Entró en el infierno del juego… y volvió para contarlo sin mentiras
Hay novelas que entretienen y otras que incomodan porque dicen la verdad. Redención pertenece al segundo grupo. No es una historia amable ni complaciente, pero sí necesaria. Juan Miguel Murcia Merlos escribe desde un lugar que pocos autores pueden ocupar sin impostura: el de quien ha vivido el infierno que narra y ha vuelto para contarlo. Estos son cinco motivos claros por los que hay que leerlo.
1. Porque no escribe sobre la ludopatía: escribe desde ella
Redención no nace de la documentación fría, sino de la experiencia directa. Su autor, Juan Miguel Murcia Merlos, fue ludópata y hoy es terapeuta especializado en adicción al juego. Esa doble mirada —la del enfermo y la del profesional— convierte la novela en un retrato brutalmente honesto de la enfermedad. Aquí no hay clichés ni romanticismo: hay verdad.
2. Porque explica lo que casi nadie entiende de la adicción
La ludopatía suele juzgarse como vicio, falta de voluntad o irresponsabilidad. Redención desmonta esa idea página a página. La novela muestra el mecanismo interno de la adicción: la mentira, la culpa, el autoengaño, la pérdida progresiva de límites. Leerla no solo sacude al jugador; también educa al familiar, al amigo y al lector ajeno al problema.
3. Porque es una novela, no un manual de autoayuda
Murcia Merlos deja claro algo fundamental: no pretende dar recetas ni soluciones mágicas. Redención es ficción narrativa, con personajes, tensión y una estructura que atrapa. Precisamente por eso impacta más. El lector no recibe lecciones; vive la caída, el miedo y la oscuridad desde dentro, y esa experiencia es mucho más poderosa que cualquier discurso teórico.
4. Porque denuncia sin miedo un sistema que alimenta la enfermedad
El libro no se limita al drama individual. Señala responsabilidades más amplias: el entorno, la normalización del juego, los intereses económicos y políticos que sostienen una industria basada en la adicción. Esta dimensión social convierte a Redención en una novela incómoda, valiente y necesaria, que no se conforma con contar una historia personal.
5. Porque demuestra que la redención existe, pero no es fácil
El mayor acierto del libro es no vender finales felices prefabricados. La redención que propone no es rápida ni limpia. Es un proceso doloroso, lleno de recaídas, miedo y decisiones difíciles. Pero existe. Y ese mensaje, contado sin edulcorantes, puede ser un punto de inflexión para quien esté al borde o para quien quiera comprender de verdad esta enfermedad.

En definitiva, Redención no es una lectura ligera ni pretende serlo. Es una novela que remueve, incomoda y deja huella. Escrita desde la experiencia, la culpa y la responsabilidad, demuestra que contar la verdad —aunque duela— también puede salvar vidas. Y en literatura, eso no es poco.
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