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«La miscelánea de las emociones», obra más reciente de Juan Expósito

«La miscelánea de las emociones», obra más reciente de Juan Expósito

Empecemos por lo principal, ¿quién es Juan Expósito?

No sé si se puede contestar a eso sin parecer un pedante, un estúpido o que la KGB te está interrogando en una aduana albanesa. Pero, digamos, con la mayor asepsia posible, que soy actor, director de teatro (con algún intrusismo con la cámara), dramaturgo (y escritor en general) y profesor de interpretación (que es lo que más tiempo me ha llevado en estos últimos 20, desde que empecé).

¿A qué edad sientes la necesidad de empezar a escribir?

Recuerdo una epifanía concreta que fue después de leer El hombre que compró un automóvil, de Wenceslao Fernández Flórez. Sentí la necesidad de escribir; tenía 8 años. Escribí un cuento copiando el mismo argumento que el libro que acaba de leer. Fue mi primera incursión en el plagio… y el último. Hubo otro momento de intensa necesidad de escribir, con 15 años. Era el típico poema a la chica que te gusta y que sabes que no te va a hacer ni caso. Me acuerdo que en los poemas repetía frases de Carlos Cano que, por aquel entonces, era para mí la persona que mejor escribía en el mundo… Fue mi segunda incursión en el plagio… y la última, espero.

¿Cuántos libros has publicado desde entonces?

He publicado cuentos, poemas, artículos… y en formato digital varias obras de teatro y una novela. Eso sí, representar obras mías se han representado decenas (entre cortas y largas) casi todas por mi propia compañía, claro; ahí está la trampa.

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«La miscelánea de las emociones», de Juan Expósito.

Hablemos de tu obra más reciente: «La miscelánea de las emociones»

¿Qué pretendes conseguir en el lector con su lectura?

Esta obra es una compilación de obras de teatro. Normalmente el teatro es un género que se lee porque se quiere representar o porque te lo piden en el instituto. No se suele leer para disfrutar de las historias. Me gustaría que la gente compre el libro pensando que el teatro también se puede disfrutar leyéndolo. Eso pasa por imaginarse las historias fuera de un escenario. 

También te diré que es un libro ideal para compañías o escuelas de teatro que buscan obras para trabajar o representar, de modo profesional o amateur, en un bar o en un gran teatro. Hay obras de muy distinto formato: cortas, largas, de mediana duración… y obras que requieren muy poco presupuesto o algunas que un poco más. Por lo general mi naturaleza es de escribir pensando en presupuestos muy pequeños.

¿Por qué?

Supongo que es mi naturaleza. No me sale pensar en explotar helicópteros en la Castellana sino en una mujer llorando en un banco de un parque de Carabanchel mientras pasa un vagabundo bebiendo Don Simón. Supongo que cada vez que escribo pienso en hacerlo yo y eso me hace tener pocas pretensiones crematísticas. Además, siempre he pensado que una buena obra de teatro es un buen texto, una buena dirección, una buena interpretación, una buena iluminación… nunca meto en la fórmula la producción… de hecho cuando veo que se ha gastado mucho dinero en una obra enseguida frunzo el ceño pensando si ha merecido la pena la inversión.

Las historias las has escrito para ser representadas no para ser leídas, ¿verdad?

Eso es. Cuando escribí cada una de estas obras las imaginé para ser representadas y no para ser leídas y, ahora, que veo que hay gente que la quiere comprar para leerla me asusta porque yo no escribía para que la gente la lea en el baño, sino en un aula de teatro con la intención de representarse. Pero me parece bonito el ejercicio de que el lector la imagine donde quiera y no, necesariamente, en un espacio escénico.

¿Se han representado estas obras anteriormente?

Muchas, sí. La mayoría con mi propia compañía. También hay textos inéditos como La próxima Luna roja, una obra larga que me gustaría representar en un futuro próximo.

Juan Expósito
Juan Expósito

¿De dónde viene el título del libro?

Tengo una especial querencia por las obras, pelis o arte en general donde no todo sea humor, ni todo drama, ni todo profundo ni todo banal. Siempre he pensado que el culmen del arte es que el espectador se ría con una lágrima en el ojo o que se emocione justo después de una carcajada.

Una vez, en uno de esos textos que tienes que escribir para definir una obra, usé la expresión “esto es una miscelánea emocional”, me gustó y resulta que la he usado muchas veces hasta que llegué a la conclusión de que si tengo un sello es ese: mezclar distintas emociones en una misma obra.

¿Cuál dirías que son las reglas más básicas de escritura en una obra de teatro?

Lo primero es una buena idea de donde nazca una buena historia; creo que eso no tiene especial mérito. Todo el mundo tiene buenas ideas a diario. Pero hay algo que suele fallar y que es verdaderamente esencial: el conflicto; eso es lo que va a hacer que la trama avance y que las cosas sucedan a través de la acción y no a través de la explicación. Luego están los diálogos… creo que se está perdiendo el buen diálogo, la conversación cuidada e inteligente. Los personajes también son básicos en una obra… que sean interesantes, con personalidad y lógicos. Reconocibles.

¿Eres un escritor ambicioso de los que quiere llegar lejos, o te conformas con escribir lo que quieres y publicar a tu ritmo, con diferencia del éxito que puedas conseguir?

Desde hace muchos años he llegado a la conclusión de que escribo como me da la gana. Me da igual lo que pueda estar de moda o no. No sé cómo se vende mucho o bastante pero sí sé cómo se está satisfecho de lo que se crea y que es haciendo lo que te da la gana. Llevo 20 años haciendo teatro con la única premisa de que me guste a mí y lo hago tanto como director, como docente o como escritor… ya no voy a cambiar. Mi ambición es seguir estando orgulloso de lo que hago y gustar a un mínimo suficiente de gente como para seguir en esto… y, claro, si son miles de personas, pues mejor.

¿Algo que puedas aconsejarles a los que están pensando en publicar?

Que escriban lo que les guste. Aprendiendo, aceptando consejos y formándose, pero con honestidad. Con humildad, pero con seguridad de que eso es lo que te gusta.

¿Cuál ha sido tu experiencia publicando con la Editorial Círculo Rojo?

Muy buena. Me cuidan y se preocupan. Es una empresa con alma y eso es decir muchísimo.

¿Qué autores te han inspirado más a la hora de escribir?

Están esos autores de los que soy consciente y de los que no soy consciente. Algunos, muchos, los reconozco cuando veo una obra mía, pero seguro que hay otros muchos que no reconozco. Reconozco que me influye mucho Juan José Campanella o José Luis Garci; Martes y Trece y Monty Python; Billy Wilder y José Luis Cuerda; Juan Carlos Ortega y Mario Benedetti; Robe Iniesta y Quique González; Sabina y Andrés Lewin; Pérez-Reverte y Shakespeare; Valle-Inclán y Lorca; Paloma Pedrero y Alonso de Santos; Alberto Miralles y Woody Allen; Juan José Millás o David Trueba… En fin, yo qué sé… Podría hacer binomios improbables de influencias durante 27 folios.

¿Dónde se pueden conseguir tus libros?

Estará en las librerías más grandes (esas que todos pueden imaginar), las puedo mandar yo mismo e intentaré que esté en librerías de barrio; Carabanchel, por ejemplo.

Para terminar, ¿nos recomiendas alguna lectura?

Los clásicos. Sé que suena pedante y tal, pero creo que cualquier persona que escribe teatro ha tenido que pasar antes por los griegos, por Shakespeare, por el Siglo de Oro o por Valle.


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