José Luis Fernández Juan, nos cuenta todo sobre su última obra «Pinceladas de Harmonía.com»

José Luis Fernández Juan, nos cuenta todo sobre su última obra «Pinceladas de Harmonía.com»

José Luis, tu biografía refleja una relación muy especial con el lenguaje y la creatividad. ¿Cuándo te diste cuenta de que querías dedicarte a explorar las palabras de forma tan única?

Fue un día que aún recuerdo con nitidez irreal, como si lo hubiera pintado un Dalí literario. Estaba observando el vuelo errático de un colibrí orejimorado, perezoso pero resuelto, que trazaba un «acento circunflejo» en el cielo con su sombra. En ese momento, intuí que el mundo está lleno de sonidos a modo de palabras que son universos paralelos donde cada letra tiene un alma y cada frase, un ecosistema.

Me sentí llamado a traducir lo intangible, como si el lenguaje me pidiera ser su alquimista, el médium entre lo prosaico y lo maravilloso. El colibrí orejimorado me enseñó que las palabras no son solo herramientas para comunicar; son lienzos, puentes y, a veces, trampolines. Mi vínculo con ellas comenzó como un juego de niños: inventaba idiomas secretos para hablar con las sombras, componía canciones con palabras que solo rimaban en mi cabeza…

Más tarde, cuando descubrí la literatura, comprendí que podía transformar esos juegos en arte. Fue entonces cuando me decidí a explorar el lenguaje, a esculpir significados en lo que otros veían como simple ruido. Y desde ese momento, cada frase que escribo es una pieza de ese gran rompecabezas universal que nunca se termina de armar.

Tu obra se caracteriza por fusionar lo cotidiano con lo surrealista. ¿Qué te inspira a construir esos universos tan particulares en tus libros?

La inspiración surge en los márgenes, en esos momentos en los que la realidad se descose ligeramente y deja entrever su costura interior. Me inspiran las contradicciones de la vida diaria, como el bostezo de un gato que parece contener un universo entero o el tintineo de un semáforo que parece comunicarse en código Morse con las estrellas. 

Me interesa mostrar cómo lo aparentemente banal esconde un núcleo mágico, casi subversivo. El surrealismo, en mi caso, no es una evasión, sino una reinterpretación de la realidad. Es como añadir un cristal curvado al mundo para descubrir reflejos que antes no veíamos. 

Mis universos particulares son mi manera de recordar que lo extraño y lo cotidiano no son opuestos, sino aliados inseparables. Emergen cuando la lógica se despista y deja espacio al absurdo: el camión de la basura que sueña con ser orquesta, o los cuásares que deciden iluminar los colores al revés.

Todo puede nacer de esa chispa cotidiana que la rutina ignora, como el momento exacto en que un reloj parece parpadear o un lápiz se aburre de ser recto. Es mi forma de recordar que la vida está llena de magia encubierta, solo hay que saber dónde mirar.

En Pinceladas de Harmonía.Com, la estructura narrativa es poco convencional, casi como un mosaico de historias. ¿Qué te llevó a elegir este formato en lugar de una narrativa más tradicional?

El formato de mosaico refleja cómo percibo el mundo: fragmentado, dinámico, lleno de ángulos y perspectivas que se entrecruzan. La narrativa tradicional, con su rigidez rectilínea, no me permite capturar la riqueza de una vida en la que todo ocurre simultáneamente: el pensamiento, la emoción, la sorpresa y el humor. 

Para mí, escribir Pinceladas de Harmonía.Com fue como construir un caleidoscopio literario, donde cada escena, cada personaje y cada reflexión es una pieza que adquiere un nuevo significado al combinarse con las demás. Este formato también invita al lector a ser un participante activo, un arqueólogo de sentidos que debe ensamblar el puzzlesegún su propia visión. Al fin y al cabo, Harmonía no es solo un lugar ficticio; es un espejo fragmentado donde cada lector puede encontrar su propio reflejo, su propia interpretación.

Elegí ese formato porque la vida misma es un mosaico; las experiencias rara vez se presentan en un guion lineal. El lector, como un arqueólogo de palabras, debe ensamblar las piezas según su propia perspectiva, convirtiéndose en co-creador del libro. Además, el formato refleja la pluralidad de Harmonía, un lugar donde cada personaje es un color, cada escena un brochazo, y juntos forman un cuadro que no tiene sentido si lo observas de cerca, pero es epatante cuando lo contemplas desde lejos.

Los personajes de Harmonía son extravagantes y muy peculiares. ¿Hay alguno que tenga un significado especial para ti o que refleje aspectos de tu propia personalidad?

Casi todos los personajes de Harmonía podrían ser una faceta de mí mismo; un eco de mis pensamientos, sueños y contradicciones.

A destacar, por ejemplo, al poeta Novenio Diranzo. Él representa mi impulso de cuestionar las normas, de escribir lo que no se espera y de explorar caminos menos transitados. Es un personaje que desafía el orden establecido, no por rebeldía gratuita, sino por curiosidad insaciable. 

Daristóbulo Gorostidi certifica mi reflejo más evidente; alguien que registra lo que no está escrito, que narra las historias que se cuelan por las grietas del tiempo. Su tendencia a contar cuentos y a reinventarlos es, sin duda, una extensión de mi visión creativa. 

Y así podríamos seguir destacando personajes. No puedo negar que muchos llevan un fragmento de mis dudas, risas y paradojas: la constancia metódica de Guido Garibay, la melancolía oculta de Yeni Camiruaga, la lógica ilógica de Claudio Bayona…

El lenguaje es un componente clave en tus obras, con neologismos, juegos de palabras y lirismo. ¿Cómo trabajas para mantener este equilibrio entre lo lúdico y lo poético?

Trabajar con el lenguaje es como hacer malabares con estrellas: hay que mantenerlas en movimiento para que no pierdan su brillo. Mi proceso comienza con una exploración libre, donde permito que las palabras se mezclen y se transformen sin restricciones. 

Invento neologismos cuando siento que el idioma necesita expandirse, cuando las palabras existentes no alcanzan para expresar una idea. Pero siempre busco que esas invenciones tengan un propósito poético, que resuenen con el lector no solo a nivel intelectual, sino también emocional.

El equilibrio entre lo lúdico y lo poético lo logro escuchando al texto: si una frase me hace sonreír y, al mismo tiempo, me hace pensar, sé que he encontrado el tono adecuadoy pasa el corte. En el fondo se trata de un baile constante entre la música del lenguaje y la profundidad de las ideas que quiero transmitir. Cada palabra tiene una personalidad, y mi tarea es combinarlas en coreografías inesperadas pero harmónicas.

José Luis Fernández Juan, autor de la obra.

Como docente, ¿crees que tu trabajo en el aula influye en tu forma de escribir o en los temas que abordas en tus libros?

Absolutamente. Ser docente es como ser un jardinero de ideas, donde cada estudiante es una semilla con potencial infinito. El aula es un laboratorio de inventiva, un espacio donde los conceptos más abstractos se convierten en experiencias tangibles.

Ver cómo los alumnos perciben el mundo, cómo transforman lo abstracto en concreto, me inspira profundamente. Además, ser testigo de su creatividad sin filtros me anima a mantener la mía en constante renovación. En el aula aprendo que la simplicidad y la maravilla pueden coexistir, y eso lo traslado directamente a mi escritura.

Asimismo, me mantengo conectado con las preguntas esenciales, esas que a menudo olvidamos hacer cuando nos volvemos adultos. Muchas de las reflexiones y personajes de mis libros nacen de diálogos en clase, de momentos en los que un estudiante dice algo tan sorprendente que parece salido de un cuento del mismísimo Daristóbulo. La enseñanza y la escritura, para mí, son vasos comunicantes: una alimenta a la otra con perseverancia.

El humor y la reflexión parecen ser pilares en tus narrativas. ¿Cómo consigues que estos elementos coexistan de manera tan armónica?

El humor y la reflexión son dos caras de la misma moneda, al menos en mi forma de escribir. El humor desarma al lector, le permite bajar la guardia, mientras que la reflexión se cuela como un invitado inesperado que deja algo profundo en la mesa antes de irse. Para lograr esta harmonía, procuro que el humor nunca sea superficial ni gratuito; debe tener una carga significativa, un propósito que lo conecte con la idea central. 

Por otro lado, la reflexión tampoco debe ser solemne ni pesada; la vida es demasiado absurda para tomársela demasiado en serio. Al combinar estos elementos, creo un espacio donde el lector puede reír, pero también detenerse a pensar, como si estuviera en una montaña mecánica emocional que sube, baja y siempre deja ganas de volver a montarse.

Creo que el humor y la reflexión son como dos amigos inseparables: uno te hace reír, y el otro te da una palmada en el hombro para que mires más allá. En mis obras, el humor le abre la puerta al asombro, y una vez dentro, la reflexión le entrega una brújula para navegar por los temas más profundos. Es un equilibrio delicado, como preparar un soufflé: mucho humor y se desinfla; mucha reflexión y se endurece. Lo importante es encontrar un punto justo similar al que le dan Lucía Gamón y Lisardo Caturla a sus estofados.

Has publicado varios libros a lo largo de los años. ¿Cómo ha evolucionado tu estilo desde Pinceladas de Harmonía hasta esta nueva entrega?

Mi estilo ha evolucionado como un río que encuentra nuevos cauces, pero mantiene la misma esencia. 

Al principio, mi escritura era como un torrente desbocado, una explosión de ideas que se entremezclaban con poca contención. Con el tiempo, he aprendido a canalizar esa energía, a construir estructuras que, aunque parezcan caóticas, están cuidadosamente diseñadas para intentar sorprender y emocionar al leedor. Al ganar confianza en mi voz literaria, puedo ser más experimental sin perder de vista la conexión con él. 

Lo que nunca cambiará es mi amor por el lenguaje como trebejo de exploración, mi deseo de romper moldes y mi compromiso con la creatividad como acto vital.

El autor posando para Elescritor.es

Pinceladas de Harmonía.Com invita al lector a replantearse certezas y explorar nuevos ángulos de la vida. ¿Qué mensaje esperas que los lectores se lleven al finalizar el libro?

El mensaje que espero que los lectores se lleven es que la vida es un lienzo en blanco, y cada uno tiene la capacidad de pintarlo a su manera. Pinceladas de Harmonía.Com no pretende dar respuestas, sino inspirar preguntas, esas que te hacen detenerte y mirar el mundo con nuevos ojos. 

Quiero que los lectores sientan que la realidad no es rígida ni inmutable, sino un campo de posibilidades infinitas donde la imaginación es la clave para transformar lo ordinario en extraordinario. Espero que se lleven una aguja magnética que no apunta al norte, sino a sus propios sueños. Quiero que descubran que el mundo es más flexible de lo que parece, 

Al cerrar el libro, espero que se queden con la sensación de que lo imposible no es un límite, sino una enorme invitación a ilusionarse. Y, sobre todo, que encuentren en sus propias vidas las gamas vibrantes que conforman Harmonía.

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