¿Qué me enseñaron los presos sobre ética y éxito? Más de lo que imaginas

Mi vida profesional ha estado marcada por tres transformaciones extraordinarias, más allá de simples cambios de puesto: auténticas metamorfosis que pusieron a prueba mi capacidad de adaptación, liderazgo y reinvención.
La primera: de interventor a funcionario de prisiones. Un salto radical que exigió una profunda adaptación de carácter para moverme en un entorno donde las reglas eran otras y la gestión de personas se imponía a los números.
La segunda: de funcionario de prisiones a director ejecutivo en una empresa de retail en plena expansión. Un desafío que implicó liderar a más de 300 personas en un universo empresarial acelerado, exigente y estratégico.
La tercera, quizá la más desafiante: de director ejecutivo a empresario. Un salto que me obligó a vaciar los bolsillos del alma y a reinventarme sin descanso, aprendiendo a valorar aún más el papel esencial de los empresarios en la sociedad.
Hoy, con esa perspectiva de haber habitado mundos tan distintos, comparto en Entre muros y principios los aprendizajes que solo se conquistan cuando uno tiene el coraje de cambiar de piel una y otra vez.