fbpx

KUBIN, EL ILUSTRADOR DE SUEÑOS | Por Patrizia Gaell

KUBIN, EL ILUSTRADOR DE SUEÑOS | Por Patrizia Gaell

¿De qué está compuesta el alma de un artista? ¿Qué se mueve en su interior para poder crear, sea cual sea el modo de expresión elegido, la genuinidad de la existencia? 

La vida es una contradicción en sí misma. Conocemos el bien porque existe mal, sentimos la alegría porque sufrimos la pena, alimentamos la esperanza para contrarrestar la desesperación. Lo que puede resultar armónico, relajante, idílico, proviene de la turbación, de lo oscuro y estremecedor y viceversa.

Alfred Kubin nos muestra esa dualidad a través de la vertiente oscura. Genio de la pluma y de la tinta, este artista austríaco hizo uso de todos los motivos comunes del romanticismo oscuro para crear una obra tan aterradora como, paradójicamente, bella. Figuras de terror orientalistas, criaturas híbridas entre hombres y animales, monstruos y mujeres desnudas pueblan sus láminas en medio de paisajes áridos y mundos distópicos permanentemente envueltos de una brumosa oscuridad. Son personajes condenados a un destino trágico e inevitable, reflejo de la misma desesperanza con la que Kubin entiende el mundo y la humanidad. Obras como Die Friedhofsmauer (El muro del cementerio), Das Auge (El ojo), Das Grausen (El horror) o Der Krieg (La guerra) hacen emerger en el interior del observador una inquietud oprimente difícilmente definible, pues en la contemplación se contraponen la belleza y el horror a partes iguales.

La maestría de Kubin es evidente tanto en el diseño gráfico de sus ilustraciones, cuyas superficies quedan enmarcadas por líneas finamente curvadas, como desde el punto de vista de la composición, donde las abrumadoras diferencias en las proporciones de los elementos pictóricos y los personajes determinan su funesto desenlace y crean una sensación extraña e inefable al contemplarlas, casi como un estremecimiento profundo del alma y la razón. Podemos verlo perfectamente en Der Mensch (El ser humano). Esta obra —creada en 1902— no es más que una reflexión general sobre el destino del hombre. En ella, Kubin nos muestra a una persona que corre sobre una montaña rusa, completamente indefenso y sin siquiera tener la oportunidad de cambiar de dirección o abandonar un recorrido cuyo final se pierde en la distancia. La figura corre completamente desnuda, con las manos atadas a la espalda y el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante, con el rostro rígido y apático y ladeado hacia la derecha. Es en ese rostro donde se centra la mirada y la atención del que observa desde la distancia, elucubrando en su imaginario la resolución perversa del viaje emprendido por el involuntario protagonista de la historia que se contempla. 

Grabadas en papel con tinta y pluma, estas pequeñas obras de arte esbozan, en palabras del filósofo Arthur Schopenhauer, lo peor de todos los mundos imaginables. Su fuerte narrativa ahonda en los mundos oníricos de su autor, en las profundidades de su sombrío interior, un interior poblado de inquietantes y angustiosas escenas donde la muerte luce como obsesión principal.

La genialidad de Kubin lo llevó a expandirse a otros campos artísticos, como el literario. Así, en 1908 creó su primera y única obra escrita, Die andere Seite (Al otro lado), donde se dejó influenciar por el lenguaje de E.T.A. Hoffmann y Edgar Allan Poe, cuyas obras conocía gracias a su trabajo de ilustrador. La escritura del texto le llevó ocho semanas, y cuatro semanas más la creación de las cincuenta y dos ilustraciones que lo acompañarían. Los temas centrales de la obra giran en torno a la dualidad del mundo y la unión de las partes opuestas y a la continua transición entre sueño y realidad, realidad ésta que el autor expresa mediante el sueño dentro del sueño. Una historia que conduce al lector a las profundidades del mundo de Kubin mediante los susurros de un narrador temeroso de no poder abandonarlas nunca.  

El éxito rotundo que este trabajo alcanzó entre los escritores y artistas contemporáneos le valieron a Kubin los encargos de ilustración para obras de Dostoievski, Hans Christian Andersen, Voltaire, Jean-Paul Sartre y Gottfried August Bürger, sin olvidar apuntar en este listado a los anteriormente mencionados Hoffmann y Poe.

La obra de este genio no puede pasarnos desapercibida. Nos sirve de reflejo de la transición entre siglos y de un período de cambios sociales, políticos y culturales —que bien se podría extrapolar a la actualidad en la que vivimos— y donde, entre el optimismo y el pesimismo, es este último el que encumbra la cima del vencedor. Los miedos y las inseguridades que expresa el autor son en el fondo los de toda una sociedad, y resuenan en su obra con sublimidad, brillantez y excelsa belleza. Porque lo bello puede ser estremecedor y lo estremecedor puede resultar ser bello. Esa es la esencia natural del ser, del existir, lo que nos conduce de nuevo a la pregunta inicial de este artículo: ¿de qué está compuesta el alma de un artista para poder crear, sea cual sea el modo de expresión elegido, la genuinidad de la existencia?


¿Te gustaría conocer las apasionantes historias de escritores modestos, pero no por ello menos buenos?

Únete a nuestro canal de Telegram (es gratis) para ayudarnos a darles voz a esos escritores que necesitan un empujón. Sus vivencias e historias para publicar sus libros, su pelea para hacerse un hueco y su mensaje es igual o mejor que el de cualquier top ventas. Únete a nuestro canal para descubrirlos y apoyarles.

https://t.me/elescritor_es

One thought on “KUBIN, EL ILUSTRADOR DE SUEÑOS | Por Patrizia Gaell

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *