Una distopía brutalmente honesta sobre verdad, poder y la trampa de ‘aguantar’

Una distopía brutalmente honesta sobre verdad, poder y la trampa de ‘aguantar’

1. ¿Qué fue lo primero que imaginaste cuando surgió la idea de una sociedad donde mentir tuviera consecuencias reales?

Lo primero que pensé fue en la impotencia. La que sentimos todos cuando sabemos que nos mienten —en política, en la empresa, en lo personal— y nadie lo paga. Me pregunté: ¿y si existiera un sistema que no solo detectara la mentira, sino que la castigara sin contemplaciones? Y a partir de ahí, me imaginé la reacción de una sociedad que lleva años conviviendo con la impunidad: el miedo, el caos, la justicia… pero también la duda, porque ¿quién puede decir que nunca ha mentido? Esa ambigüedad es lo que me empujó a desarrollar la historia.

2. Como electricista de profesión, ¿cómo influyó tu experiencia laboral y cotidiana en la construcción del personaje de Pedro y su entorno?

Influyó mucho. Mi trabajo me lleva a conocer a gente de todo tipo: empresarios, trabajadores, políticos, vecinos… y todos tienen algo en común: el sistema está tan viciado que incluso el más honesto se ve obligado a hacer trampas pequeñas o grandes. Pedro está construido desde ahí, desde ese hartazgo que veo cada día, de la sensación de que el que cumple las normas siempre va por detrás.

3. Tu estilo es directo y comprometido. ¿Qué referentes literarios o personales han influido en esa voz narrativa tan marcada?

Orwell me gusta mucho, sobre todo por su capacidad para hacer crítica social disfrazada de ficción. También Saramago, por su mirada humanista pero implacable.

4. En la novela, el hastío ante la impunidad es un motor de cambio. ¿Crees que la literatura puede ser también una forma de justicia simbólica?

Totalmente. La literatura es un refugio, pero también un espejo. Puede que no cambie leyes ni gobiernos, pero cambia a las personas. Y cuando un lector se enfrenta a sus propias contradicciones a través de un libro, ya estamos haciendo justicia simbólica.

5. ECO, el sistema creado por Pedro, parece una metáfora de la conciencia colectiva. ¿Crees que la tecnología puede ser parte de una revolución ética real?

Creo que puede, pero siempre y cuando haya una ética detrás que la guíe. La tecnología sin ética es solo una herramienta más para el poder. Pero bien usada, podría ser un catalizador para cambiar la forma en que entendemos la verdad, la transparencia y la responsabilidad.

Juan de Haro Soto – Eco de verdad
Juan de Haro Soto – Eco de verdad

6. Los personajes viven atrapados entre la frustración y la lucidez. ¿Qué te interesa explorar sobre el “aguantar” como única respuesta ante el sistema?

Me interesaba retratar ese “aguantar” como una trampa. Aguantamos por miedo, por rutina o por comodidad. Pero llega un punto en que si solo aguantas, te conviertes en cómplice del sistema que criticas. Quería que mis personajes se vieran obligados a elegir entre seguir aguantando o actuar.

7. El libro está lleno de detalles cotidianos: cafés recalentados, pisos compartidos, sueldos precarios. ¿Por qué era importante anclar la historia en esa realidad tan reconocible?

Porque es la realidad de la mayoría. Yo no quería un thriller de fantasía alejado del lector. Quería que cualquier persona pudiera verse reflejada en esos detalles, en esa precariedad, en esa incomodidad constante. La verdad no solo duele en las grandes esferas, también en la cocina de un piso compartido.

8. ¿Cómo fue para ti, emocionalmente, escribir las escenas en las que se revela el dolor estructural —como el caso de Marta, la hermana de Pedro?

Fueron las más duras, sin duda. Porque tocan fibras muy reales. Marta representa el daño invisible, el que no se ve en las estadísticas. Escribir su historia fue enfrentarme a mis propias emociones sobre la familia, el abandono y la impotencia. Pero era necesario, porque también forma parte de la verdad.

9. ¿Qué reacción esperas que tenga el lector tras leer Eco de Verdad? ¿Más reflexión o más acción?

Espero ambas. Reflexión, porque creo que necesitamos parar y mirar el mundo que estamos construyendo. Pero también acción, porque sin ella todo se queda en una conversación de café. Me gustaría que el lector se hiciera preguntas incómodas… y que después busque sus propias respuestas.

Juan de Haro Soto – Eco de verdad
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