Escribía para no romperse por dentro: la autora que convirtió el dolor, el TDAH y las heridas familiares en una voz que está ayudando a miles de personas

Escribía para no romperse por dentro: la autora que convirtió el dolor, el TDAH y las heridas familiares en una voz que está ayudando a miles de personas

Tu obra nace de experiencias profundamente personales y dolorosas. ¿En qué momento sentiste que escribir dejaba de ser solo una vía de escape para convertirse también en una herramienta de transformación?

Creo que hubo un momento muy claro en mi vida en el que entendí que escribir no solo me ayudaba a sobrevivir emocionalmente, sino también a comprenderme y reconstruirme. Durante muchos años escribí desde el dolor, desde la necesidad de sacar fuera aquello que me ahogaba. Era una forma de respirar cuando sentía que el mundo pesaba demasiado.

Con el tiempo empecé a hacer talleres de escritura emocional y ahí descubrí algo muy profundo. Imagínate darte cuenta de repente de que tienes entre las manos una herramienta capaz de transformar lo vivido. Algo que no borra el dolor, pero sí cambia la manera en la que lo miras y lo integras. Cuando escribía ciertas experiencias y después las releía como si fuese la lectora de la historia de otra persona, podía comprender muchas cosas de mí misma que antes no veía. Era como tomar distancia del sufrimiento sin desconectarme de él.

La escritura me permitió observar mi historia desde otro lugar, con más conciencia y compasión. De alguna manera, dejaba de contar la historia únicamente desde la herida y empezaba a narrarla desde la reflexión, desde el aprendizaje y desde la mujer que soy hoy. Era como abrazar ese dolor en lugar de seguir huyendo de él.

Con mi primer libro, Todo es por algo: Historia de una hija de padres alcohólicos, estaba muerta de miedo. No sabía cómo iba a ser recibido algo tan íntimo y personal. Exponer ciertas heridas daba vértigo, porque en cierto modo también era desnudarme emocionalmente delante del mundo. Pero mi mayor sorpresa fue descubrir cómo tantas personas, especialmente mujeres con historias similares a la mía, conectaban profundamente con lo que había escrito.

Ahí entendí que mis palabras no solo me estaban ayudando a mí. También estaban acompañando a otras personas que quizá llevaban años sintiéndose incomprendidas o solas en su dolor. Creo que, en parte, mi activismo empezó ahí, cuando comprendí que compartir mi historia podía convertirse también en una forma de dar voz, conciencia y esperanza a otras vidas.

En libros como Todo es por algo o Todo es por alguien abordas temas muy duros como el alcoholismo familiar o el maltrato. ¿Cómo consigues escribir sobre esas heridas sin quedarte atrapada emocionalmente en ellas?

No siempre ha sido fácil. Hubo etapas en las que revivir ciertos recuerdos me removía profundamente. Pero también aprendí que escribir desde la conciencia no es lo mismo que escribir desde la herida abierta. He hecho mucho trabajo personal, terapéutico y emocional para poder mirar mi historia sin quedarme atrapada en ella. Hoy escribo desde un lugar más sereno, aunque siga habiendo dolor en algunos recuerdos.

Creo también que, aunque explorar ciertas heridas duela, muchas veces no puedes comprender realmente lo que llevas dentro hasta que te atreves a mirarlo de frente. Y ahí la escritura se convirtió para mí en una oportunidad. Una oportunidad para entenderme, ordenar emociones y dar sentido a experiencias que durante años solo habían sido dolor o confusión.

Con el tiempo comprendí que contar estas experiencias con honestidad también puede ayudar a romper silencios muy dañinos. Y eso transforma el sufrimiento en algo útil, en algo que puede acompañar, iluminar o hacer que otra persona se sienta menos sola. Creo que cuando transformas el dolor en conciencia, deja de destruirte de la misma manera.

Nieves García Aguilera - TDAH sin estigmas: Estoicismo para vivir mejor
Nieves García Aguilera – TDAH sin estigmas: Estoicismo para vivir mejor

En TDAH sin estigma hablas mucho del autoestigma. ¿Crees que, en ocasiones, las heridas más difíciles no vienen del diagnóstico, sino de cómo la sociedad nos mira?

Sin ninguna duda. Muchas veces las heridas más profundas no vienen únicamente del diagnóstico, sino de cómo la sociedad nos mira y de cómo acabamos mirándonos a nosotros mismos a través de esos prejuicios. El estigma externo termina convirtiéndose en autoestigma: empiezas a creer que hay algo defectuoso en ti, que eres “demasiado intensa”, “despistada” o “difícil”. Y eso puede llegar a ser devastador emocionalmente.

Creo que es importante no romantizar ningún diagnóstico. Es cierto que el TDAH implica una mente neurodivergente, una manera distinta de procesar la realidad y de relacionarse con el mundo. Y sí, también puede tener aspectos muy positivos, como la creatividad, la sensibilidad, la intuición o la capacidad de pensar de forma diferente. Pero también hay dificultades reales que pueden generar mucho sufrimiento cuando no existe comprensión ni herramientas adecuadas.

Para mí, lo más importante ha sido el autoconocimiento: entender cómo funciona mi mente, dejar de culparme constantemente y buscar recursos que me ayudaran a vivir mejor. El problema aparece cuando, además de gestionar tus propias dificultades, tienes que luchar contra el rechazo, los prejuicios o la sensación de no encajar.

Muchas personas con TDAH, especialmente quienes han sido diagnosticadas en la adultez, pasan gran parte de su vida intentando enmascararse y funcionar como una persona neurotípica para evitar críticas o rechazo. Creces pensando que hay algo mal en ti porque llevas años esforzándote el doble para conseguir cosas que a otras personas parecen salirles de forma natural.

Ese sobreesfuerzo constante acaba pasando factura. Puede derivar en ansiedad, depresión, agotamiento emocional o una autoestima profundamente dañada. De hecho, el TDAH es uno de los diagnósticos que más comorbilidad presenta con otros trastornos, precisamente porque muchas personas llegan al diagnóstico después de años de culpa, frustración y autoexigencia extrema.

Por eso considero tan importante hablar del estigma y de la salud mental desde una mirada más humana y empática. Porque una persona comprendida no se desarrolla igual que una persona que ha crecido sintiéndose constantemente inadecuada o intentando esconder quién es para ser aceptada.

Tu obra mezcla desarrollo personal, salud mental y espiritualidad. ¿Cómo conviven en ti la parte terapéutica y la parte más espiritual?

Para mí no están separadas. Creo que sanar implica atender la mente, las emociones y también el alma. La parte terapéutica me ha dado herramientas para comprender mis procesos, mis heridas y muchos patrones que arrastraba desde la infancia, mientras que la espiritualidad me ha ayudado a encontrar sentido incluso en los momentos más oscuros de mi vida.

No hablo de una espiritualidad rígida ni dogmática, sino de una conexión profunda con una misma, con la vida y con aquello que nos sostiene interiormente cuando todo parece romperse. A veces la terapia te ayuda a entender el porqué, pero la espiritualidad te ayuda a sostener el para qué, a encontrar esperanza y a reconciliarte contigo misma.

He aprendido que no basta solo con comprender intelectualmente el dolor; también necesitamos aprender a escucharnos, conectar con nuestras emociones y mirarnos con más compasión. Creo que ahí es donde realmente empieza la sanación.

Nieves García Aguilera - TDAH sin estigmas: Estoicismo para vivir mejor
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