Tres mujeres rotas. Un objeto mágico. Y un vínculo que podría salvarlas a todas

Tres mujeres rotas. Un objeto mágico. Y un vínculo que podría salvarlas a todas

No todos los viajes comienzan con un mapa. Algunos nacen del dolor, del deseo de huir, de encontrar sentido a una ausencia que pesa más que una maleta. Así empieza Niamh: Vínculos, la nueva novela de Javier Cuéllar Atienza, un autor que, lejos de conformarse con contar una aventura fantástica, nos invita a explorar el territorio más complejo y mágico de todos: el del alma humana.

Desde las primeras páginas, Cuéllar rehúye los tropos fáciles del género. Aquí no hay héroes infalibles ni profecías escritas en piedra. Lo que hay son tres mujeres rotas —Niamh, Eileen y Anax— que no se buscan, pero se encuentran. Lo que hay es una travesía que empieza como un encargo sobrenatural y termina siendo una sanación compartida. Y lo que hay, sobre todo, es un vínculo: ese hilo invisible que nace del sufrimiento mutuo, de las confesiones a media voz, de los silencios respetados.

Vínculos no es solo el título, es el corazón de la historia. Javier Cuéllar traza, con sensibilidad y ritmo, una narrativa donde lo mágico no está para deslumbrar, sino para amplificar lo esencial. El objeto encantado que las protagonistas deben recuperar es apenas el catalizador de algo mucho más profundo: la reconstrucción de la identidad a través del otro.

El universo de la novela está poblado de criaturas, hechizos y paisajes que bien podrían pertenecer al folclore celta. Y no es casual: la obra respira música. Sus páginas están atravesadas por referencias sutiles al mundo de Celtian, y el personaje de Anax —etérea, intensa, quebradiza como una nota sostenida— es un claro homenaje a Xana Lavey, vocalista de la banda. Pero este no es un libro para fans: es una obra con alma propia, que toma de la música su tono épico y de la literatura su capacidad para mirar adentro.

Como los mejores relatos de fantasía, Niamh: Vínculos no habla solo de mundos paralelos o misiones imposibles. Habla de la amistad como resistencia, de la sororidad como magia antigua, de las cicatrices como runas que, leídas con cuidado, pueden mostrar el camino de regreso a una misma. Y es en ese equilibrio entre lo íntimo y lo épico donde Cuéllar logra lo más difícil: conmover sin caer en la cursilería, emocionar sin artificios.

En tiempos donde todo se mide en logros individuales, Niamh: Vínculos nos recuerda algo esencial: a veces, lo único verdaderamente poderoso es no estar sola.
Y eso, en literatura como en la vida, también es un acto de magia.

Javier Cuellar Atienza - Niamh: Vínculos
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