La novela negra que demuestra que el peor enemigo no siempre está en la escena del crimen

La novela negra que demuestra que el peor enemigo no siempre está en la escena del crimen

En Trauma continúas la serie de la inspectora Lucía Alcaraz. ¿Qué te pedía este nuevo caso que no te habían exigido las novelas anteriores de la saga?
Esta es la segunda novela de la saga, que comenzó con La memoria de los justos. En esta ocasión el caso se desarrolla en suelo urbano, en la ciudad de Cartagena, donde resido. Quería que el peso recayera totalmente en Lucía. El desafío principal ha sido profundizar mucho más en el aspecto psicológico que en la anterior entrega.

Sueles definirte como “creador de historias” más que como autor de un género concreto. ¿Qué te aporta esa libertad a la hora de construir una novela como Trauma?
No planifico el género antes de empezar. En este caso, al tratarse de una saga sobre una inspectora de homicidios, puede encuadrarse en la novela negra, pero no me gusta ceñirme a ningún canon. Cuando comienzo una historia, lo primero es que me guste a mí. Si no me convence, no la escribiría. Nunca cierro el final de antemano; dejo que los acontecimientos y los personajes me lleven. Esa libertad me permite sorprenderme con cada historia.

El concepto del trauma atraviesa toda la obra, no solo como tema policial sino como herida personal. ¿Qué te interesaba explorar realmente: el crimen o las consecuencias emocionales que deja?
Ambas cosas. No me interesan las historias planas ni construidas sobre un único hecho simple. Me gusta trabajar por capas. Como en la vida, nada es completamente blanco o negro; siempre hay matices. En el fondo, es una historia dentro de otra.

La novela juega con dos tiempos narrativos, pasado y presente. ¿Por qué consideras importante esa estructura para contar esta historia en particular?
Forma parte de la identidad de la saga. En la primera novela el pasado era más lejano y estaba narrado desde la voz de la madre. Aquí solo hay una primera persona: la inspectora. El pasado está contado en tercera persona y resulta clave para entender lo que sucede en el presente. También es una manera de mantener la atención del lector. No sé si la historia lo exigía de forma estricta, pero encaja con mi forma de narrar.

Lucía Alcaraz es una inspectora marcada por su propia historia familiar. ¿Hasta qué punto crees que un investigador puede separar su vida personal de los casos que investiga?
Es imposible. Quería que Lucía fuera alguien normal, no una heroína ni un personaje por encima del bien y del mal. Tiene su vida, sus preocupaciones y sus anhelos. Es una gran profesional, sabe lo que quiere y cuándo lo quiere, pero no le resulta fácil compaginar su vida personal con el trabajo. Es humana, y así debía mostrarse.

En Trauma el suspense convive con una fuerte carga psicológica. ¿Dónde pones tú el límite entre entretener al lector y obligarlo a mirar zonas incómodas?
Para mí es fundamental que una historia haga pensar, que obligue a mirar hacia dentro y a cuestionar comportamientos que vemos a diario. Supongo que esa carga psicológica es una seña de identidad como escritor. Busco una explicación, por difícil que sea, a las acciones de mis personajes, aunque en la realidad no siempre exista una respuesta clara.

Has escrito terror, ciencia ficción, novela negra y suspense. ¿Qué tiene el género negro que lo hace especialmente adecuado para hablar de culpa, memoria y dolor?
No lo había reflexionado antes, pero quizá el género negro lo hace todo más veraz. Cuando empiezo una historia no pienso en el género; eso surge después. Me centro en el tema y en cómo lo abordaría yo. La realidad es la mejor fuente de inspiración. Como decía un escritor conocido: hay que mantenerse atento a lo que nos rodea.

El lector se enfrenta a crímenes que no siempre son lo que parecen. ¿Te interesa más sorprender con el “cómo” o con el “por qué” de lo ocurrido?
Las dos cosas son importantes. El “cómo” evita que la historia resulte previsible; el “por qué” aporta sentido y deja al lector en paz. No todas las tramas tienen un motivo claro, pero a mí me gusta encontrarlo: en el pasado, en un trastorno, en una venganza. Forma parte de mi manera de entender las historias.

Regresas a la editorial Círculo Rojo con esta obra. ¿Qué ha significado para ti este regreso a nivel creativo y profesional?
No fue un regreso planificado. No he tenido suerte en otras tentativas editoriales y no he encontrado ninguna que me llenara. Con Círculo Rojo sé lo que voy a encontrar. Me aporta seguridad y tranquilidad.

Después de tantos relatos y novelas, incluida Trauma, ¿sientes que escribes para responder preguntas… o para formularlas mejor?
Creo que escribo para hacérmelas yo mismo. Empiezo porque el tema me interesa. Todo está inventado, pero lo que me impulsa es poner el foco en la pregunta adecuada. Soy curioso y me atraen muchos temas, aunque no siempre tenga la mejor respuesta para ellos.

Juan Aparicio Pérez – Trauma
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