La casa que guarda los secretos del alma: Sandra Morejón convierte la memoria, la magia y el dolor en una novela imposible de olvidar
¿Cómo nació la idea de darle voz a un hogar convertido en testigo de varias generaciones?
Efectivamente, Tirajana se convierte en narradora de las vidas de las familias que habitan en su interior, incluso, se convierte en cronista de la isla donde está construida.
La idea surgió, creo yo, porque soy una persona bastante casera y me gusta tener mi casa en buenas condiciones para su habitabilidad. Es importante para mí sentirme a gusto dentro de mi propio hogar.
Uno de tantos días en casa me puse a reflexionar sobre la importancia que tienen los hogares para las personas, quizás sin percatarse de ello. Los domicilios son mucho más que una fría dirección: son nuestra cueva, nuestro refugio, lugares que nos acogen cuando llegamos cansados y nos ofrecen un espacio para dormir o relajarse, el sitio que nos proporciona una cocina y almacenaje de alimentos cuando llegamos con hambre, el rincón donde podemos asearnos con absoluta intimidad, las paredes que nos ayudan a encontrarnos con nuestras familias y, en mi caso, la vivienda es mi oasis donde me aíslo y escribo.
Por ello di vida a Tirajana y siento pena cuando llego a una casa y compruebo que no se le ofrece el mismo cariño y cuidados que un hogar nos ofrece. Y pienso, también, en lo afortunadas que somos las personas que disponemos de un hogar hoy en día.
La novela mezcla realismo, fantasía, memoria familiar y elementos casi mágicos. ¿Hasta qué punto le interesaba romper las fronteras entre lo real y lo imaginario?
Las personas que escriben deben ir más allá de lo que se ve a simple vista: imaginamos historias en pequeñas escenas cotidianas, escuchamos las voces de la calle, pensamos en cómo podrían ser las vidas de las personas que no conocemos y con las que nos cruzamos en un teatro, en una avenida, en una guagua, en un hospital…
Esos pequeños retazos de vida compartida me hacen fantasear y combinar, por qué no, elementos reales y mágicos, porque la magia es un salvavidas en los momentos en los que la realidad pura nos golpea. Siempre he creído en la magia: me ayuda a crear, alivia un poco el alma y hace la vida más llevadera. La magia es la esperanza de lo posible y la esperanza es romper límites y fronteras.
El concepto de animismo tiene un peso muy importante en la obra. ¿Por qué decidió convertir la naturaleza, la casa y hasta los recuerdos en entidades vivas dentro de la historia?
Cuando descubrí el animismo documentándome para otra novela, pensé: «qué concepto tan interesante».
Personalmente, no profeso ninguna religión, pero entiendo que es importante tener cierta conexión con “algo” que nos reconforte. Creo que el animismo puede ser esa unión que establecemos con objetos aparentemente inanimados.
Supongo que se trata del cariño que sentimos hacia lo que es significativo para los humanos: el niño hacia un juguete, el adolescente a una prenda de vestir, el adulto hacia un coche… y a todos ellos se les pone un nombre. En el caso de esta novela, es una casa quien cobra vida y tiene su propio nombre: Tirajana.
Además, el animismo es una religión ancestral que establece un profundo vínculo con la naturaleza. Y esta visión humana del mundo me gustó mucho y me pareció importante trasladarla a la novela para que lectores y lectoras pudieran indagar sobre ella.
Como anécdota, en las presentaciones literarias que he estado realizando, las personas participantes están descubriendo este concepto gracias a la novela. Al finalizar una de estas presentaciones, se me acercó una señora y me dijo, casi susurrando: «Sandra, creo que yo también soy animista».
San Borondón termina siendo casi otro personaje de la novela. ¿Qué representa realmente para usted este lugar?
San Borondón es el mito más conocido de Canarias: una isla que aparece y desaparece; hay quien asegura haberla divisado y otros tantos dicen que no existe.
Yo he querido que San Borondón existiera en La hostil belleza de la acacia para rescatar una parte de la mitología canaria, pues entiendo que la literatura es también mitología.
Además, San Borondón está muy ligada a mi infancia y a la cultura de las islas Canarias, donde hay referencias a esta isla en relatos, cuentos infantiles, canciones, nombres de grupos musicales, programas de radio o restaurantes.
Creo que esta isla concuerda muy bien con el concepto animista del argumento general de la novela, donde todo lo “imposible” es real. Y, no sé por qué, no me gusta la palabra “imposible”.
Hay una enorme sensibilidad en la manera en que retrata a los personajes y sus heridas emocionales. ¿Cuánto hay de observación personal y cuánto de ficción en ellos?
Hay bastantes historias personales en la novela y otras tantas ficticias.
Para describir a los personajes humanos me basé en rasgos de personas reales, características que me parecieron novelescas porque la vida puede ser tan real como fantástica.
En cambio, para describir a los personajes aparentemente inanimados y a los que he dado vida, me sustenté en experiencias personales o quizás en mi propio carácter, pues Tirajana tiene mucho de Sandra Morejón.
Su historia es una historia de resiliencia, de supervivencia, de resistir el paso del tiempo de la mejor manera posible. Es una casa que pasa por diferentes etapas de la vida al igual que un ser humano: nacimiento, adolescencia, madurez y vejez.
La hostil belleza de la acacia es una travesía por las heridas emocionales de todos los personajes, incluso de aquellos que han fallecido y que se empeñan en continuar viviendo una vida tras la muerte.
La novela habla mucho sobre la memoria, el paso del tiempo y las huellas que dejamos en los lugares. ¿Cree que las casas guardan realmente parte de quienes las habitan?
Cuando paseo por alguna ciudad o pueblo y veo casas antiguas abandonadas, imagino qué personas las habitaron, si fueron felices o desgraciadas en esos hogares, qué besos vieron esos muros, qué secretos escucharon aquellas paredes, qué celebraciones o funerales albergaron.
Creo que sí, que las casas conservan una esencia de quienes allí estuvieron y dejaron su huella a modo de muebles, del color de las paredes o de retratos. Las casas son, si sabemos ver más allá, un espejo del alma de quienes las habitan.

Usted comenzó publicando poesía antes de dar el salto a la novela. ¿Qué cosas de la poeta siguen presentes en su manera de narrar?
Soy una escritora de raíces poéticas: la poesía está en mí y siempre la incluiré en cualquier manifestación artística que realice.
En La hostil belleza de la acacia podemos apreciar prosa poética a lo largo de toda la narración y hasta un soneto. Me gusta mucho combinar géneros literarios porque creo que me definen como persona, aunque mi base y género literario preferido es la poesía.
De hecho, el título de la novela es un verso de un poema que escribí.
El lenguaje de la obra tiene momentos muy líricos y otros muy irónicos o incluso divertidos. ¿Fue complicado encontrar ese equilibrio entre belleza, humor y crudeza?
El humor es un elemento muy importante para mi vida cotidiana e intento que sea un modo de vida en todo aquello que hago.
Sin humor hubiese sido mucho más difícil sobrellevar mi proceso oncológico. Cuando me veía en el espejo después de ducharme, extremadamente delgada, sin pelo de pies a cabeza, me decía a mí misma: «Ay, Sandrita, quién te ha visto y quién te ve: pareces un gato egipcio». Y automáticamente salía del baño con una sonrisa.
La vida es belleza y crueldad, y el humor es una herramienta para hacer todo ello compatible.
En su biografía cuenta que la literatura fue un refugio desde la infancia y también durante su proceso oncológico. ¿De qué manera escribir le ayudó a atravesar ese periodo tan duro?
Los libros son salvavidas.
Durante el año y medio que pasé entre mi casa y el hospital porque el cuerpo no tenía energía para mucho más, leer me ayudó a evadirme de largas horas, dolores y fatigas.
Me llevaba un libro a las sesiones de quimioterapia que duraban entre cuatro y cinco horas. Mientras leía se me iban ocurriendo ideas para escribir más adelante.
Escribir se perfiló entonces como un modo de vida del que ya no puedo desligarme: la literatura es un túnel donde me introduzco para recorrer un camino con cada novela o poemario que escribo.
Estoy segura de que mi proceso oncológico ha sido más llevadero gracias a los libros leídos y a los poemas escritos durante la enfermedad.
Después de vivir una experiencia tan límite como un cáncer de mama triple negativo, ¿ha cambiado su forma de entender la vida y también la literatura?
Desde luego.
Esta experiencia me ha cambiado físicamente, mentalmente y emocionalmente. Sigo siendo la misma Sandra de antes, pero de otra manera.
Y también ha cambiado mi forma de enfocar mi literatura, siendo ahora más empática, más esperanzadora y más humana.
Actualmente estoy terminando un poemario sobre todo el proceso oncológico vivido y en este trabajo estoy volcando la mirada de una Sandra Morejón muy agradecida a la familia, al sistema público sanitario y a la literatura: el triángulo perfecto para la supervivencia.
La novela transmite una fuerte conexión con Canarias, sus paisajes, sus leyendas y su identidad cultural. ¿Qué importancia tenía para usted que la isla tuviera tanta presencia en la novela?
El mar y las islas forman una parte muy importante de todos mis escritos.
Tengo muy arraigada la sensación de “isleña” y la necesidad de recorrer archipiélagos. Los lugares donde crecemos nos dejan una huella indeleble y la belleza del paisaje canario me sobrecoge.
Sin ánimo de querer hacer una exaltación del chovinismo, el paisaje con el que crecí forma parte de La hostil belleza de la acacia.
La importancia de San Borondón responde a su condición mágica, porque estando en algunas islas he sentido esa magia que solamente la naturaleza proporciona.
Tras esta primera novela y con En tierra de nadie ya en camino, ¿qué siente que ha cambiado en Sandra Morejón como escritora desde que decidió publicar por primera vez?
Aquí ocurre algo curioso: escribí En tierra de nadie antes que La hostil belleza de la acacia. Sin embargo, la primera verá la luz más tarde que la segunda.
Decidí publicar antes La hostil belleza de la acacia porque es una novela corta que me ayudó a introducirme en el feedback con lectores y lectoras y porque sentía que respondía mejor a la Sandra Morejón más actual.
Desde que decidí publicar por primera vez y hasta ahora, en Sandra Morejón ha cambiado una vida entera: una mirada diferente, comprobar que la muerte está siempre esperando, la capacidad para convertir el cáncer en poesía, saborear cada segundo junto a mi familia y agradecer que he vivido.
Y una de las cosas que quiero seguir haciendo el resto de mi vida es escribir.

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