La caja olvidada que destapa un secreto familiar enterrado durante décadas
Hay novelas que cuentan una historia. Y hay otras que excavan en las heridas del tiempo para descubrir qué queda de nosotros cuando los recuerdos comienzan a desaparecer. Yo andaré la tierra, de José Manuel Pons Peón, pertenece a esta segunda categoría: una obra que combina el misterio familiar, la novela histórica y la emoción más humana para construir un relato donde el pasado se resiste a morir.
El protagonista es Marcelino, un archivero acostumbrado a ordenar la memoria de los demás. Su trabajo consiste en clasificar documentos, preservar historias y poner orden en los rastros del tiempo. Sin embargo, cuando una vieja caja de nogal aparece en su vida y su madre, víctima del alzhéimer, comienza a repetir insistentemente un nombre desconocido —Bolillo—, todo aquello que creía saber sobre su propia familia empieza a resquebrajarse.
La novela parte de una pregunta tan sencilla como devastadora: ¿qué ocurre cuando la verdad depende de una memoria que se está apagando? A partir de ese punto, Pons Peón despliega una investigación íntima que lleva al lector desde los silencios de una residencia de ancianos hasta algunos de los episodios más convulsos de la historia española del siglo XX.
Las cuencas mineras de Barruelo de Santullán y la Revolución de Octubre de 1934 sirven como escenario de una primera parte marcada por la tensión social, la violencia y las lealtades rotas. Más adelante, el relato viaja hasta las heladas tierras rusas donde la División Azul dejó algunas de las páginas más controvertidas y desconocidas de la historia contemporánea española. Allí, entre el frío, la guerra y la supervivencia, se forja un drama humano que acabará condicionando varias generaciones.
Pero Yo andaré la tierra no es únicamente una novela histórica. Su verdadero corazón late en la exploración de los vínculos familiares y en la forma en que los secretos heredados moldean nuestras vidas. Marcelino no solo investiga a los Huarte ni reconstruye las peripecias de dos hermanos marcados por la guerra; también se enfrenta a una revelación que amenaza con cambiar para siempre la imagen que tiene de su propio padre.
José Manuel Pons Peón construye así una narración donde los documentos, los diarios y los testimonios se convierten en piezas de un rompecabezas emocional. Cada descubrimiento acerca al protagonista a una verdad incómoda, pero también a una comprensión más profunda de quién es realmente. Porque, al fin y al cabo, conocer el pasado no siempre significa encontrar respuestas; a veces implica aprender a convivir con ellas.
Con una prosa que combina el rigor histórico con la sensibilidad narrativa, el autor propone una reflexión sobre la memoria, el perdón y la identidad. El alzhéimer, lejos de ser un mero elemento argumental, adquiere una poderosa dimensión simbólica: representa la lucha desesperada contra el olvido, esa batalla silenciosa que todos libramos de una forma u otra.
Yo andaré la tierra es una novela de secretos enterrados, de guerras que siguen resonando décadas después y de familias marcadas por decisiones tomadas mucho antes de que nacieran quienes ahora las sufren. Una obra que recuerda que la historia nunca desaparece del todo y que, mientras alguien siga buscando la verdad, los ecos del pasado continuarán caminando junto a nosotros.

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