Madrid 1984 | Por Kvrtz Over

Madrid 1984 | Por Kvrtz Over

“El gran hermano te vigila”. Esta frase, junto con un puñado de otras, quedan grabadas en la memoria de la mayoría de la gente al leer 1984. 

El otro día volví a pisar las calles de Madrid después de casi 2 años y recordé esa increíble distopía. Y sorprendentemente no lo hice al verme rodeado de cámaras grabando cada uno de mis pasos, o al sentirme extrañamente sobre observado por la cantidad de datos que guarda y analiza la telepantalla que todos llevamos en el bolsillo, tampoco al oír la cantidad de LoL u otros neolinguismos que resuenan con voces adolescentes. No me lo recordó tampoco una manifestación que vi de lejos, donde la gente gritaba como locos en sus minutos de odio. Incluso, podría haberlo hecho por la cantidad de eslóganes panfleteros que adornan las ideas de la mayoría. O la uniformidad y peinados que nos homogenizan generacionalmente. Pero que va. No recordé a Winston y su mundo por nada de esto, lo hice por lo que en mi opinión, es verdaderamente importante y transcendental en la novela de Orwell. La putrefacción y repugnancia propia e intrínseca al ser humano, representada en su ulcera varicosa. Podía recordar esa herida maloliente y pustulante con solo mirar la cara de la mayoría de personas con las que me cruce aquella mañana, o con mirar las paredes de cada edificio, u oler el pestilente aroma urbanita de alcantarillas, orines y humos de la combustión automovilística. 

Seguramente muchos dirán que exagero y ciertamente puede que me exprese con demasiada vehemencia. Pero permítanme recordarles que desde hace casi 2 años vivimos una pandemia mundial que se está llevando por delante a muchísimos. Así mismo déjenme rememorar aquel razonamiento que se extendió al principio de dicha pandemia, cuando se tomó la opción del confinamiento, ese en el que la gente aplaudía a las 20:00. “Esto nos va a cambiar, está sacando lo mejor de la gente y eso quedará”. Y ha quedado, sin duda y después lo hemos tirado a la basura. Me pareció increíble la cantidad de gente sin mascarilla en exteriores, interiores o donde sea a menos de 2 metros. La cantidad de gente fumando y echando el humo a la cara de los demás. Pude ver claramente el pus amarillo y pestilente de la ulcera en la solidaridad de todos esos, “La mascarilla es un bozal”, “Yo no me vacuno”. Y mientras los niños en el colegio, aguantando. Todo esto me hizo rememorar otra frase, de la gran novela “El homenaje” de Andrea Camilieri. Y permítanme compartirla con ustedes. “La muerte os merecéis y no un confinamiento”.


Kvrtz Over es un escritor autodidacta, que no ha nacido en aulas de universidad o en cursos de escritura creativa, sino que se ha formado leyendo y viviendo y que ha publicado dos novelas: “Negro” e “Insecto”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.