Mujeres que rompen, rehacen y resisten: la trilogía que desmonta lo que creías sobre la vida
Tus tres obras giran en torno a mujeres en momentos decisivos de sus vidas. ¿Qué te atrae de esos puntos de inflexión donde todo puede cambiar?
La esperanza. Las nuevas posibilidades que te ofrece el hecho de cambiar tu conducta habitual. Al dejar de hacer siempre lo mismo y al modificar las decisiones que tomas es natural que cambie tu vida.
En La magia de ser mujer, Leonor rompe con su matrimonio cerca de los 50. ¿Crees que la sociedad sigue penalizando más a la mujer que decide empezar de nuevo a esa edad?
De los últimos 48 años hasta la actualidad, se ha conseguido una igualdad legal entre hombres y mujeres. Esa equidad legitima ha ido produciendo un avance real en la sociedad, por lo que hoy en día no aprecio que haya una penalización especial para empezar de nuevo por el hecho de ser mujer, en este sentido. Creo que ambos sexos pueden sufrir por igual la adaptación a una nueva situación personal.
El proceso de Leonor es casi una reconstrucción personal. ¿Hasta qué punto salir de la zona de confort es una condición necesaria para evolucionar?
Si una persona se siente mal, si no le agrada lo que le rodea y quiere que todo lo que no le gusta cambie, no lo va a conseguir en su circulo habitual, debe salir.

La novela introduce también el papel de las nuevas tecnologías en las relaciones. ¿Crees que hoy es más fácil —o más peligroso— volver a ilusionarse emocionalmente?
Las nuevas tecnologías amplían las posibilidades de conocer a posibles compañeros emocionales, pero no todo lo que brilla es oro. Al tiempo que te amplifica el escenario, también te ofrece mucha más superficialidad, y una persona que busca una relación estable puede sentirse defraudada.
En La señora Margarida, planteas una amistad intergeneracional muy potente. ¿Qué pueden aprender realmente las generaciones jóvenes de quienes están al final del camino?
Empatía, a dar y recibir cariño. Aprender que la vida tiene un final de una manera normal, como un proceso inherente a la existencia. En la actualidad, la sociedad ha relegado a los ancianos como a un rincón, casi abandonados. Hace cincuenta años, la familia estaba conformada por varias generaciones que hacían vida en común y hoy en día los jóvenes son los que sufren más esta carencia.
Margarida encuentra un nuevo propósito cerca de los cien años. ¿Te interesaba desmontar la idea de que la vida “se acaba” mucho antes de lo que creemos?
Quería transmitir la idea de que la ilusión puede no tener edad. Mostrar que se puede disfrutar la vida hasta el final. Un joven tiene un proyecto y una esperanza, pero esto no garantiza nada, porque la vida se puede truncar en cualquier momento; dandole la vuelta a esta visión, el anciano sabe que tiene menos tiempo, pero esto le da más satisfacción si decide vivir cada día como una bendición.
Hay un fuerte componente de sororidad en esta historia. ¿Dirías que el apoyo entre mujeres sigue siendo una asignatura pendiente o está evolucionando de verdad?
No concibo la realidad en blancos o negros, en hombres o mujeres. Creo en la graduación de tonos. Por ello, no valoro de manera taxativa el apoyo entre mujeres o entre hombres. Pienso que debemos romper esas diferencias que nos han ido poniendo en los últimos años para enfrentarnos, e incrementar el apoyo entre personas, que por supuesto se debería potenciar.
En Mi abuela Rebeca no pudo elegir, abordas la infancia en un contexto de guerra y miseria. ¿Qué impacto crees que tiene una infancia así en la construcción de la identidad adulta?
Un impacto brutal. No soy especialista en infancia, ni en psiquiatría o psicología; soy observadora y aplico el sentido común, y creo que lo que vives en la infancia va a marcar tu personalidad sí o sí.

El trastorno bipolar de Rebeca abre una pregunta incómoda: ¿se nace o se rompe uno por el entorno? ¿Qué conclusión te dejó a ti como autora?
A mi parecer, ese cerebro, que está en desarrollo, al verse enfrentado a situaciones de extrema violencia y sufrimiento, no puede quedar inmune. Es sobre lo que quiero reflexionar en la novela, o hacer pensar: en qué medida un cerebro infantil que tiene una capacidad de base puede, en buenas circunstancias, desarrollar su potencial, pero en situaciones terribles, como le ocurre a la pequeña Rebeca, puede hacer aflorar una alteración mental.
Tus novelas combinan historia personal con contexto social muy marcado. ¿Escribir es, en tu caso, también una forma de preservar memoria colectiva?
Sí, en parte de mi obra esa es mi voluntad, navegar en el pasado para que no quede en el olvido, intentando aprender de lo que pasó y de su porqué.
Si alguien leyera tus tres obras seguidas, ¿qué hilo común te gustaría que detectara: resiliencia, identidad, libertad… o algo más incómodo?
He querido conformar un pequeño universo, donde los personajes transitan entre las tres novelas, en ocasiones a través de un pequeño papel. Ha sido un intento de crear comunidad, en la que busco destacar la importancia de la amistad, la empatía, la esperanza, la capacidad de adaptación; tal vez poniendo énfasis en la responsabilidad individual para la felicidad, en la necesidad de salir del egoísmo y acercarse al otro para crecer en positivo aproximándose al que sufre; y, por último, ver desde el punto de vista personal de cada uno una guerra civil como fue la nuestra, en que se peleó hermanos contra hermanos.

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