El regreso del Destripador… en plena Barcelona de 1909: la novela que te hará caminar mirando por encima del hombro
En la primavera de 1909, Barcelona era una ciudad partida entre el progreso y la miseria, entre el esplendor modernista y los callejones donde la luz no se atrevía a entrar. En ese escenario vibrante y oscuro a la vez, Nel Masa sitúa Jardín de cenizas, una novela que devuelve al lector al corazón del crimen histórico y al miedo ancestral provocado por un nombre que aún hoy estremece: Jack el Destripador.
Todo comienza en plaza Cataluña, donde aparecen los cuerpos mutilados de dos jóvenes mujeres. El encargado de desentrañar el enigma es Pol Dorcas, un auxiliar de la guardia urbana aparentemente común, pero con una consigna clara: descubrir quiénes eran esas víctimas, de dónde procedían y por qué sus cuerpos fueron expuestos en uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad. Lo que Pol no imagina es que ese crimen no es un caso aislado, sino el inicio de una cadena que reproduce, paso a paso, los rituales del asesino más célebre de Whitechapel.
Conforme la investigación avanza, Dorcas identifica inquietantes similitudes con los crímenes de 1888 en Londres. Esa revelación lo obliga a recurrir a Emet Logan, un antiguo agente de Scotland Yard retirado, marcado por las heridas —físicas y emocionales— de haber perseguido, sin éxito, al verdadero Destripador. El tándem entre Dorcas y Logan construye el eje emocional de la novela: dos hombres atrapados entre el deber, el miedo y los fantasmas que arrastran.
Masa crea una Barcelona sórdida, mística y vibrante, donde la ciudad no es solo escenario, sino personaje. Desde los burdeles de El Raval hasta los salones más pudientes, pasando por callejones húmedos, conventos silenciosos y cafés donde la prensa hervía con rumores, la novela retrata una urbe en plena fermentación social, marcada por tensiones obreras y una guerra de clases que late bajo cada página.
Mientras las pistas se multiplican, la investigación se convierte en un viaje al pasado. Dorcas y Logan deben recomponer la investigación original de Whitechapel, seguir los rastros que Logan no pudo descifrar en su juventud y anticiparse a un imitador brillante, violento y meticuloso. La novela juega con la tensión entre lo histórico y lo ficticio, entre la brutalidad del crimen y la fragilidad de los protagonistas, entre la obsesión y la justicia.
Jardín de cenizas despliega un pulso narrativo limpio y firme, con escenas que alternan el impacto visceral del asesinato y la delicadeza de una Barcelona que, pese a la mugre, conserva una belleza inquietante. Masa no busca únicamente reconstruir un caso policial: quiere explorar el precio de la verdad, la herida que deja la culpa y la delgada línea que separa al perseguidor del perseguido.
La pregunta final no es si atraparán al imitador.
La verdadera pregunta es cuánto deberán sacrificar para lograrlo… y si, al hacerlo, despertarán al fantasma que nunca murió del todo.

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