Todo empezó con una servilleta y terminó cambiando sus vidas… ¿Puede una frase al azar convertirse en el inicio de una historia de amor que lo cure todo?
Hay historias que no gritan, pero que se quedan a vivir en el corazón como una canción suave. Cuando la luna nos encuentre, la nueva novela de María Beatobe, es una de ellas. Una historia tejida con silencios, con heridas que no buscan el dramatismo, sino la verdad, y con una ternura que desarma incluso a los lectores más escépticos.
Todo comienza con una servilleta. Un mensaje escrito a mano en el Café Harmony, un guiño del destino que une a Leo y Alice, dos almas rotas en busca de sentido. Él carga con el peso de un pasado que aún duele. Ella sobrevive a una vida que parece ajena. Lo que los une no es un flechazo, sino la necesidad compartida de ser vistos, de encontrar refugio en la palabra.
María Beatobe, con su prosa contenida y poética, construye una historia de amor alejada de los clichés. Aquí no hay promesas ruidosas ni gestos grandilocuentes: hay correos que se contestan con ansiedad, noches en las que el insomnio se convierte en confesionario, y una luna que funciona como testigo mudo de un vínculo que crece con pudor y profundidad.
El gran acierto de Beatobe es la manera en que deja que sus personajes respiren. Leo y Alice no se salvan por amor, pero se acompañan en la herida, y en esa compañía descubren que el dolor compartido no solo pesa menos, sino que también se transforma. Cuando la luna nos encuentre es una historia sobre cómo los pequeños gestos —una palabra justa, una mirada, una carta inesperada— pueden significar un mundo entero.
Es, al final, una novela sobre el poder silencioso del encuentro. Y sobre cómo, incluso cuando todo parece perdido, el amor —cuando es sincero, paciente y sin disfraces— puede ser una forma de volver a casa.

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