Hay libros que se leen con los ojos abiertos, y otros, como Oniros, que exigen ser soñados. La nueva novela de JJ Conti irrumpe en el panorama literario latinoamericano con una propuesta que desborda géneros, desafía estructuras y se atreve a sumergirnos en ese limbo peligroso donde la conciencia titubea: el territorio de los sueños.
Oniros —vocablo griego que remite directamente a los dioses del sueño— no es solo un thriller de fantasía, es un viaje. Uno íntimo, perturbador y profundamente humano. Su protagonista, Ana Luna, una ejecutiva de vida pulcra y planificada, representa ese arquetipo moderno del control absoluto, del éxito que no se permite grietas. Pero todo tambalea cuando aparece Lázaro Esperia, un nombre que suena a presagio, un rostro que despierta memorias que no deberían estar ahí.
JJ Conti, con una prosa afilada y a la vez etérea, construye un relato que juega con la lógica como un ilusionista. Hay algo en la atmósfera de Oniros que remite a Borges, a Cortázar, a las ciudades invisibles de Calvino, pero con una sensibilidad contemporánea. Ana no es solo una mujer en busca de su pasado: es una alegoría del lector moderno, atrapado entre la razón y la intuición, entre el algoritmo y el mito.
Lo fascinante de esta novela es su capacidad para hacer que lo imposible parezca apenas inusual. Olores, palabras, rincones, rostros: Oniros convierte lo cotidiano en presagio. Como si el mundo real fuera apenas una superficie quebradiza que oculta un tejido más profundo, más antiguo, más verdadero.
Y allí, en ese “más allá” onírico, habitan los Oniros: criaturas no nombradas del todo, arquitectos del inconsciente, demiurgos de la memoria perdida. No son monstruos, pero dan miedo; no son dioses, pero rigen destinos. Son, quizás, los custodios de aquello que dejamos atrás al crecer. Enfrentarlos es, para Ana, enfrentarse a sí misma. Para el lector, también.
Con Oniros, JJ Conti no solo confirma su madurez como narrador, sino que también propone un manifiesto: en un mundo que cada vez exige más certezas, la verdadera rebelión es recordar que los sueños tienen voz. Y que a veces, esa voz dice la verdad.
“¿Te atreves a cerrar los ojos?”, desafía el libro en su contraportada. La pregunta no es retórica. Oniros no se deja leer sin consecuencias. Como todo buen sueño, deja una huella que no se borra al despertar.
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