“Vivimos rodeados de ruinas culturales y ya ni siquiera sabemos interpretarlas”: la novela española que mezcla Tolkien, Final Fantasy y crítica social
Retrohistoria mezcla ciencia ficción, fantasía, ruinas del pasado y una obsesión constante por entender qué fue de la humanidad. ¿Qué pregunta querías hacerte a ti mismo a través de esta novela?
Muchas. Supongo que, sobre todo, qué fueron los años 80 para mí… y qué fueron en realidad. O dónde nos hemos estado equivocando como especie y como sociedad.
Fred vive fascinado por los restos del viejo mundo y por aquello que ya nadie parece querer comprender. ¿Crees que hoy también vivimos rodeados de “ruinas” culturales que ya no sabemos interpretar?
Sí, ese es precisamente el sentimiento que pretendo analizar. La arqueología de la vida. La sensación de que algo importante se ha perdido o falta. Nuestra Atlántida personal. Va desde los sentimientos que tenías cuando eras un niño/a, que vas perdiendo a lo largo de la madurez, hasta formas culturales semi abandonadas, cogiendo polvo en estantes, como libros y cómics antiguos o videojuegos totalmente pasados de moda que, sin embargo, contienen determinados valores y verdades que se difuminan en otras producciones más actuales.
Has mencionado influencias tan distintas como Tolkien, Ursula K. Le Guin, Harlan Ellison, Neil Gaiman, el manga o los videojuegos clásicos. ¿Cómo consigues que todas esas referencias convivan sin que la novela pierda identidad propia?
Todas esas referencias (y más, como el anime Future Boy Conan, de Miyazaki) explotaron en mi cabeza de golpe y acabaron, poco a poco, mezcladas y retroalimentándose. Todo empezó con la idea de un videojuego: siempre soñé con crear alguno. Imaginé uno donde el protagonista recorre páramos desolados en busca de objetos de los años 80: radiocasettes, juguetes, ropa, motocicletas… Pero no soy informático y no sabría ni por dónde empezar para crear un videojuego desde cero; así que fui imaginando el por qué de esa idea, de esa situación post apocalíptica. Y así fue apareciendo el argumento de Retrohistoria. Se fue desplegando él solo, poco a poco, y pronto necesité escribir la novela. El Manga y los juegos me aportaron más bien una inspiración estética, mientras que Ursula Le Guin siempre me ha inspirado a nivel moral a través de su Ciencia-Ficción política y comprometida.
Retrohistoria te llevó diez años de escritura. ¿Qué cambió más durante ese proceso: la novela o tú como autor?
Yo, sin duda. El hilo argumental de Retrohistoria es casi calcado a lo que imaginé el primer día, hace más de 10 años. Sin embargo, yo pasé por varias etapas vitales en ese periodo, como un divorcio o la interinidad en mi trabajo. Supongo que Fred pasa de la inocencia a cierto cinismo en algunos pasajes a través de mis propias experiencias. Lo importante es que Fred no pierde nunca su idealismo a pesar de los golpes que recibe del sistema establecido; todo lo contrario: se reafirma, se fortalece y aprende a salirse con la suya. Además, como autor, me enfrenté a una novela mucho más extensa que la primera (Cazadores y Pastores, Círculo Rojo, 2019) y, aunque parezca contradictorio, diría que aprendí a ser más conciso al expresarme.

La novela transmite una sensación muy potente de misterio arqueológico y decadencia tecnológica. ¿Te interesa más imaginar el futuro o reflexionar sobre nuestro presente a través de él?
Me interesa mucho más el presente, palabra que siempre me gusta recordar que es sinónimo de “regalo”. La especulación sobre el futuro es atractiva, pero la dejo para expertos en nuevas tecnologías. Todo el entramado político y tecnológico que creo para el planeta Rea, viene a ser, como en los mundos del Ekumen de Le Guin, en la galaxia de Lucas o en la Tierra Media de Tolkien, un telón de fondo para una obra de teatro donde se ponen de relieve los males y peligros del presente, como las tendencias dictatoriales, los extremismos políticos, el calentamiento global, los genocidios y las guerras en curso. Nadie hace caso a la Historia, y como profesor de esta asignatura, resulta frustrante. Por eso vuelco estas inquietudes en forma de aventura, fuera de las aulas. Para transmitir, como dice Ursula Le Guin, “aquello que no se puede transmitir de otra forma”. Ese es el papel de la Mitología, la Ciencia-Ficción y la Fantasía, al menos para mí: educar.
Fred y Zak representan dos formas muy distintas de enfrentarse al conocimiento: la aventura y el análisis. ¿Te ves reflejado en ambos personajes?
Sí, pero a mí me ha tocado en la vida ser Fred. Zak está inspirado en mi mejor amigo (que conservo desde la infancia) que es informático, y trabaja desde un sillón. Es el mejor, como Zak, no lo dudes. Pero a mí me ha tocado, por lo que sea, salir a buscar bajo tierra (literalmente, porque trabajé de arqueólogo por un tiempo) y enfrentarme cara a cara a los prejuicios más oscuros dentro de las aulas. Eso es aventura, créeme. Por mucho que analices, la realidad explota delante de ti, y casi nunca te pilla del todo preparado. Fred recibe heridas físicas en un proceso muy duro de aprendizaje debido a su elección de no permanecer en Pal.
En el libro aparecen libros perdidos, mapas olvidados y lenguajes incomprensibles. ¿Por qué te atrae tanto la idea de recuperar aquello que el tiempo ha enterrado?
A veces ya no es solo recuperar, sino crear algo que nunca ha existido. A menudo idealizamos las ruinas del pasado, sin darnos cuenta de que pertenecen a civilizaciones esclavistas, clasistas e imperialistas donde no existían los derechos de hoy día. Idealizamos. Pero hasta en esas ruinas podemos encontrar obras de una humanidad y belleza abrumadora. Fred intenta extraer precisamente eso: lo bueno y puro dentro de un pasado turbulento y terrible. Traerlo al presente… y continuarlo.
Retrohistoria tiene ecos de ciencia ficción clásica, pero también de anime, JRPG y fantasía épica. ¿Qué te han enseñado los videojuegos y el manga sobre cómo contar historias?
Muchísimo. La narrativa en algunos videojuegos de mi infancia, como aquellos Final Fantasy (del primero al séptimo, especialmente) es más profunda de lo que muchos supondrían para un “simple” entretenimiento digital. Contienen mensajes antiimperialistas y ecologistas muy potentes. En cuanto al Manga, además de esa estética tan rica que he mencionado, yo destaco Nausicaä del Valle del Viento (de nuevo, Miyazaki) como la obra que más me ha influenciado a nivel psicológico y moral… espiritual, diría incluso. Es pura dinamita: una niña tratando de cambiar su mundo con un animalito en su hombro y una gran conexión con la naturaleza.

Tus mundos tienen algo melancólico, como si siempre hubiera una civilización desaparecida observando desde las sombras. ¿De dónde nace esa fascinación por los mundos que llegan después del colapso?
Me encanta esta pregunta porque tiene que ver con lo post apocalíptico, que ya es un género en sí. Y es que, más allá del mundo que fue, me interesa cómo los reanos en Retrohistoria se han ido organizando y sobreviviendo después de una catástrofe bélica o medioambiental, y cómo han ido interpretando el pasado de forma mitológica, ya que no tienen los recursos científicos para entender su pasado. Me interesa el mundo que construimos ahora, teniendo en cuenta nuestro pasado reciente de dictaduras y guerras y conociendo perfectamente la causa de las catástrofes climáticas (que somos nosotros). Metafóricamente, vivimos ya, de hecho, en un mundo post apocalíptico donde los valores de democracia, convivencia pacífica y sostenibilidad económica y ecológica son ya casi “ruinas”. El mensaje de Retrohistoria es urgente, como los que lanza Harlan Ellison en sus terribles distopías.
Fred siente que Pal se le queda pequeño y necesita explorar algo más grande. ¿Crees que esa sensación de no encajar del todo en el lugar donde uno nace es también una forma de motor creativo?
Totalmente, sí. En el viaje del héroe que describe muy bien Joseph Campbell (el viaje que realiza prácticamente cualquier héroe de cualquier mitología, antigua o actual), uno de los aspectos comunes en toda aventura es el desarraigo respecto de su lugar de origen. El héroe debe salir de su lugar de confort, ya sea obligada (como Superman escapando de Krypton en una nave, siendo bebé) o voluntariamente, como Fred. Se trata de descubrir lo que hay más allá de nuestro entorno inmediato, de salir de la comodidad de la ignorancia. De atreverse a ser humano, a desarrollarse, con todo el dolor que puede suponer. Iniciar el viaje es empatizar con el resto del mundo.
Después de publicar Cazadores y ahora Retrohistoria, ¿qué has descubierto sobre el tipo de historias que realmente necesitas escribir?
Un buen amigo describió mi estilo como “conflicto con el sistema + propuesta de un sistema mejor”. En el caso de Retrohistoria, esa propuesta de mejora es simplemente la democracia, que opino que es lo más sagrado que hemos conquistado en los últimos siglos (solo que hay mucho que pulir). Me gusta confrontar al héroe con su entorno político y social, pero no de forma expresamente revolucionaria, sino más sutilmente, en el plano intelectual. Otra frase de Ursula Le Guin es que el sistema “no se cambia atacándolo desde fuera… sino transformándolo desde dentro”. Es mejor construir que destruir, proponer soluciones que atacar gratuitamente. Y claro, es mucho más complicado amar que odiar, proteger que destruir, pero no hay nada que merezca la pena que sea fácil de obtener. Por eso mis héroes y heroínas pasan por verdaderos calvarios de sufrimiento: es parte de la aventura, del proceso de madurez, como una especie de purificación.
Ahora estás trabajando en una novela superheroica ambientada en Madrid. ¿Qué puedes adelantar de ese nuevo proyecto y qué diferencias tendrá respecto al universo de Retrohistoria?
Peleo con ella a ratos. Para empezar, es más “realista” porque se contextualiza en nuestro planeta, en Madrid, en un futuro cercano. Pero también es una distopía, ya que en el gobierno de España hay otro partido y los alienígenas están otorgando poderes a determinadas personas. Esta novela serás más oscura y compleja, e irá más dirigida a lectores adultos por la crudeza de algunos pasajes.
En fin, estoy encantado de responder a tus preguntas. Ha sido un verdadero placer rememorar el proceso creativo de Retrohistoria.

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