Una desaparición, un trasplante y una casa que guarda demasiado: así es Tekiamo, la novela de Vanessa Luna que convierte el pasado en amenaza
Algunas historias terminan con una respuesta. Otras, en cambio, se quedan agazapadas en los rincones de una casa, en las conversaciones interrumpidas y en esos silencios familiares que todos conocen, pero que nadie se atreve a señalar. Tekiamo, la obra de la escritora Vanessa Luna, pertenece a esta segunda clase de historias: las que no se cierran, las que se esconden y regresan cuando ya nadie parece preparado para mirarlas de frente.
La novela comienza a desplegar su inquietud desde un territorio aparentemente reconocible. Una vida normal, una familia, una rutina y una desaparición que convierte cada gesto cotidiano en una posible pista. A partir de ese momento, la normalidad deja de ser un refugio y comienza a resquebrajarse. Lo conocido se vuelve sospechoso, los recuerdos pierden su inocencia y cada silencio parece contener una versión distinta de la verdad.
Sin embargo, el misterio no se limita al presente. Vanessa Luna abre una segunda grieta en el relato y conduce al lector hasta 1980, un tiempo marcado por un cirujano brillante, un primer trasplante de pulmón, una familia llevada al límite y un secreto que nadie consiguió enterrar por completo. El pasado aparece así no como un simple escenario secundario, sino como una materia viva que continúa deformando todo cuanto toca.
En Tekiamo, los años no borran las heridas. Apenas modifican su apariencia. Aquello que en otro tiempo pudo parecer una decisión médica, un conflicto familiar o una tragedia imposible de explicar acaba convirtiéndose en una sombra que se extiende sobre varias generaciones. La novela plantea que ciertos secretos no desaparecen cuando dejamos de hablar de ellos. Al contrario: crecen en la oscuridad, se alimentan del miedo y terminan ocupando el lugar de la verdad.
La autora construye esta atmósfera sin renunciar al ritmo. La historia avanza mediante revelaciones, sospechas y giros que obligan a reconsiderar lo leído. Pero su fuerza no depende únicamente del misterio o de la necesidad de conocer qué ocurrió. Lo verdaderamente perturbador reside en la sensación de que todo podría haber sucedido de una manera parecida. Los personajes no se mueven dentro de una pesadilla completamente ajena, sino en un mundo reconocible donde las familias protegen sus secretos, las instituciones pueden ocultar errores y las personas aprenden a convivir con aquello que no son capaces de explicar.
Uno de los rasgos más singulares de la propuesta de Vanessa Luna es la presencia del humor negro. Frente a una trama marcada por la desaparición, la medicina, los vínculos familiares y el miedo, la autora introduce una mirada afilada que permite aliviar la tensión sin destruirla. El humor no elimina la oscuridad: la hace todavía más humana. Funciona como una forma de resistencia, pero también como una herramienta para mostrar el absurdo que puede esconderse incluso en las situaciones más terribles.
La casa ocupa igualmente un lugar fundamental dentro del universo de Tekiamo. No aparece como un simple espacio físico, sino como una presencia que observa, guarda y condiciona. Hay casas que se compran, se reforman y se habitan. Y hay otras que parecen elegir a quienes entran en ellas. Lugares en los que cada habitación conserva una memoria, cada pared oculta una historia y cada puerta puede conducir a algo que habría sido mejor no descubrir.
Vanessa Luna juega con esa idea hasta convertir el hogar —el espacio que debería representar la seguridad— en un territorio de incertidumbre. La amenaza no siempre llega desde fuera. A veces ya estaba dentro, esperando pacientemente a que alguien hiciera la pregunta equivocada.
La novela también aborda el peso de la herencia emocional. Las familias no solo transmiten apellidos, costumbres o recuerdos. También transmiten miedos, culpas y pactos de silencio. En Tekiamo, aquello que una generación decide callar acaba condicionando la vida de quienes llegan después. El pasado no necesita ser conocido para ejercer su influencia. Basta con que permanezca oculto.
Por eso la gran pregunta de la obra no es únicamente qué ha sucedido. Vanessa Luna propone una cuestión más inquietante: cuánto tiempo lleva sucediendo. Esa diferencia transforma por completo la lectura. El misterio deja de ser un acontecimiento aislado y se convierte en un sistema, en una sucesión de decisiones y silencios que han permitido que la verdad permanezca enterrada.
Con una combinación de suspense, drama familiar, humor negro y una trama vinculada a los límites de la medicina, Tekiamo invita al lector a entrar en una historia donde nada es exactamente lo que parece. Una novela que habla de secretos que cambian de forma, de familias obligadas a enfrentarse a aquello que quisieron olvidar y de casas que quizá nunca estuvieron vacías.
Porque algunas historias no terminan.
Solo aprenden a esconderse.

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