José Luis Fernández Juan, Humor que cocina, amor que lava los platos y valores que no pagan alquiler (pero sostienen la casa)

José Luis Fernández Juan, Humor que cocina, amor que lava los platos y valores que no pagan alquiler (pero sostienen la casa)

José Luis, su libro se titula 20 cuentos de humor, amor y otros valores. ¿Los valores pagan alquiler o viven gratis en su obra?
Viven gratis, pero a cambio riegan las macetas de la ética cada mañana. El humor tiende la ropa, el amor cocina y la gratitud lava los platos con espuma de luciérnaga. Así todos colaboran y la convivencia se convierte en poesía doméstica. Hoy en día, ningún valor podría pagar un alquiler: los precios están por las nubes.

¿En qué momento decidió que los cuentos no iban a caminar en línea recta, sino en zigzag feliz?
Cuando descubrí que la línea recta bostezaba. El zigzag, en cambio, guiñaba el ojo y me invitaba a bailar con las palabras. Y uno no le dice que no a un verbo que baila.

¿Sus personajes nacen de ideas, de sueños… o de tostadas mal tostadas?
Depende. Orchato y Zorblex nacieron de conversaciones secretas entre ideas y sueños. Lola, en cambio, prefería ser tostada por el sol.

El humor de su libro parece limpio, cristalino. ¿Se ríe con sus personajes o de sus personajes?
Siempre con ellos. Reírse de un personaje es empujarle con malas artes; reírse con él es invitarle a subirse al columpio. Y mis cuentos aman los columpios.

¿Qué papel juega el amor?
El amor es el punto y coma que evita que la vida acabe en punto final. Une frases que parecían separadas y les da una oportunidad más.

¿Y “otros valores”? Eso suena a cajón de sastre emocional.
Es un cajón lleno de brújulas. Cada lector abre una y elige hacia dónde crecer: respeto, libertad, responsabilidad, resiliencia, esfuerzo… No impongo destinos, solo reparto mapas.

Su prosa tiene guiños surrealistas. ¿Escribe con lógica o con mariposas?
Con mariposas que han estudiado lógica en una academia nocturna. Aletean, pero saben sumar.

¿Alguna palabra se le ha rebelado?
“Melancolía” quiso cobrar protagonismo. Le expliqué que aquí todos son coprotagonistas, incluso los silencios. Nos dimos un abrazo gramatical.

Si su libro fuera un árbol, ¿qué frutos daría?
Naranjas que cuentan chistes, manzanas que escriben cartas de amor y peras que recuerdan buenos modales. El bosque rezumaría buen humor.

¿Cómo conviven humor y filosofía en sus cuentos?
Como dos compañeros de piso que comparten nevera: uno trae carcajadas, el otro preguntas profundas. Cocinan juntos y el guiso sale nutritivo. En Los frijolito y el apocalipsis del microondas se intuye bien.

¿A quién va dirigido este libro?
A cualquier lector que no haya guardado del todo a su niño interior en un trastero. No pido edad, solo curiosidad.

José Luis Fernández Juan
José Luis Fernández Juan

¿Cuál es la palabra más feliz del libro?
“Gracias”. Porque nunca llega sola; siempre va de la mano de otra.

¿Y la más tímida?
“Bondad”. Se sienta al fondo, pero cuando habla, todos escuchan.

El título promete valores. ¿Eso no asusta a los lectores que huyen de lo moralizante?
Mis valores no sermonean. Entran de puntillas, hacen un guiño y se van dejando una sonrisa. Moralizar es gritar; yo prefiero susurrar compasión.

¿Qué le gustaría que ocurriera en el lector tras cerrar el libro?
Que abra una ventana. Literal o metafórica. Que deje pasar el aire limpio de una mirada más amable.

Si pudiera resumir la esencia en una imagen surrealista, ¿cuál sería?
Un paraguas que protege de la tristeza mientras los charcos escriben haikus.

¿Cuánto hay de usted en estos cuentos?
Todo y nada. Paso, saludo, coloco una linterna y me retiro para que los personajes jueguen sin sentirse observados.

¿Qué les diría a quienes aún no han leído el libro?
Que entren descalzos. Así sentirán mejor el suelo de palabras. No hay peligro: solo ternura, ironía y algún guiño travieso.

Si cada cuento fuera un planeta, ¿qué clima tendría su favorito?
El de Aurelión. Lloverían abrazos templados por la mañana y por la noche nevarían metáforas. El meteorólogo sería el presidente Silvokray.

¿Alguna coma ha intentado escapar del libro?
Sí, una coma rebelde quiso ser luciérnaga. La dejé ir. Volvió a las tres noches porque echaba de menos la gramática.

¿Cómo suena el silencio entre dos personajes que aprenden a perdonarse?
A violín tímido, de los del cielo de Harmonía.

¿Qué pasaría si un lector se quedara a vivir dentro de uno de sus cuentos?
Se acostumbraría pronto a desayunar sonrisas y aprendería que los copos de nieve también dan consejos.

¿Cuál es el valor más travieso del libro?
La empatía. Se esconde en los bolsillos del lector y aparece cuando menos lo espera.

¿Qué pasaría si el amor fuera una asignatura?
Tendría prácticas en parques y exámenes suspendidos por exceso de ternura.

¿Ha discutido alguna vez con un personaje?
Sí. Tezcatlipoca pidió vacaciones pagadas. Le di un día libre y volvió con un poema.

¿Dónde guardan sus cuentos los días tristes?
En una caja de zapatos llena de esperanzas. Hacen buena amistad.

José Luis Fernández Juan
José Luis Fernández Juan

¿Usa brújula o deja que lo guíe el absurdo?
Llevo brújula, pero la brújula tiene nariz de payaso. Y manda ella.

¿Qué hace un valor cuando nadie lo mira?
Juega con una sombra. A veces pierden ambos y ganan luz.

Si pudiera regalar una sensación a cada lector, ¿cuál sería?
Que todo es más amable de lo que parecía hace cinco minutos.

¿Ha llorado alguna palabra en su libro?
“Perdón” lloró una vez. Sus lágrimas se convirtieron en puntos suspensivos de esperanza.

¿Qué opina su despertador de su manera de escribir?
Dice que escribo demasiado de día. Yo le respondo que el sol corrige mejor que la luna.

Si pudiera invitar a cenar a uno de sus cuentos, ¿a cuál elegiría?
A Takos, sushi y salchichas a la carta. Para agradecerle su potencial para vivir lo inédito.

¿Cuántos kilómetros recorre una metáfora desde que nace hasta que emociona?
Exactamente los que hay entre la piel y el alma.

¿El lector ideal debe saber silbar?
No es obligatorio… pero ayuda a ventilar las páginas.

¿Algún valor llega tarde?
La paciencia. Llega tarde a propósito: es su manera de enseñar.

¿Hay algún personaje que no pasara el casting?
Un reloj existencialista que se negaba a dar la hora. Quizá en otro libro.

¿Qué pregunta le gustaría que le hicieran más a menudo?
“¿Cómo puedo contagiar alegría sin receta médica?”
Y respondería: escuchando con cariño y hablando con ternura.

Si el libro tuviera banda sonora, ¿qué instrumentos sonarían?
Un bajo hilarante, batería pop y guitarra punky. Para tocar a Los Nikis no hace falta más.

¿Qué sueñan sus cuentos cuando el lector duerme?
Sueñan que vuelven a ser palabras sueltas… y al amanecer se reencuentran para abrazarse en frases.

Para terminar, si el humor, el amor y los otros valores se sentaran a cenar juntos, ¿qué pedirían?
Humor pediría sopa con carcajadas al vapor. Amor, pan recién hecho para compartir. Y los valores, agua clara: lo transparente nunca pasa de moda.

José Luis Fernández Juan - 20 cuentos de humor, amor y otros valores
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