Ricardo Borrero Gavilán: “Todos los caminos terminan llevando a Fortress Flint”

Ricardo Borrero Gavilán: “Todos los caminos terminan llevando a Fortress Flint”

Tus novelas parten de una idea muy sugerente: que la inquietud puede esconderse en la vida cotidiana. ¿Cuándo descubriste que te interesaba más perturbar al lector desde lo reconocible que desde lo puramente fantástico?

Como lector, a mí me inquieta más lo que se siente cercano y reconocible que lo que, por puramente fantástico o irreal, resulta del todo increíble. Y por eso trato de construir mis novelas y mis relatos sobre esa base de (aparente) normalidad. Creo que la suspensión de incredulidad es esencial para que el lector se meta de lleno en las historias. Y, además, la mejor manera de potenciar el impacto de los elementos que no encajan, que son extraños o incluso fantásticos, es hacerlo desde personajes y lugares que el lector podría reconocer en su propia vida. El contraste que se obtiene es muy potente y la sensación que se consigue es mucho más real e intensa que si el lector lo observara todo como un espectador externo que está descubriendo un mundo nuevo que no le es familiar y con el que no tiene ningún vínculo emocional.

Has definido tu estilo como «realismo cotidiano inquietante». ¿Cómo consigues equilibrar la normalidad y lo imposible para que el lector nunca deje de creer en la historia?

Como la mayor parte de los potenciales lectores de mis obras son gente (casi) normal, como yo mismo, es esencial partir de un fuerte anclaje costumbrista, para recordarles continuamente que lo que están leyendo podría pasarles a ellos. Dedico mucho tiempo a que el lector sienta la rutina y la humanidad de los personajes antes de que les ocurra nada extraño. Trato siempre que mis personajes se sientan reales. No me interesan los clichés impostados ni los diálogos poco realistas. Si el lector cree en los personajes, creerá en la grieta que se abre bajo sus pies cuando esta aparezca. Además, también es muy importante que “lo imposible” respete siempre las reglas del mundo que he construido. Sí, las reglas y la coherencia también son esenciales. Todo eso junto es la verdadera base del equilibrio.

Fortress Flint se ha convertido en el corazón de tu universo literario. ¿Qué tiene este territorio ficticio que te sigue inspirando libro tras libro y hasta qué punto es ya un personaje más de tus historias?

Fortress Flint es lo que interconecta todas mis historias. Es la tela de araña donde se van pegando las ideas que luego traslado al papel. Nació en mi cabeza como el concepto de «un lugar con gente casi normal donde ocurren cosas». Hay creadores que diseñan historias que suceden en sitios. Otros escritores definen personajes que viven experiencias en determinados escenarios. Yo solo paseo por un lugar, Fortress Flint, y miro. Y luego escribo lo que veo.

A veces tengo la sensación de que no invento Fortress Flint, sino que solo hago visible algo que siempre ha estado ahí. Soy el escriba de “una” realidad que, además, me encanta. En definitiva, lo que quiero decir es que, en mi caso, es el lugar quien determina lo que va a ocurrir y la gente a la que le va a ocurrir; y no al revés.

Fortress Flint es mi hogar en el papel y la piedra angular de mi universo literario. Se trata de una localidad ficticia estadounidense, frente al Atlántico, donde lo costumbrista y lo inquietante se abrazan como si fueran dos viejos amigos. Es el escenario ideal que, a mí, me hace entrar más fácilmente en las tramas de mis historias y creérmelas, del mismo modo que un niño pequeño entiende y acepta la verdad de un cuento; ya que antes de convencer de nada al lector, yo mismo tengo que creer en lo que escribo. Tan importante se ha vuelto para mí que, ahora mismo, no concibo ninguna historia que me apetezca contar que no ocurra en Fortress Flint.

Stephen King, Steven Spielberg y Alfred Hitchcock forman parte de tu ADN creativo. ¿Qué le has “robado” literariamente a cada uno de ellos?

Sería muy pretencioso decir que he aprendido a hacer lo que ellos hacen. Pero sí sé qué es lo que intento absorber de cada uno de ellos, porque siempre trato de aprender de aquello que más admiro. Por tanto, no puedo negar que sus obras me han influido muchísimo y sería un honor y un privilegio que algo de esa adoración que siento por ellos se hubiera filtrado en mis textos.

El costumbrismo y los personajes reales de King, el sentido de la maravilla, la aventura, la emoción y la nostalgia de Spielberg, la gestión del suspense psicológico y el uso de objetos cotidianos para generar una angustia profunda de Hitchcock. ¡Ojalá alguien perciba un poquito de todo eso en mi obra!

Tu pasión por el cine impregna claramente tu narrativa. ¿Piensas tus novelas primero como imágenes o como palabras?

Como imágenes, sin duda. Sigo un orden que creo que es bastante cinematográfico: imágenes, emociones y palabras. Pienso antes como un director de cine que como un novelista. Construyo mis historias a partir de escenas o secuencias, mucho antes de imaginar el tono de las frases o las tesis detrás de ellas.

Mi objetivo es que el lector no solo lea la historia, sino que la “vea” y permanezca dentro del texto gracias a una estructura planificada visualmente. Si no consigo que el lector mantenga esa sensación de “película”, siento que el libro pierde parte de su magia.

En La máquina de escribir convertías un objeto cotidiano en algo profundamente inquietante. ¿Por qué crees que los objetos aparentemente inocentes generan tanto desasosiego cuando se deforma su significado?

Porque son elementos en los que confiamos ciegamente. No nos los cuestionamos en el día a día. Cuando el uso de un objeto cotidiano y familiar —como una máquina de escribir— deja de obedecer las reglas que esperamos de él y empieza a provocar cosas extrañas, la sensación de seguridad del lector se desmorona —recordándole que no tiene el control sobre su entorno más inmediato—, su inquietud aumenta, su adrenalina se dispara y su curiosidad por saber cómo acabará todo se potencia.

Casi normales destaca por su fuerte componente emocional y nostálgico. ¿Crees que la nostalgia puede ser tan poderosa y perturbadora como el propio misterio?

Si consigues que el lector sienta nostalgia, es que lo has “capturado” por completo en tu texto. Por tanto, estará más dentro de la historia, la vivirá más en primera persona. Y, cuando aparezca el misterio, este será más potente en todos los sentidos.

Casi normales es casi una máquina del tiempo emocional donde exploro muchos conceptos, como la culpa, el arrepentimiento, la violencia sin sentido, la fragilidad de los sueños de juventud, el valor de la amistad y lo poderoso del primer amor. Si a todo eso se lo mira con la perspectiva de un recuerdo similar o paralelo a lo que se describe en el libro, las reflexiones del lector serán más profundas y el impacto emocional final de la obra será más duradero.

Un silbido sin garganta presenta una protagonista sorda y utiliza la música como elemento narrativo esencial. ¿Cómo surgió una premisa tan original y qué retos supuso escribirla?

Surgió del deseo de explorar el aislamiento y la tensión creciente a través de algo ilógico: una mujer sorda que oye silbidos. Y también porque consideré “divertido” atreverme a definir una premisa en la que la música fuera la “protagonista no humana” de la historia, algo que en el medio escrito puede parecer, a priori, entre complicado e imposible.

Sin embargo, utilizar canciones para establecer una comunicación “muy peculiar” y transformar al mismo tiempo a Lauren, la heroína de la novela, demostró ser un acierto. El mayor reto fue, como casi siempre, conseguir generar una atmósfera de suspense psicológico muy inmersiva donde todo resultara creíble, casi plausible, a pesar del componente sobrenatural inherente en la historia.

En Hasta que la muerte nos una exploras la muerte desde perspectivas tan distintas como la culpa, el amor, la redención o la justicia. ¿Qué descubriste sobre la condición humana mientras escribías estos relatos?

Lo cierto es que no diría que descubrí nada nuevo sobre la condición humana con este libro, pero sí que me hizo reflexionar bastante sobre ella para poder exprimir a fondo muchos de los conceptos que trato en el libro. Cada relato explora una visión distinta de la muerte, con sus aristas, con sus matices.

La premisa global es que la muerte, aunque suene paradójico, puede llegar a ser un poderoso vínculo. Además, perdí a una persona muy cercana y especial, y de forma muy inesperada, durante el desarrollo del libro y puedo confirmar que esa dura pérdida me inspiró en algunos pasajes. Incluso la idea de un relato completo surgió de un sueño que tuve en relación a esa persona unos días después de su muerte. El libro está dedicado a mis abuelos y a ella.

Tus lectores suelen destacar la atmósfera de tus obras por encima incluso de las propias tramas. ¿Cómo construyes esa sensación de inquietud que permanece mucho después de cerrar el libro?

En un momento en el que casi todo el mundo busca la inmediatez, la rapidez y la economía de palabras, yo apuesto por la inmersión, las atmósferas y las sensaciones. Para mí es esencial que el lector sienta de un modo profundo lo mismo que sienten los protagonistas. Es la única forma de que las ideas detrás de mis palabras resuenen en ellos tras acabar el libro con la potencia y permanencia que yo deseo.

Por eso creo que la gente que entra en mi universo destaca sus atmósferas. Nunca busco el susto rápido, sino una inquietud progresiva que deje una huella persistente.

Además de tus novelas, mantienes vivo el universo de Fortress Flint a través de tu newsletter Cartas desde Fortress Flint. ¿Qué te aporta ese contacto más directo e íntimo con tus lectores?

He descubierto que para mí es esencial, y muy satisfactorio, poder contar a mis lectores mucho más de Fortress Flint de lo que mis novelas y relatos me permiten hacer. Además, esta newsletter, de suscripción gratuita en Substack, me da la posibilidad de abrir las puertas de mi despacho y compartir las obsesiones e imágenes que sostienen mis historias.

Es un espacio donde puedo reflexionar sobre el proceso creativo y ofrecer a mis lectores relatos complementarios a mis obras entre libro y libro. Es importante para mí que sientan que pueden venir a visitarme a Fortress Flint en cualquier momento y descubrir más sobre “mi ciudad”.

Si un lector que nunca ha leído a Ricardo Borrero Gavilán entrara hoy en Fortress Flint por primera vez, ¿con qué libro le recomendarías comenzar y por qué?

Aunque hay un nexo común en todos ellos en cuanto a tono, estilo y filias, más allá del propio Fortress Flint como escenario, todos mis libros son diferentes y todos tienen algo especial que puede aportar más o menos a según qué lector.

Si al lector le gustan las tramas complejas, con muchas capas, donde el MacGuffin es un elemento cotidiano con la extraña capacidad de manipular el destino, le recomendaría comenzar por La máquina de escribir.

Si es un nostálgico de los ochenta —aunque la historia se ambiente en los sesenta— y de las aventuras juveniles tipo Los Goonies, pero con un toque social y también fantástico, Casi normales es su libro. Además, creo que es ideal para los auténticos amantes del cine, ya que yo suelo definirlo como «mi carta de amor al séptimo arte».

Por otro lado, para los fans de los misterios sobrenaturales más clásicos y directos, pero con un divertido y original toque moderno, Un silbido sin garganta es su novela. Para los lectores que gusten de consumir relatos o historias cortas y que quieran disfrutar de un conjunto enlazado de tramas y personajes que definen bastante bien lo que es Fortress Flint, Hasta que la muerte nos una es la mejor opción.

Y, si todo eso no es suficiente, los animo a todos a asomarse a mi newsletter en Substack, Cartas desde Fortress Flint, donde podrán hacerse una idea de lo que van a encontrar en mis libros, complementando el universo que sigo creando y haciendo crecer cada día con cada nuevo libro, historia, relato o carta.

En realidad, el orden importa menos de lo que parece. Todos los caminos terminan llevando al mismo lugar: Fortress Flint. Y espero que, cuando un lector llegue allí por primera vez, sienta que acaba de descubrir un sitio al que va a querer volver.

Ricardo Borrero Gavilán - Hasta que la muerte nos una
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