No es una historia de amor. Es algo más incómodo —y más necesario—: la historia de cómo aprendemos a amar después de rompernos. Ese es el punto de partida de A través de mis latidos, la obra con la que Alba Regueiro irrumpe con una voz honesta, cercana y sin maquillaje emocional. Aquí van cinco motivos claros para leerla.
1. Porque no romantiza el dolor: lo atraviesa.
El libro nace de un desengaño, pero no se queda ahí. Va a lo que ese golpe destapa: duelos no resueltos, cansancio emocional y la necesidad urgente de parar. Regueiro no convierte el sufrimiento en espectáculo; lo comprende y lo transforma.
2. Porque Lucía no es un personaje: es un espejo.
Lucía funciona como un alter ego colectivo. No es solo la autora, es la suma de muchas historias reales. Por eso conecta: habla de emociones universales —apego, culpa, miedo a repetir errores— sin pedir permiso.
3. Porque pone nombre a lo que suele callarse.
Maltrato emocional, dependencia, dificultad para perdonarse, relaciones que erosionan. El texto no esquiva nada ni dramatiza de más. Observa, explica y aporta luz. Sin morbo. Sin victimismo.
4. Porque defiende algo radical: la paz.
Tras el caos, el libro elige con claridad. No el amor que quema, sino el que sostiene. Límites, amor propio y decisiones conscientes. En un panorama que glorifica el drama, esta apuesta es un soplo de aire.
5. Porque se cierra sin épica, pero con calma.
No deja euforia; deja paz. La certeza de que el dolor no es un final, sino un tránsito. Y que siempre hay un lugar al que volver cuando todo se desordena: uno mismo.
En definitiva, A través de mis latidos no se lee para pasar el rato. Se lee para entenderse. Para aligerar peso. Para comprobar que, cuando alguien escribe lo que tú no supiste decir, algo por dentro se recoloca. Eso no es literatura menor. Es literatura que importa.
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