Los siete pecados capitales se convierten en crímenes en esta novela que no te dejará dormir
En un rincón de la literatura latinoamericana contemporánea, donde el crimen no solo se investiga sino que se contempla como un espejo del alma humana, emerge la voz inquietante y precisa de Jorge Luis Rivero C., autor de Puertas al pecado, una novela que se atreve a mirar a los ojos al mal… y no parpadea.
Con el pulso de un narrador que conoce tanto la fragilidad humana como la potencia narrativa del misterio, Rivero C. nos entrega una obra que se inscribe dentro del género policial, pero no se detiene en la superficie del crimen. Lo trasciende. Lo interroga. Lo diseca. En esta novela, el asesinato no es solo un acto sangriento, sino la consecuencia lógica —y trágica— de una cadena de emociones mal contenidas: envidia, avaricia, soberbia, lujuria. Pecados, sí. Pero también motores narrativos que empujan la trama hacia un territorio inquietante donde el lector se ve obligado a preguntarse: ¿y yo, hasta dónde sería capaz de llegar?
El protagonista, el oficial Ortiz, es mucho más que un detective. Es el flâneur moderno de una ciudad que parece dormida durante el día, pero que, cuando cae la noche, revela su rostro más tenebroso. En su recorrido por calles donde la moral se disuelve en las sombras, Ortiz se enfrenta a casos que, más que delitos, son síntomas de una sociedad al borde del colapso ético. Con cada paso que da, también camina hacia sí mismo, hacia sus propias puertas, esas que todos llevamos dentro y que, al abrirse, pueden revelarnos lo mejor o lo peor que somos.
Rivero C. escribe con una claridad inquietante. Sus capítulos están tejidos con precisión de relojero y sensibilidad de psicólogo. Nada sobra. Todo tiene una resonancia ética. Los personajes no solo sufren, también se debaten entre el deseo y la culpa, entre lo que quieren y lo que deben, arrastrando al lector a un terreno donde las certezas morales se desvanecen como niebla al amanecer.
Puertas al pecado no es una novela cómoda. Es una novela que exige. Que interroga. Que obliga a mirarse al espejo. ¿Quién no ha sentido alguna vez los dientes de la ira, el veneno de la envidia, la atracción de lo prohibido? ¿Y quién puede asegurar que, en el momento más vulnerable, no abriría una de esas puertas?
Con esta obra, Jorge Luis Rivero C. no solo se confirma como un narrador sólido, sino como un autor que sabe que la literatura no está para tranquilizar conciencias, sino para despertarlas. Puertas al pecado es una invitación —o advertencia— a cruzar al otro lado de lo humano. El lado oscuro, sí. Pero también el más revelador.

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