Wilko Von Prittwitz firma una obra inclasificable, libre y profundamente personal donde Goya deja de ser solo un genio de museo para convertirse en una presencia viva, incómoda y actual. Goya, una almohada, un filósofo y un friki mezcla arte, filosofía, ironía y confesión para recordarnos que mirar una obra también puede ser una forma de mirarnos a nosotros mismos.