El thriller gallego que no te dejará dormir: “Orballo” destapa el secreto que un pueblo intentó enterrar durante veinte años
En las aldeas del norte, donde la llovizna se instala como un huésped eterno y el silencio pesa más que las palabras, Carlos Pérez García sitúa Orballo, un thriller cargado de niebla, leyendas soterradas y verdades que nadie quiere pronunciar. No es solo una novela de desapariciones: es una disección de la memoria colectiva, de la culpa que se transmite como herencia y de la fragilidad con la que un pueblo entero puede romperse.
La historia arranca con un golpe seco: dos adolescentes se esfuman sin aviso, sin testigos, sin ruido. La Guardia Civil, con Helena Barreiro y Sara Aguilar al frente, llega a un territorio donde cada gesto es una pista envenenada y cada vecino parece saber más de lo que admite. Lo inquietante no es solo el presente, sino el eco: veinte años atrás, otra joven desapareció en la misma zona. El caso nunca se resolvió. El pueblo aprendió a convivir con esa herida abierta… o a fingir que no existía.
Pérez García construye un escenario que respira humedad y desasosiego. El orballo, esa llovizna fina tan gallega, funciona aquí como un personaje más: se filtra en las ropas, en los hogares, en la conciencia. Todo parece empapado de un pasado que insiste en volver a la superficie. Cada pista conduce a un camino estrecho, a un monte que oculta más de lo que muestra o a un testimonio que podría derrumbarse con una sola pregunta bien formulada.
Las protagonistas no solo persiguen un criminal: se enfrentan a un paisaje emocional que arrastra culpas antiguas, amores quebrados y silencios que han fermentado durante décadas. En esa tensión entre la urgencia de encontrar a las chicas y el peso de lo que nadie se atrevió a decir, la novela se vuelve un estudio brillante del lado oscuro de las comunidades pequeñas, donde todos se conocen… pero nadie lo suficiente.
Orballo avanza como una tormenta que no estalla, pero que amenaza con hacerlo en cada página. Y cuando por fin cae el agua, no arrasa: revela. Expone. Ilumina lo que siempre estuvo ahí, enterrado bajo el musgo, esperando.
Carlos Pérez García firma una obra contundente, atmosférica y profundamente humana. Un thriller que no depende del sobresalto, sino de la tensión que cala poco a poco, igual que la lluvia fina que da nombre al libro.
Porque hay verdades que no se borran con el agua. Solo salen a la luz cuando ya es demasiado tarde.

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