Miryam Moya, nos habla sobre su obra «Vacaciones al infierno. Madeleine McCann: La historia no contada»
- ¿Qué le motivó a escribir este libro sobre el caso de Madeleine McCann después de casi dos décadas de su desaparición?
Lo que me motivó a escribir este libro es lo mismo que me mueve en mi trabajo como forense: la necesidad de encontrar respuestas basadas en pruebas, no en titulares. Durante casi dos décadas, la desaparición de Madeleine McCann ha sido tratada como un enigma impenetrable, pero cuando empiezas a analizar los documentos originales, los informes forenses y las declaraciones, te das cuenta de que hay cosas que no encajan, detalles que se han ignorado y una narrativa oficial que ha sido cuidadosamente construida para que no se cuestione.
Desde el principio, la investigación estuvo marcada por errores que, más que accidentales, parecen casi diseñados para que no se llegara a la verdad. La escena del crimen se contaminó desde el primer momento, se descartaron líneas de investigación sin explorarlas a fondo, la prensa británica se encargó de dictar el relato y, lo más preocupante, las pruebas más contundentes fueron ignoradas o desacreditadas. Y aquí está la clave: si realmente se buscara justicia, ¿por qué ciertas pruebas nunca se tomaron en serio?
El título del libro es claro. Vacaciones al Infierno no es un relato más sobre el caso, es la historia no contada. La que no se quiere leer. La que incomoda. Aquí no hablo de teorías sin fundamento, hablo de hechos: las contradicciones en las declaraciones de los padres y su grupo de amigos, las alertas de los perros forenses en puntos clave, los análisis de fluidos en el apartamento y en el coche alquilado por los McCann semanas después de la desaparición, las llamadas eliminadas la noche en cuestión. Pruebas. Datos. No suposiciones. Y cuando unes los puntos, lo que surge no es un cuento de hadas, sino algo mucho más oscuro.
Este caso es único, no solo por su impacto mediático, sino por la manera en que se ha manejado. Desde el primer momento, la versión del secuestro se convirtió en un dogma incuestionable. Se blindó a los padres, se impuso un solo discurso y cualquiera que intentara analizar otras posibilidades fue señalado como un conspiranoico. No se permitió la duda. Y cuando la duda es censurada, lo que suele estar en juego no es la verdad, sino el control de la narrativa.
Mi trabajo en el ámbito forense me ha enseñado que la primera versión de los hechos rara vez es la verdadera. La verdad se construye con datos, con rastros, con lógica. Y eso es lo que he hecho en este libro: exponer los hechos tal como son, sin adornos, sin omitir lo incómodo, sin ceder a la presión de lo políticamente correcto. Lo que aquí se presenta no es una teoría, es un análisis forense de lo que se ha contado y lo que se ha ocultado.
La prensa jugó un papel clave en la percepción pública del caso. Se encargó de imponer una historia y de sepultar cualquier otra posibilidad. Cuando los medios se convierten en jueces, la justicia pierde su rumbo. Lo he visto en otros casos internacionales en los que he trabajado: las primeras horas son cruciales, y en este caso, esas primeras horas estuvieron llenas de irregularidades que no se han querido examinar en profundidad.
Sé que este libro va a levantar ampollas. No busco complacer a nadie, busco que la gente piense por sí misma. Después de leerlo, el lector tendrá una idea clara y fundamentada de lo que realmente ocurrió. Y aviso: no es lo que nos han contado.
- Siendo experta forense, ¿cuáles cree que fueron los mayores errores en la investigación inicial del caso?
Desde el primer momento, la investigación estuvo llena de errores que marcaron el destino del caso. Algunos fueron fallos evidentes, otros fueron decisiones difíciles de justificar y, en algunos casos, lo que ocurrió parece más bien una estrategia de distracción que un error genuino. Lo primero y más grave fue la contaminación de la escena del crimen. El apartamento 5A se convirtió en un desfile de gente: policías, turistas, empleados del resort, amigos de los McCann, sin ningún control forense. Para cuando se estableció un perímetro de seguridad, cualquier rastro útil había sido destruido.
Pero el mayor problema no fue la torpeza, sino la rapidez con la que se impuso una única hipótesis: el secuestro. Se cerró cualquier otra línea de investigación antes de explorarla, lo que va en contra de cualquier procedimiento forense serio. Y aquí es donde entran las contradicciones en las declaraciones, pequeños detalles que cambiaban con el tiempo y que, en lugar de analizarse a fondo, fueron aceptados sin más.
La presión mediática fue otro factor clave. La prensa británica no solo cubrió el caso, lo dirigió. Se crearon héroes y villanos en cuestión de horas. Se alimentó la idea de que Portugal no estaba capacitado para llevar la investigación, y cualquier cuestionamiento a los padres se convirtió en un ataque personal, en lugar de una línea de investigación legítima.
Pero hay algo que pocos mencionan: la influencia política. Este no fue un caso manejado con normalidad. Hubo presiones diplomáticas, intervenciones de altos mandos, estrategias de comunicación que no son habituales en una desaparición. Y cuando un caso de este tipo se maneja con más intereses políticos que policiales, la verdad suele ser la primera víctima.
Los errores fueron muchos, pero lo realmente inquietante es preguntarse: ¿fueron simplemente errores o hubo un esfuerzo deliberado por desviar la atención? Porque cuando analizas el caso con frialdad forense, las piezas no encajan como nos han querido hacer creer.
- El título del libro sugiere que hay verdades incómodas por revelar. ¿Puede adelantar qué tipo de evidencias destaca en su obra?
El título del libro no es casualidad. Vacaciones al Infierno: La historia no contada sugiere exactamente lo que el lector encontrará en sus páginas: las verdades incómodas que han sido enterradas durante casi dos décadas.
Este no es un libro de especulaciones. Aquí hay pruebas, datos concretos, informes forenses, testimonios y detalles que han sido ignorados o, peor aún, desacreditados a propósito. No es una historia construida sobre conjeturas, sino sobre hechos.
Por ejemplo, en el libro analizo en profundidad las declaraciones de los padres y su grupo de amigos, los famosos Tapas 9. Si alguien se toma el tiempo de compararlas una por una, verá que hay incoherencias preocupantes. Versiones que cambian, recuerdos que se modifican con el paso del tiempo, detalles que contradicen la versión oficial. Y no estamos hablando de olvidos sin importancia, sino de elementos clave sobre la noche de la desaparición.
Otro aspecto que expongo son las pruebas forenses que nunca se quisieron tomar en serio. Los perros especializados en detección de cadáveres marcaron lugares específicos, tanto en el apartamento como en un coche alquilado semanas después. ¿Por qué se desestimaron esos hallazgos? ¿Por qué se minimizó el valor de una evidencia que en cualquier otro caso se consideraría crucial?
Y luego están las llamadas telefónicas eliminadas. Registros que desaparecieron justo en las horas clave. Mensajes que no aparecen. Actividades sospechosas en los teléfonos de ciertos involucrados. ¿Es normal que en un caso de desaparición se borren registros de comunicaciones esenciales? ¿O es más bien una estrategia para asegurarse de que nadie pueda rastrear ciertos movimientos?
Estos son solo algunos ejemplos de lo que revelo en el libro. Pero lo más importante es esto: cuando uno junta todas las piezas, cuando se analiza todo con frialdad forense, la versión oficial se desmorona.
Al final del libro, la pregunta no es si hay algo que no nos han contado, sino por qué han hecho tanto esfuerzo en ocultarlo. Y cuando llegas a la última página, la respuesta es clara. Mucho más clara de lo que han querido que creamos.
- Ha trabajado en casos internacionales y controversiales. ¿Qué tiene este caso en particular que lo hace tan fascinante y mediático?
El caso de Madeleine McCann es único, no solo por la desaparición en sí, sino por todo lo que ha ocurrido después. Es el caso de desaparición más mediático de la historia moderna, pero lo que lo hace aún más fascinante es cómo se ha gestionado la información y quiénes han controlado el relato.
Desde el primer momento, la desaparición de Madeleine no fue tratada como un caso criminal cualquiera, sino como un espectáculo mediático. Hubo un despliegue informativo sin precedentes, contactos políticos de alto nivel y una narrativa que se impuso antes de que siquiera existiera una investigación seria. Esto es algo que rara vez ocurre en casos similares.
Otro aspecto que hace que este caso sea tan intrigante es la cantidad de irregularidades e inconsistencias en las versiones oficiales. En cualquier otra investigación, cuando hay testimonios contradictorios, pruebas que no encajan y evidencia forense que sugiere otra línea de investigación, la policía tiene la obligación de seguir todas las pistas. Pero en este caso, parecía que solo se permitía una versión: la del secuestro.
También hay un factor que muchos pasan por alto: el poder de la prensa y la influencia política. Nunca antes habíamos visto cómo un caso de desaparición infantil se manejaba con un nivel tan alto de protección hacia ciertos involucrados. La rapidez con la que se desacreditaban preguntas legítimas y se ridiculizaba cualquier duda no es algo habitual en investigaciones criminales. Cuando ves que un caso se convierte en un tema intocable, la pregunta no es solo qué pasó con Madeleine, sino qué es lo que están tratando de proteger.
En mi trayectoria como forense, he trabajado con casos complejos, internacionales, con muchos intereses de por medio. Pero este caso es diferente. Aquí no solo importa lo que pasó aquella noche, sino quién ha decidido qué podemos y qué no podemos saber. Y esa es una de las preguntas más inquietantes que planteo en el libro.

- ¿Cómo combina su experiencia profesional con la narrativa en sus libros para atraer tanto a expertos como a lectores interesados en crímenes reales?
Mi objetivo al escribir este libro ha sido combinar el rigor forense con una narrativa que atrape al lector, tanto a los expertos en criminología como a quienes simplemente sienten curiosidad por la verdad. No basta con exponer datos fríos; hay que darles contexto, analizarlos y, sobre todo, hacer que el lector se haga preguntas.
A lo largo de mi trayectoria, he aprendido que los casos más oscuros no son siempre los que tienen más pruebas, sino los que tienen demasiadas preguntas sin respuesta. Y eso es lo que ocurre con la desaparición de Madeleine McCann. En este libro, aplico la misma metodología que en cualquier investigación forense: examinar las pruebas, contrastar testimonios, descartar las mentiras y seguir los hechos, caiga quien caiga.
Pero un libro no es un informe forense. No quería que fuera solo una recopilación de datos técnicos, sino una historia que obligue al lector a conectar los puntos. No impongo una verdad, pero sí expongo lo que ha sido ignorado, minimizado o manipulado.
El caso de Madeleine McCann es como un puzle en el que algunas piezas han sido eliminadas a propósito. Lo que he hecho en este libro es recoger esas piezas, ordenarlas y dejar que hablen por sí solas. Al final, las conclusiones no las impongo yo, las dicta la evidencia. Y una vez que el lector las ve, no puede volver a mirar este caso de la misma manera.
- ¿Qué impacto cree que ha tenido el enfoque mediático en la percepción pública de la desaparición de Madeleine?
El impacto mediático en este caso ha sido abrumador y, en muchos sentidos, ha definido por completo la percepción pública de la desaparición de Madeleine McCann. Desde el primer momento, la prensa no solo informó sobre los hechos, sino que construyó un relato. Un relato donde los padres fueron intocables, donde la única versión aceptable era la del secuestro y donde cualquier otra línea de investigación fue desacreditada y ridiculizada.
En los primeros días de cualquier desaparición, la cobertura mediática puede ser clave para la búsqueda, pero aquí ocurrió algo diferente. La prensa británica tomó el control del caso antes incluso de que la policía portuguesa pudiera llevar a cabo una investigación estructurada. Se protegió a ciertos involucrados, se manipuló la información y se atacó ferozmente a cualquiera que pusiera en duda la historia oficial.
Y aquí es donde entra un elemento fundamental: el poder de la influencia. Los McCann tenían contactos en altas esferas políticas y mediáticas, lo que hizo que su caso se manejara de manera completamente diferente a cualquier otro. Mientras miles de niños desaparecen cada año sin que se les dedique más que unas líneas en los periódicos, el caso de Madeleine se convirtió en una historia de cobertura diaria, con recursos que no se suelen movilizar para desapariciones infantiles. ¿Por qué? ¿Qué tenía este caso de especial?
Lo más inquietante es que esta presión mediática no ayudó a esclarecer los hechos, sino que enterró las preguntas incómodas. Las pruebas que no encajaban fueron descartadas, las declaraciones contradictorias se justificaron y la prensa se convirtió en una herramienta de control de la narrativa. En lugar de investigar todas las hipótesis, se impuso una única versión, la que beneficiaba a quienes tenían el poder de influir en los medios.
El resultado es que, hoy en día, muchas personas siguen convencidas de que la desaparición de Madeleine es un misterio sin respuesta. Pero la realidad es otra: no es que falten respuestas, es que nunca se ha permitido que se hagan las preguntas correctas. Y esa es la verdadera tragedia de este caso.
- En su opinión, ¿qué rol desempeñan las teorías conspirativas en casos como este? ¿Ayudan a abrir nuevas líneas de investigación o las dificultan?
Las teorías conspirativas siempre aparecen en casos sin resolver, especialmente cuando hay irregularidades en la investigación. Pero el problema con el caso de Madeleine McCann es que todo lo que no encaja ha sido tachado de conspiración, cuando en realidad hay preguntas legítimas sin responder.
Cuando un caso está lleno de contradicciones, pruebas ignoradas y cambios en las declaraciones de los testigos clave, es lógico que la gente busque explicaciones. Lo inquietante es cómo se ha manejado esto: cualquier intento de cuestionar la versión oficial ha sido desacreditado de inmediato. La etiqueta de «teoría conspirativa» ha servido para cerrar debates, para evitar que se miren ciertos aspectos del caso con el rigor que merecen.
Y aquí hay un punto clave: cuando una versión de los hechos se convierte en un dogma intocable, en lugar de una hipótesis abierta a pruebas y análisis, es cuando más deberíamos cuestionarla.
Este libro no es una teoría, es una investigación basada en hechos. No se trata de especular, sino de examinar qué se nos ha contado y qué se ha evitado que sepamos. No es una conspiración decir que las declaraciones de los padres y sus amigos contienen contradicciones graves. No es conspiración señalar que los perros detectores marcaron lugares clave y que esa evidencia fue desestimada. No es conspiración preguntarse por qué hubo registros telefónicos eliminados justo en las horas cruciales.
La verdadera pregunta es: ¿qué ocurre cuando una línea de investigación se censura sistemáticamente?
Las teorías sin fundamento pueden distraer de la verdad, sí. Pero la negación de los hechos incómodos es aún más peligrosa. Porque cuando un caso se protege con tanta fuerza de ser analizado desde otras perspectivas, hay que preguntarse: ¿qué es lo que realmente se está ocultando?

- ¿Qué cree que puede aportar este libro a la conversación sobre el caso y a la percepción del público?
Este libro aporta algo que ha faltado en la conversación sobre el caso de Madeleine McCann: una visión forense, objetiva y sin censura. No repite lo que ya se ha dicho mil veces, ni se queda en la superficie. Lo que hago es poner todas las piezas sobre la mesa, incluidas aquellas que se han ocultado o minimizado, y permitir que los hechos hablen por sí solos.
Durante casi dos décadas, hemos visto cómo la versión oficial se ha convertido en una verdad incuestionable, protegida por la prensa, los círculos políticos y ciertos sectores de la opinión pública. Pero, cuando te detienes a analizar las pruebas de manera rigurosa, descubres que hay una realidad que nunca se ha querido exponer completamente.
Lo que este libro ofrece es la posibilidad de mirar más allá del relato impuesto. Examina las pruebas físicas, las contradicciones en los testimonios, los errores en la investigación y la influencia mediática que ha dirigido la narrativa del caso. No impongo una verdad, pero dejo al lector con los elementos necesarios para que saque sus propias conclusiones.
Y lo más importante: al final del libro, hay una idea clara y fundamentada sobre lo que realmente ocurrió. No porque yo lo diga, sino porque la propia evidencia lo sugiere de manera contundente.
Este libro no es solo una historia sobre la desaparición de Madeleine. Es una invitación a cuestionar, a pensar, a analizar los hechos sin filtros. Porque la verdad está ahí, solo que hasta ahora, nadie ha querido contarla de esta manera.
- En su trayectoria, ha investigado otros casos icónicos. ¿Qué aprendizajes de esas experiencias ha podido aplicar en este libro?
Cada caso que he investigado a lo largo de mi carrera me ha enseñado algo, pero si hay una lección que se repite una y otra vez es que la primera versión que se cuenta rara vez es la verdadera. La desaparición de Madeleine McCann no es una excepción.
En otros casos internacionales, he visto cómo los medios pueden moldear la opinión pública hasta el punto de hacer que la gente acepte una historia sin cuestionarla. He visto investigaciones en las que ciertos sospechosos son protegidos mientras que otros son expuestos sin pruebas. He visto cómo la política puede influir en una investigación criminal, desviando la atención de donde realmente debería estar. Todo eso también ocurre en el caso de Madeleine.
La experiencia me ha enseñado a detectar patrones, a identificar cuando una versión se ajusta más a una estrategia mediática que a la realidad forense. Y en este caso, lo que salta a la vista es que hay demasiados elementos que han sido ignorados, demasiados cabos sueltos que nunca se han intentado atar.
Este libro es el resultado de aplicar todo lo que he aprendido en otros casos a uno de los misterios más mediáticos de nuestra era. No me baso en suposiciones, sino en la evidencia. Y cuando se miran los hechos desde una perspectiva forense, sin el ruido de los medios, sin la presión de lo políticamente correcto, se llega a una conclusión clara.
El problema nunca ha sido que no existan respuestas. El problema es que se ha hecho todo lo posible para que no las busquemos en el lugar correcto.
- Para finalizar, ¿qué tal ha sido la experiencia publicando con la editorial Círculo Rojo?
Publicar con Círculo Rojo ha sido una experiencia positiva porque me ha permitido contar esta historia sin filtros ni censura. Sabía que este libro no iba a ser fácil de publicar, que iba a levantar ampollas, y necesitaba una editorial que me diera libertad total para exponer los hechos con la crudeza y el rigor que merece el caso.
Círculo Rojo ha cumplido en ese sentido, dándome el espacio para presentar mi investigación tal y como debía ser contada, sin presiones ni modificaciones innecesarias. Como autora, lo más importante es que el libro llegue al público tal como lo concebí, con toda la documentación, los análisis forenses y las pruebas que nadie ha querido mirar con atención.
En definitiva, ha sido un proceso serio y profesional. Ahora lo importante es que el libro cumpla su propósito: que el lector lo lea, lo analice y saque sus propias conclusiones. Porque al final, lo fundamental no es cómo se ha publicado este libro, sino lo que revela.
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Myriam Moya ha tenido la valentía de indagar en un tema tabú. Como forense, ha sabido unir las piezas clave y explorar un camino inexplorado en la investigación, uno que, probablemente, habría llevado a un desenlace muy distinto.
Confío en la imparcialidad de Myriam y estoy deseando conocer los datos que aporta, aquellos que otros han pasado por alto… ¿o deberíamos decir encubierto?
En esta investigación, deberían considerarse todas las posibilidades. Creo que vale la pena leer lo que esta obra revela, porque Madeleine merece que se sepa la verdad, por dura que sea.