«Yo soy Graciela», Vicente Castro i Álvaro y la novela que da voz a las mujeres invisibles
¿Cómo nació la historia de Yo soy Graciela?
El origen de Yo soy Graciela se remonta a un encuentro fortuito y memorable. En un viaje en tren por la hermosa isla de Mallorca, tuve la fortuna de cruzarme con una mujer a la que, sencillamente, pregunté su nombre. Su respuesta, un «¡Yo soy Graciela!» resonante y nítido, imbuido de una convicción y una fuerza vocal impactantes, prendió en mí una chispa de curiosidad instantánea. Aquella presentación tan firme y singular despertó en mí la necesidad de conocer la historia que se escondía tras ese nombre.
¿Qué hay de verdad y qué de ficción en la novela?
Esa es una pregunta fascinante, y quizás sería más apropiado dirigirla a la propia Graciela. Mi labor como escritor se centró en plasmar lo que ella compartió conmigo, procurando ser lo más fiel posible a su relato. No obstante, inevitablemente, la mano del narrador siempre deja su impronta. He tejido la trama, he dado forma a los diálogos y he modulado el ritmo para construir una obra que, espero, resulte atractiva para el lector.
Diría que el núcleo de la novela, los acontecimientos centrales y las emociones fundamentales, beben directamente de la verdad de su experiencia. Sin embargo, para darle cuerpo literario, he recurrido a la ficción en ciertos detalles, en la construcción de escenas o en la exploración de los pensamientos y sentimientos más íntimos de los personajes. Es un equilibrio delicado entre honrar la historia que me fue confiada y la necesidad de crear una obra literaria con su propia fuerza y coherencia.

¿Qué te atrajo de este personaje para dedicarle una novela entera?
Es complejo condensar en una respuesta breve la fascinación que Graciela y su historia ejercieron sobre mí. Creo que fue la cadencia serena con la que narraba su llegada a España, contrastando con la magnitud de los desafíos que enfrentó al establecerse con dos hijos pequeños a su cargo. Como alguien que también experimentó la emigración, aunque en solitario, sus vivencias como madre luchando en un nuevo entorno resonaron profundamente en mí. Sentí una suerte de obligación, una necesidad imperiosa de dar voz a su valentía y a las dificultades que superó.
¿Qué fue lo más difícil de escribir de esta historia?
Lo más desafiante al escribir esta historia fue, sin duda, confrontar la palpable hondura del dolor que Graciela transmitía al revivir ciertos pasajes de su vida. Percibir esa intensidad emocional en su relato generó en mí una cascada de sentimientos: rabia ante la injusticia, tristeza por su sufrimiento y, sobre todo, un profundo estupor ante la inmensa valentía y el coraje que emanaban de esta mujer aparentemente frágil. Fue sobrecogedor ser testigo de cómo la maternidad puede convertirse en una fuente inagotable de una fuerza que parece desafiar los límites de lo imaginable.
¿Cómo manejaste el dolor y la crudeza de algunas escenas desde la escritura?
Manejar el dolor y la crudeza de ciertas escenas durante la escritura fue un proceso delicado y profundamente reflexivo. Hubo momentos en los que necesité detenerme, sopesar cuidadosamente las palabras que Graciela compartía y considerar la mejor manera de trasladarlas al papel. Me debatía entre la fidelidad a su voz y la necesidad de asegurar la comprensión e inmersión del lector.
No se trataba de una obra de ficción donde la intensidad se busca con fines narrativos; esta era una biografía, un testimonio de una vida real. El dolor que yo mismo experimentaba al escuchar sus vivencias me llevó a cuestionar si mi objetivo era que el lector sintiera ese mismo impacto visceral. Finalmente, opté por un equilibrio: transmitir la autenticidad de su sufrimiento sin caer en el sensacionalismo, buscando generar empatía y comprensión en lugar de un mero impacto emocional.
¿Crees que Graciela representa a muchas mujeres invisibilizadas?
Absolutamente. Creo firmemente que Graciela encarna la realidad de muchas mujeres cuya fortaleza y lucha diaria pasan desapercibidas. He sido testigo de la increíble fortaleza de madres solteras que sostienen a sus familias enfrentando desafíos inimaginables. A menudo, quienes las rodean, incluso amigos cercanos, no alcanzan a comprender el peso que cargan al cruzar el umbral de sus hogares. Desde fuera, solo se percibe una figura más en el paisaje cotidiano, una mujer que transita sin llamar la atención, sin que se reconozca la magnitud de su esfuerzo y su valentía.

¿Qué importancia tiene el escenario de Mallorca y Argentina en la identidad de Graciela?
El escenario de Mallorca es el punto de partida de la historia, y aunque podría haber sido otro lugar, su elección adquiere una resonancia particular al descubrir el origen argentino de Graciela. Inmediatamente me evocó la historia de las décadas de 1930 y 1940, cuando muchos mallorquines emigraron hacia la Argentina, un país que entonces ofrecía esperanza y oportunidades. Resulta fascinante observar cómo los flujos migratorios se invierten con el tiempo, y ahora son ciudadanos argentinos quienes llegan a Mallorca, seguramente impulsados por anhelos y enfrentando desafíos similares a los que vivieron aquellos mallorquines en su momento. Esta conexión histórica añade una capa de profundidad a la identidad de Graciela, sugiriendo un ciclo de experiencias humanas compartidas a través de las generaciones y los continentes.
¿Cómo se refleja la maternidad en esta novela, desde tu perspectiva como autor?
La maternidad, intrínsecamente trascendental en la vida de cualquier ser humano, adquiere una dimensión aún más compleja cuando la experimenta una mujer en soledad y sin recursos. Capturar esa realidad en el papel ha sido un desafío considerable. Si bien he procurado plasmar este acontecimiento con la mayor humanidad posible, soy consciente de las limitaciones inherentes al lenguaje para transmitir plenamente la profunda angustia y, simultáneamente, la intensa felicidad que puede embargar a esta madre en particular. He buscado ofrecer una visión honesta, aunque humilde, de su experiencia.
¿Qué reacción esperas del lector al terminar el libro?
Busco una lectura reflexiva que lleve al lector a identificarse con la humanidad de Graciela. Quiero que vean a una mujer fuerte, honesta y profundamente entregada a sus hijos, más allá de cualquier etiqueta superficial como ‘emigrante de temporada’. Si el lector logra captar su singularidad, sentiré que he comunicado la esencia de mi personaje
¿Hay algo que te haya cambiado personalmente tras escribir esta historia?
Sí, esta novela ha dejado una huella profunda en mi mirada. Ahora soy mucho más consciente de la presencia silenciosa de tantas mujeres que antes pasaban desapercibidas: esas mujeres invisibles que, con su esfuerzo cotidiano, contribuyen enormemente a nuestro bienestar. Me he vuelto más sensible a la posibilidad de que detrás de esa aparente invisibilidad se escondan luchas y cargas mucho más pesadas de las que imaginamos.
¿Qué significa para ti el título Yo soy Graciela?
¡Yo soy Graciela! encapsula su fuerza, decisión, amor incondicional, espíritu luchador y constancia. Es una afirmación de su identidad y una toma de voz frente a la invisibilidad.
¿Tienes nuevos proyectos literarios en marcha?
Después de la profunda conexión que experimenté al escribir ‘Yo soy Graciela’, retomar la escritura requirió un tiempo de pausa. Sin embargo, ya estoy inmerso en una novela titulada ‘Tras las huellas de Valac’, un proyecto que marca un contraste significativo con mi trabajo anterior. Necesitaba explorar un universo narrativo diferente, con un ritmo más pausado, lo que me está permitiendo reencontrarme con la escritura de una manera más tranquila.
Comprar «Yo soy Gabriela», de Vicente Castro i Álvaro: https://libros.cc/YO-SOY-GRACIELA-La-fuerza-de-mujer-valentia-de-madre.htm?isbn=9791370081454