Goya, Ortega y un “friki” frente al espejo: el libro que desmonta la solemnidad del arte

Goya, Ortega y un “friki” frente al espejo: el libro que desmonta la solemnidad del arte

El título del libro es muy llamativo: Goya, una almohada, un filósofo y un friki. ¿Cómo nace esa combinación tan poco habitual?

Goya pone la mirada crítica, la almohada aporta los sueños, el filósofo las preguntas y el friki la curiosidad incansable. El libro nace de la conversación imaginaria entre esos cuatro personajes para explorar la historia, el presente y el futuro del arte desde una perspectiva diferente.

«Nace de querer cruzar la alta cultura con el mundo contemporáneo y cotidiano.

Goya es el misterio y el arte; el filósofo aporta la reflexión profunda; el friki pone la constancia, el orden como sistema , la obsesión tecnológica y el toque pop; y la almohada es el rincón de los sueños y lo cotidiano.

Quería demostrar que los grandes enigmas no se resuelven solo en despachos académicos, sino cruzando miradas que parecen no tener nada en común. Es un choque que hace que la historia sea inteligente, pero sobre todo, muy divertida.»

En la obra no se acerca a Goya solo desde el análisis artístico, sino casi desde una convivencia interior. ¿Qué significa para usted “vivir a Goya”?

«Significa no mirar el cuadro, sino al hombre. Conectar con sus miedos, sus obsesiones y su genialidad desde dentro. Para mí, Goya no es historia del arte; es un compañero de piso con el que dialogas en silencio.»

¿Por qué Goya sigue siendo un artista tan incómodo, moderno y necesario para mirar nuestro presente?

«Porque Goya fue el primer cronista de nuestras miserias. Retrató las fake news de su época, el fanatismo y la violencia con una crudeza que hoy vemos en los telediarios. No adorna la realidad; te la estampa en la cara, y eso siempre incomoda.»

Ortega y Gasset ocupa un lugar central en el libro. ¿Qué encontró en su pensamiento raciovitalista para usarlo como puente hacia la obra de Goya?

«Que ambos sabían que la vida es una verdad radical que no cabe en un despacho. Ortega pone las ideas y Goya los ojos; el raciovitalismo es el puente que une la mente del filósofo con las vísceras del pintor.»

En el libro aparece mucho la idea de la perspectiva: mirar una obra no solo desde fuera, sino desde la vida, la circunstancia y la experiencia del espectador. ¿Cree que cada lector contempla a Goya de una manera distinta?

«Totalmente. Como decía Ortega, ‘yo soy yo y mi circunstancia’. Goya no es un objeto estático, es un espejo. Dependiendo de si estás en un momento de plenitud o de crisis, verás algo distinto en el mismo lienzo. No vemos a Goya como es, lo vemos como somos nosotros.»

La obra mezcla ensayo, reflexión filosófica, autobiografía, citas, digresiones e ironía. ¿Le interesaba romper con el formato académico tradicional?

«Por supuesto. El formato académico tradicional a menudo congela el arte, lo mete en una vitrina y le quita el oxígeno. Yo quería todo lo contrario: un libro vivo. Goya y Ortega no eran hombres de despacho aburrido; eran pura pasión, contradicción e ironía. Para hablar de ellos, el formato tenía que ser igual de libre.»

Usted se define irónicamente como “friki” dentro del propio título. ¿Qué papel juega ese “friki” en el diálogo entre Goya y Ortega?

«El friki es el que tiene la pasión desmedida, el que no se conforma con la superficie y busca el dato hiperespecífico que a todos se les escapa. En el libro, es el puente perfecto: desbanca la solemnidad del filósofo y humaniza la genialidad de Goya. Al final, un friki es solo alguien que ama algo sin pedir disculpas, y para entender a Goya hace falta esa misma locura.»

Wilko von Prittwitz - Goya Una almohada un filósofo y un friki
Wilko von Prittwitz – Goya Una almohada un filósofo y un friki

Hay una frase muy potente asociada a su trayectoria: “aprender a dejar de querer gustar”. ¿Qué importancia tiene esa idea en su vida y en su obra artística?

«Toda. Buscar el aplauso constante es la muerte de la creatividad; te vuelve predecible y cobarde. Cuando dejas de querer gustar a todo el mundo, por fin eres libre de pintar o, en este caso, de escribir lo que de verdad sientes. Goya lo hizo en sus Pinturas Negras: pintó para él, sin importarle el juicio ajeno. Ahí nace el arte de verdad.»

Como artista multidisciplinar, docente y pensador, ¿desde qué lugar escribe este libro: desde el pintor, desde el profesor, desde el filósofo o desde el hombre que mira hacia dentro?

«Escribo desde todos ellos a la vez, porque son imposibles de separar. Pero si tuviera que elegir el motor principal,pinto, dibujo, escribo desde el hombre que mira hacia dentro. El pintor pone la mirada, el filósofo las preguntas y el profesor las ganas de compartir, pero es el ser humano, con sus dudas y sus miedos, el que necesita hablar con Goya para entender su propia vida.»

Goya es presentado como un creador lleno de claroscuros, sarcasmo, dolor, crítica y libertad. ¿Qué parte de Goya siente más cercana a su propia forma de crear?

«Me quedo, sin duda, con su libertad unida al sarcasmo. Goya utilizaba la ironía y el humor negro no para hacer un chiste fácil, sino como un bisturí para diseccionar la realidad y denunciar la hipocresía. En mi obra busco lo mismo: usar el humor y la mezcla de géneros como un acto de absoluta libertad creativa, sin pedir permiso a las normas establecidas.»

En la sinopsis se habla de una obra “irreverente, lúcida, íntima y existencial”. ¿Qué le gustaría que sintiera el lector al cerrar el libro?

«Me gustaría que sintiera un cortocircuito. Que cierre el libro con una sonrisa por la irreverencia, pero con la cabeza dando vueltas por la parte existencial. Sobre todo, quiero que sienta ganas de ir corriendo a un museo a mirar a Goya no como un cuadro lejano, sino como un tipo que le está hablando directamente a él.»

Después de esta conversación con Goya y Ortega, ¿qué cree que nos pueden enseñar hoy el arte y la filosofía sobre la forma de vivir, pensar y mirar el mundo?

«Nos enseñan a no ser autómatas. Hoy el mundo nos pide reacciones rápidas, ‘likes’ y pensamiento masticado. La filosofía de Ortega nos enseña a pensar por nosotros mismos y el arte de Goya a mirar sin filtros. Juntos nos recuerdan que vivir no es solo consumir el presente, sino cuestionarlo, mancharse las manos y, sobre todo, permanecer despiertos.»

Wilko von Prittwitz - Goya Una almohada un filósofo y un friki
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