Redención: la novela que nace del infierno del juego y demuestra que salvarse es posible
¿Qué fue lo que te impulsó definitivamente a transformar tu historia personal con la ludopatía en una novela, y no en un ensayo o un testimonio directo?
En el inicio de mi proceso de rehabilitación, los psicólogos con los que trabajaba, esos que yo llamo mis “ángeles de la guarda”, me recomendaron que, a la vista de mi afición por la lectura y mi facilidad de narración como abogado, escribiera sobre mi enfermedad y mi proceso de recuperación. Lo que empezó como una autobiografía, fue convirtiéndose en una historia a la que fui añadiendo personajes y vivencias personales, para terminar, formando una novela de ficción, que relata la cruel realidad de la vida de un ludópata.
En el prólogo hablas sin rodeos de tus “tres posibles finales” como jugador. ¿Qué supuso emocionalmente escribir ese recorrido al borde del abismo?
Cuando una persona toca fondo y cae en el pozo de la desesperanza, está condenado a vivir cada segundo, cada minuto, de una vida que le maltrata y le hace sufrir. Es en ese preciso momento, donde el ser humano, tiene el dilema más importante de su vida, “vivir o morir”. En mi caso, me planteé las posibilidades que me deparaba mi vida como adicto, y me llevo a esos tres finales, la soledad, la cárcel y el suicidio. Sin embargo, siempre hay una luz a final del túnel, esa que te lleva a la salvación, y por eso, elegí luchar y vivir en busca de un final alternativo a los anteriores.
Redención aborda la ludopatía desde dentro, mostrando la voz del “diablo del juego”. ¿Por qué decidiste personificar la adicción de esa manera tan directa y perturbadora?
La adicción al juego patológico, esta catalogada por la OMS como una enfermedad mental de carácter comportamental, un trastorno de la conducta de los impulsos. Para que la gente pueda entenderlo, nos encontramos intoxicados de dopamina, y eso nos lleva a un síndrome de abstinencia que nos machaca cada día en busca de su alimento. Por tanto, pretendo que el lector, conozca el diablo que los adictos llevamos dentro, el que nos habla y nos autoconvence de que debemos seguir consumiendo. Algunos lo llaman subconsciente, “alter ego”, “bicho” o “diablo”….aunque yo en el libro lo llamo de otra forma, sin dar más pistas al lector..jaja.
Salva, el protagonista, comienza como un chico brillante y lleno de futuro. ¿Por qué era importante para ti mostrar que esta enfermedad no entiende de clases, notas ni contextos?
Porque así es la realidad. La ludopatía, al igual que el resto de las adicciones, no entienden de clases sociales, ni de nivel intelectual, y es que la adicción no es el problema, sino la solución a nuestra existencia emocional. Un adicto no nace siéndolo, se convierte a lo largo de su vida, buscando esa salida que sane su sufrimiento interno. A veces, el contexto social en que te mueves te lleva a la adicción, pero no se trata de con quién te juntes o con quién vayas simplemente, toda adicción trae causa de un problema emocional no sanado.
El bar Tentaciones es casi un personaje en sí mismo. ¿Qué representa para ti ese lugar y por qué lo construiste como un “infierno” cotidiano?
Si hablamos del diablo que llevamos dentro los adictos, es justo buscar el infierno donde reside ese demonio. El Bar Tentaciones, es el escenario perfecto, para escenificar en el lector lo que hoy conocemos como “salones de juego” o “casinos”. Lugares llenos de tentaciones que te llevan al camino de la perdición. En la novela, hay un segundo escenario, otro lugar de encuentro llamado “De vuelta a los infiernos”, que viene a configurar la recaída permanente de Salva en su encuentro con el juego.
Has trabajado durante años ayudando a enfermos del juego mediante el Método SOS. ¿Cómo influyó tu experiencia terapéutica en la construcción de los personajes que acompañan a Salva?
Al final de mi proceso de rehabilitación, decidí que tenía que buscar un nuevo sentido a mi vida, ese que se espera para nuestro protagonista Salva. Fue entonces, cuando comencé a hacer mi propia “redención”, y así, revertir todo el daño que había causado a los que más me querían. El personaje de Satur y su historia, es la prueba de que no podemos mirar a otro lado, tenemos que hacer algo por esta sociedad, devolver la ayuda que me habían prestado y luchar para que otros compañeros puedan encontrar un final diferente al de Satur.
La novela muestra con crudeza la manipulación, la mentira compulsiva y la espiral autodestructiva. ¿Qué parte te resultó más difícil de escribir por su cercanía con tu propia vida?
La manipulación y la mentira es el máster de la vida de un adicto. Salva va tejiendo una telaraña de mentiras, esas que lo van convirtiendo en un ser deplorable, que solo busca cualquier excusa para volver a jugar. Describir estas emociones no fueron nada difíciles, pues si algo he aprendido en mi recuperación, y así lo intento transmitir en la novela, es que la mentira solo te lleva a perder la batalla con tu diablo, ese que te habla internamente todos los días. Por tanto, quiero que el lector entienda, que la única fórmula para poder salir de una adicción es no volver a mentir nunca más, independientemente del daño que eso cause a los de tu entorno. En mi caso, como abogado, solo me permito mentir cuando estoy en un juicio…jaja, pero el resto del tiempo, siempre con la verdad por delante.
¿Por qué decidiste incluir reflexiones casi espirituales sobre el destino, la culpa y la posibilidad de la redención? ¿Qué papel juegan en la historia?
Trato de que el lector interiorice las emociones de vive un adicto. Al final, vivimos en una montaña rusa, donde nuestra enfermedad, nos lleva cada día a pensar en un cambio porque nos sentirnos culpables por nuestros actos. Salva, el protagonista, vive en un bucle de recaídas y mentiras, siempre se promete que no volverá a jugar más, y, sin embargo, nunca lo consigue. El final de la novela trata de entender esas reflexiones que nos hacemos los adictos, esa promesa de cambio, que a veces nos lleva a la redención y otras, desgraciadamente, a la perdición.
En el libro insistes varias veces en que quien lo lea puede “salvarse”. ¿Qué esperas que entienda o sienta un lector que esté empezando a coquetear con el juego?
El nombre del protagonista, Salva, no es casualidad. Todos los personajes tienen nombre relacionados con el juego de azar (Jack, caslain, river…), pero sin embargo el protagonista, quise que representara la esperanza. Es por ello por lo que hablo de salvación, porque el lector que tenga problemas con el juego se sentirá identificado, y quizás, tome la decisión acertada de dejar el juego a tiempo. Ese es mi propósito con el libro, abrir el corazón y los ojos a aquellos lectores que estén pasando por esta adicción, por eso digo en el prólogo que, salvando al menos una vida, habrá merecido la pena. Si el lector está empezando a coquetear con el juego, quizás le sirva para evitar el sufrimiento que otros no tuvimos la oportunidad de comprender. Y, por último, también va dirigido a los familiares de los adictos, pues así, podrán empatizar y comprender la enfermedad, única forma de poder ayudar a su persona querida.
Esta es tu primera novela. ¿Te ha cambiado como escritor —y como persona— el proceso de convertir veinte años de sufrimiento en una obra literaria?
Mi vida ha cambiado por completo, no solo a nivel personal y profesional, sino también en el aspecto mental. He conseguido recuperar el control de mi vida, mi autoestima y mi yo interior. Después de veinte años de adicción, siento una profunda paz y compresión de mis pensamientos, y lo que es más importante, he encontrado el sentido de mi vida. Muchos adictos recuperados, entre los que me incluyo, decimos que, cuando se sale de este pozo de la desesperanza, haríamos cualquier cosa por ayudar a que nadie tuviera que pasar por ahí. Y así es, he decidido hacer mi propia “redención”, con el objeto de revertir el daño causado. Esta novela es precisamente el ejemplo, me he expuesto públicamente para que otros den el mismo paso que yo he dado, sean valientes y empiecen su rehabilitación. Esto incluye el METODO SOS, un proceso de rehabilitación con el que ayudo a otros adictos a recuperarse, con psicólogos expertos en adicciones, cuyo objetivo no es otro que salvar cuantas mas vidas pueda.

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