Una entrevista con Lourdes de Orduña Puebla, autora de «Extraña Vecindad», obra publicada con Círculo Rojo.

Una entrevista con Lourdes de Orduña Puebla, autora de «Extraña Vecindad», obra publicada con Círculo Rojo.

Vienes de un mundo muy visual y creativo, con una amplia trayectoria en el cine y el diseño de vestuario. ¿Cómo ha influido tu experiencia en el séptimo arte en tu manera de escribir?

Creo que de una manera positiva. El séptimo arte, el cine, es absolutamente visual, pero necesita de un guion escrito para poder expresar todo lo que se quiere decir visualmente. Una novela es contar la historia con palabras, con el lenguaje del idioma que la sustenta sobre papel… También tiene imágenes, las que describe de manera omnisciente el escritor. Son dos artes diferentes, pero pueden complementarse. En la escritura hay más libertad de crear mundos, aunque el cine puede hoy hacer cosas maravillosas, pero necesita sí o sí del guion escrito para visualizar la historia que quiere contar. La palabra aún hoy es necesaria, ¡aunque vivamos el tiempo de la imagen!

En Extraña Vecindad nos presentas a Mickel, un joven atrapado entre el éxito profesional y sus verdaderos anhelos. ¿Qué te inspiró a contar su historia?

El comienzo de la idea de mi novela me llegó al oír una conversación entre dos jóvenes en una cafetería de Nueva York. Hablaban sobre sus vidas, sobre lo cansados que estaban, del estrés en que se encontraban sumergidos… y el giro que les gustaría dar a sus vidas. Era la época del boom de los yupis… Nueva York, la ciudad de las oportunidades… ciudad llena de contrastes… ¡de todo tipo!

La novela transcurre entre Manhattan y Brooklyn, dos escenarios con mucha personalidad. ¿Por qué elegiste Nueva York como telón de fondo?

Elegí Nueva York por ser la ciudad referente del emprendedor, el país donde se supone que están todas las oportunidades para llegar a cumplir con todas las ambiciones y que, como contrapunto, existen igual las desilusiones y el fracaso. Una ciudad donde conviven, sin mayor importancia, mendigos y pobreza con emprendedores y millonarios. La ciudad donde nada te sorprende, donde todo vale, donde aparentemente nada conmueve las conciencias… pero donde hay otras lecturas de vida y conocimiento del amor.

Mencionas que Extraña Vecindad es un homenaje a Francis Scott Fitzgerald. ¿En qué aspectos de la historia o el estilo narrativo se refleja su influencia?

Más que encontrar influencia en la novela de Extraña vecindad, Mickel lo que busca en Fitzgerald es encontrar el sentido, la belleza y la magia de las palabras, y en ese campo, Scott Fitzgerald es alguien que él ve y venera como el mayor de los maestros del lenguaje. Como hilo conductor de la novela me pareció interesante para la obsesión de Mickel por ser escritor…

Además de la novela, has escrito relatos, teatro, guiones y poesía. ¿Qué te aporta cada género y qué desafíos presenta pasar de uno a otro?

Cada género tiene su propio desafío y requiere una intención interior para elegir el género sobre el cual queremos expresar aquello que queremos contar, cómo y de qué manera queremos contarlo. Cada género tiene sus reglas y sus expresiones propias. La poesía es un género más intimista, un lenguaje directo del poeta al lector, con unas rimas libres o establecidas donde el poeta expresa ideas y sentimientos de corazón a corazón. La prosa es un lenguaje más distendido, más largo, más aventurero, donde se da cabida a todo tipo de historias y que necesita de un espacio más abierto para exponer con detalle todo lo que requiera la historia y adornarla con los ambientes y creaciones literarias que ayuden a la comprensión de aquello que se pretende contar. Un relato es lo mismo, pero contado en un momento concreto, un sucedido, descrito profundo, impactante, rápido…
El desafío para mí es saber cuál de los géneros es el mejor para tu voz de escritor… aunque hay escritores que tienen talento para los distintos géneros, pero a veces lleva una vida averiguarlo.

Lourdes de Orduña Puebla, autora de la obra.

Tu familia está llena de referentes literarios y cinematográficos. ¿Cómo crees que esa herencia ha marcado tu camino como creadora?

En realidad no lo sé. Si creo que he tenido la inquietud desde pequeña, desde la infancia, quizás por el entusiasmo familiar por la literatura vivida en la rama paterna y con ancestros de escritores en mi tío/abuelo Carlos Fdez-Shaw, poeta y escritor, y luego en mis tíos Carlos y Guillermo Fdez-Shaw, letristas de zarzuela. O de mi tío Juan de Orduña, director de cine y poeta, y coautor de guiones de cine. O, seguramente, me viene de una manera más directa de mi propio padre, que escribía poesía y decía muy bien el verso. Todo me llevó siempre por el mundo de la creación… y espero me siga llegando… ¡aunque ya no sea tan joven!

A lo largo de tu carrera, has contado historias a través del vestuario y ahora lo haces con la palabra escrita. ¿Encuentras similitudes entre ambas formas de narrar?

Sí, sí hay similitudes. Con el vestuario en las artes escénicas se narra un lenguaje visual que ayuda a los actores a poder creerse el personaje al que dan vida. La ropa es la piel del personaje y hay que hacerlo creíble para que el actor pueda actuar y decir su texto. Con la escritura pasa igual: sin ser visual tangible, sí requiere de la verdad de las palabras y dibujar bien los textos y ambientes desde el punto omnisciente del escritor para que, igualmente, el lector se lo crea.

Como alguien que ha trabajado en múltiples disciplinas artísticas, ¿qué papel juega la creatividad en tu día a día y cómo logras equilibrar tantas facetas?

¡La creatividad vive conmigo desde siempre! Mi vida me lleva desde la infancia a relacionarme siempre con el arte en distintas facetas, y la realidad es que no me cuesta demasiado pasar de los pinceles a la pluma, o al interiorismo, o la restauración, la costura, el diseño… En realidad, me gusta enredar en la vida, no suelo estar parada, la imaginación no descansa… ¡y todo es más divertido! Tengo mucho escrito, pero, aparte de artículos publicados sobre mi profesión de diseñadora de vestuario—profesión por la que estuve en cuatro ocasiones nominada a los premios Goya—, no había publicado ningún relato ni novela aún. Pero finalmente me he atrevido y estoy contenta de haberlo decidido. Estoy teniendo mucho ánimo del lector, lo cual me amplía las perspectivas de seguir escribiendo… ¡Y espero sea de todas mis profesiones y trabajos con el que concluya mis días! ¡Que, por otro lado, espero sean aún algunos años!

Esta es tu primera novela publicada, pero no tu primera incursión en la escritura. ¿Cómo ha sido el proceso de dar el paso de otros formatos a la novela?

Bueno, creo que el proceso es algo natural. Hay un proyecto en mente que te lleva a ello. Depende de lo que sientes internamente y de ponerlo en marcha. La verdad es que a veces tienes cosas que van en contra de lo que quieres hacer; depende del trabajo que tengas entre manos y que te impida hacer lo siguiente, pero es cuestión de organizarse. Y, como digo en mi novela, ¡siempre tenemos que ir detrás de conseguir nuestros anhelos!

Para finalizar, ¿qué tal ha sido la experiencia publicando con la editorial Círculo Rojo?

Ha sido una experiencia muy buena la que he tenido con Círculo Rojo, desde luego satisfactoria, teniendo además en cuenta que yo no sabía nada de lo que era el mundo de la edición de un libro, de los pasos que hay que dar, de las fases por las que hay que pasar para ver finalmente concluida la edición y verla como uno quiere. También hay creación en este trabajo: diseñar la portada, las ilustraciones que quería… Gracias a Dios, he tenido unas profesionales estupendas dentro de la editorial Círculo Rojo, que me han ido llevando por el camino idóneo, ayudándome en todo.
Armadas de paciencia y buen hacer, han concluido mi proyecto con acierto. He quedado muy agradecida y contenta. La edición ha quedado preciosa y está teniendo un comienzo estupendo. ¡Espero siga así! Pues lo que una madre quiere para sus hijos es que tengan una vida plena y feliz.

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