimiento bacteriano, una alteración en la composición o la actividad microbiológica de los microorganismos que componen la microbiota (lo que se denomina disbiosis), puede afectarse la salud y desarrollarse varias enfermedades, como: el síndrome del colon irritable, cáncer colorrectal, diabetes, enfermedades autoinmunes o mentales.  La disbiosis intestinal se asocia con una lesión de la barrera intestinal, que incide negativamente en la capacidad de defensa del organismo frente a las agresiones externas. 

            Esta alteración del equilibrio del «eje cerebro intestinal», producida por una disbiosis o por una situación patológica en el intestino, puede manifestarse tanto a nivel gastrointestinal e inmunológico, como a nivel del SNC.  Es decir, una alteración del equilibrio en la «microbiota intestinal», puede dar lugar a un trastorno patológico en el SNC aparentemente no relacionado.  

            La «microbiota intestinal» también participa y cumple una función intermedia en la descomposición de los carbohidratos, las proteínas y los lípidos, necesaria para suministrar energía al organismo.

            Esta relación entre la microbiota y el organismo es simbiótica, es decir mientras que las bacterias realizan una función protectora frente a enfermedades y agentes patógenos y de ayuda en la metabolización de los alimentos ingeridos, el organismo

humano les ofrece un lugar donde vivir. De hecho, hoy en día se considera a la microbiota como un órgano más del cuerpo.

            Las funciones que desempeña la «microbiota intestinal» por lo tanto, son:  La protección frente a bacterias patógenas que pueden provocar enfermedades o frente a   sustancias carcinógenas, metales tóxicos y sustancias químicas nocivas presentes en el ambiente y las partículas de polvo y suciedad. Así mismo, contribuye al mantenimiento de sistema inmune, favoreciendo que el sistema defensivo funcione adecuadamente. También participa en la regulación del metabolismo y balance energético, contribuyendo a la digestión de los alimentos y de algunos de sus componentes, que  el organismo no puede digerir y metabolizar (es el caso de los  alimentos que generan ácidos grasos de cadena corta insaturados, que son potentes antioxidantes y ayudan a equilibrar los niveles de colesterol y triglicéridos);  Produce vitaminasfundamentales para el mantenimiento de la salud, como son la vitamina K y la B12 ; Regula  la secreción de neurotransmisores intestinales, insulina y péptidos fundamentales para procesos vitales.

            Ya hemos comentado que cuando se produce una alteración de la «microbiota intestinal» y existe un desequilibrio entre las distintas cepas bacterianas, el organismo se ve afectado. En la actualidad se sabe, que estas alteraciones en la microbiota, dan lugar a un mayor riesgo de que se produzcan infecciones y/o se desarrollen enfermedadesautoinmunes, trastornos de la alimentación, diabetes, algunos cánceres digestivos o Parkinson. Por otra parte, en la mayoría de los casos, la alteración de la microbiota (disbiosis) suele generar todo tipo de molestias intestinales, cefaleas y cansancio. 

            Estas alteraciones en la «microbiota intestinal» se puede producir por diferentes factores: mala alimentación, sedentarismo, estrés, contaminación ambiental, exceso y mal uso de antibióticos, etc. Estos factores se pueden contrarrestar con una alimentación sana y equilibrada, con la realización de ejercicio de manera regular, una adecuada higiene del sueño, evitando la auto y sobremedicación y realizando actividades que permitan minimizar los efectos sobre la microbiota.

Daniel Boixeda "Microbiota intestinal"
Daniel Boixeda – «Microbiota intestinal»

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