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Acerca de la ética en los medios de comunicación | Por Francisco Chaparro (Con Lola Chaves y Francisco Robles)

37. Ética y medios de comunicación

Probablemente muchos de nosotros nos hemos preguntado a veces, ¿por qué en la rueda de presa de un tema importante, a un político, a un futbolista, a un actor o a cualquier otra personalidad, no ha habido algún periodista que haya hecho esa pregunta que todo el mundo espera y nadie hace?. También probablemente, nos preguntemos acerca de la importancia que pueden alcanzar los medios de comunicación en general, los grandes grupos o plataformas que aúnan varios de estos medios, en la capacidad para crear tendencia, opinión, anular voluntades y ¿por qué no?, llegar a modelar o cambiar los valores que se creían estables en una sociedad.

¿Hasta dónde puede llegar la ética de los periodistas, o la falta de ella, para informar de un mismo acontecimiento en un sentido o en el contrario, dependiendo del medio que se lea, vea o escuche?

¿Puede un periodista cambiar de opinión e informar de lo contrario que antes mantenía si cambia la línea editorial de quien lo contrata? ¿Y el público o la audiencia? ¿Puede esta influir y hacer cambiar la manera de comunicar de un profesional de los medios si no gusta como lo hace?

Para hablar de esta y otras muchas cuestiones relacionadas con la ética profesional en los medios de comunicación, me reciben en su casa los periodistas Lola Chaves y Francisco (Paco) Robles, ambos con una dilatada carrera profesional.

Paco, reconocido comunicador de Sevilla, columnista en ABC, director y presentador en medios televisivos, su trayectoria abarca desde la enseñanza, hasta la divulgación a través de una amplio elenco de obras literarias y en definitiva, una presencia permanente en medios de todo tipo, habiendo obtenido múltiples reconocimientos por su trayectoria.

Lola, periodista, con experiencia también en ABC, Diputación de Sevilla, Club Pineda y otros, es una mujer polifacética y muy activa, en contacto con empresas, administraciones locales y demás, que la posicionan como una referencia en su ámbito, en parte gracias a la labor que realiza a través de su propia empresa de comunicación.

A ambos les doy las gracias por su tiempo, dedicación y valiosas opiniones para poder elaborar estas líneas.

Dando respuesta al papel que la ética profesional tiene en su desempeño habitual, Lola me aclara que “es su guía”, que sin ella probablemente haría cosas que gracias a las líneas rojas que esta le pone, no hace. Hay principios muy de este sector, como “no revelar las fuentes”, cuando algo se puede comprometer, que ella cuida aunque informe en un entorno tan complejo como la política, en el que también se ha movido con asiduidad.

Ante la duda que le planteo acerca de que haya muchos otros compañeros que no tengan esas líneas rojas, Paco, sin hablar, pero gesticulando, me hace ver que son efectivamente bastantes los que carecen de ella.

El periodismo como otras profesiones es el medio de vida de las personas que lo ejercen y en el caso de Lola, a través de su empresa, debe acometer gastos de personal, infraestructuras, impuestos y demás, como cualquiera, debiendo a veces tratar con anunciantes, empresas, ayuntamientos de distintos colores, siempre con complejos equilibrios y honestidad, teniendo muy claro que habrá cosas de sus clientes que no va a publicar aunque ellos quieran y aunque sean los que paguen, sus líneas rojas derivadas de sus valores marcan el quehacer diario tanto suyo, como de su personal.

Paco, como articulista, presentador y escritor, siempre ha disfrutado de una independencia que ha valorado mucho, permitiendo que esta fuera igualmente ejercida por las personas que invitaba a sus programas, sin que jamás haya dicho a nadie lo que podía o no podía comentar en antena.

En el delicado campo de la política, donde los medios de comunicación tienen un peso tan importante, les planteaba el incidente ocurrido recientemente en la Casa Blanca, donde el Presidente de EE.UU. vetó a una importante cadena de comunicación, ante el silencio de la mayoría, que callaba, sin atender a que la libertad de prensa se pudiera ver agraviada. Ambos me aclaran, que no es necesario irse hasta aquel país, pues hoy día, también aquí, se dan situaciones donde ante una aparente normalidad en la que parece que cualquier Ministro o el mismo Presidente aparecen atendiendo a los medios, son sólo unos cuantos los que en realidad pueden preguntar, a todos se les permite la entrada, pero sólo unos pocos, los proclives, pueden plantear sus cuestiones.

Ello nos deriva, al concepto que ahora está tan de moda, como es “el relato”, proveniente de los que detentan el poder. No importa lo que ocurra, lo que importa es como se cuenta, que mensaje o manera de enfocar la noticia se traslada a la ciudadanía. Lo que está ocurriendo en Ceuta desde el pasado verano, era el ejemplo con el que nos manejábamos.

Lola me explica, que si ello funciona es debido a que en gran parte de la ciudadanía se ha perdido el espíritu crítico y hay un exceso de sobre información, que hace dificultoso tomarse tiempo para profundizar con rigor y objetividad en los hechos que hay tras la noticia, o relato, de lo que nos cuentan.

Preguntados acerca de qué elementos pueden hacer cambiar a un periodista de opinión o línea de información, Paco me aclara que uno debe saber cuando escribe, para quien lo hace, no debiendo hacer saber a quien te contrata, tu opinión acerca de determinados temas, que a veces, irán en la dirección contraria a la línea editorial. Me cuenta su experiencia personal de cuando él, que leía el ABC, desde que su padre lo compraba en casa, se ponía en el papel de los lectores, preguntándose acerca de que pensarían los que leyeran acerca de lo que él iba a escribir; y que muchas veces, él escribía su columna, la entregaba y que fuera la dirección quien decidiera, pues me reconoce que no siempre se escribe lo que uno quiere, sino lo que uno puede. Me pide que no olvide que: “el articulista cuando abre el ordenador está en blanco y que lo que escribes es lo que va a salir al día siguiente, el opinador se la juega literalmente, pues lo que opina puede estar en consonancia o no con su medio”.

Lola, en esa línea, me cuenta también su experiencia en el mismo diario, acerca de la línea que se seguía con la “fiesta nacional”, dejándole claro desde que entró a trabajar con ellos, que ahí había un muro que no se debía saltar aunque ella tuviera su propia visión del tema. A pesar de estas cosas, ello no le ha impedido a veces ir contracorriente, lo que me revela que ella sí que tiene ese espíritu crítico, del que muchos adolecen.

Para ir terminando, abordamos el tema de la inteligencia artificial aplicada a los medios de comunicación, su impacto, su uso, como afecta a la configuración y evolución del desempeño periodístico, etc…

Lola no manifiesta dudas al respecto, la ve como una herramienta muy útil (utilizada en el tratamiento de datos e imágenes) y ante lo que nos tenemos que adaptar sin más remedio, es más, debemos “aliarnos” con ella, pero siempre supervisando lo que hace, sin que se pierda el factor humano, a pesar que cree que afectará a determinados puestos de trabajo, pues esta profesión, como todas, pagará el precio de la transición en forma de pérdida de empleos. La llegada de la revolución industrial al campo, hizo prescindible mucha mano de obra que otrora era necesaria y estos emigraron y se adaptaron. Algo parecido puede ocurrir aquí, remarcándome que debemos tener especial cuidado con el uso que hace la gente joven de la IA, pues aún no tienen criterio para cuestionar lo que esta herramienta les ofrece.

Paco incide en esa línea de que es un invento del hombre, por tanto es artificial, y que el hombre que la crea y la maneja, debe estar detrás realizando esa labor de supervisión.

Por último y tras los cambios que han vivido en su oficio estos dos profesionales, me interesa concluir preguntando por el estado de salud en que creen que se encuentra el periodismo y, para mi sorpresa, Lola me dice que ella es optimista, que se está mejor que hace diez años y que el periodismo vive un buen momento gracias a las redes sociales, que ofrecen oportunidades, para todo aquel que se quiera mover. No resta que el trabajo sea difícil y a veces casi te esclavice a la necesidad de atención de las citadas redes, pero reitera que es una oportunidad para el que la quiera aprovechar, a diferencia de las carencias de oportunidades que había una década atrás.

Con estas buenas sensaciones finalizamos nuestra agradable reunión y los periodistas me ofrecen su vertiente más personal y cercana, que como dije, me permitió disfrutar de su compañía, consejos y experiencias, que de nuevo agradezco, en su casa del centro, disfrutando desde la terraza, de un ágape y  de la vista de un señero templo Sevillano.

Categorías: Opinión
Etiquetas: Francisco Chaparro
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