De la cocina al crimen: cómo nació una novela negra que llevaba años pidiendo salir
Jardín de cenizas es tu primera novela. ¿En qué momento sentiste que ya no era solo una idea, sino un libro que necesitaba ser escrito hasta el final?
Creo que son varios aspectos los que confluyeron gratamente para que me lanzara a escribir la novela. El primero y más importante fue dejar de negarme la idea que llevaba arrastrando desde hacía muchos años de escribir un libro, al darme cuenta de que las historias tienen su momento y su lugar, y que si las pospones demasiado terminan por desaparecer o perder interés. Segundo, creí tener entre manos una historia lo suficientemente apasionante como para intentarlo. Y tercero, totalmente necesario, tener la oportunidad —aunque tardía— de formarme un poco literariamente para llevarlo a cabo y salir airoso en el intento.
Tu formación profesional pasa por la cocina y la mecánica antes que por la literatura. ¿Qué te han enseñado esos oficios sobre el ritmo, la disciplina y el detalle a la hora de escribir?
Aunque sean profesiones muy dispares, tienen algo en común en mi forma de entender los oficios: hay que poner cariño en lo que haces, tratar algo destinado a otra persona como si fuera para ti. Elaborar un plato, dejar un vehículo perfectamente operativo o unir palabras para conmover a un lector requiere el mismo mimo. La mecánica me ha enseñado que una novela debe estar bien ensamblada y ser precisa estructuralmente para que no se averíe. La cocina me obliga a respetar los tiempos de cocción de tramas y personajes. Y ese “menos es más” tan culinario es muy aplicable a la narración, sobre todo cuando empiezas.
¿Qué dificultades reales tiene ser autodidacta en la escritura cuando te enfrentas a una novela larga por primera vez?
Muchísimas. Intentar que todo lo que tienes en la cabeza se plasme en una hoja en blanco de forma ordenada es extremadamente complicado. Por eso una formación previa no es solo recomendable: es necesaria.
El curso de cursiva de Penguin Random House fue un punto de inflexión para ti. ¿Qué cambió exactamente en tu forma de entender el oficio de escribir después de hacerlo?
Sobre todo me ayudó a aplicar orden: a estructurar la novela y a evitar errores habituales del escritor novel. Detalles como entender que menos es más al crear escenas o descripciones. Además, ese curso fue lo que me dio el empujón definitivo para lanzarme a escribir. Las reuniones con el tutor, Álvaro Colomer, fueron un gran estímulo. Para mí, él encarna perfectamente el título del curso: el oficio de escribir.

¿Qué tipo de historia querías contar con Jardín de cenizas y qué temas te obsesionaban mientras la escribías?
Hace años escuché que la única diferencia entre la Barcelona de principios del siglo XX y el Chicago de los años veinte era que en uno se podía beber y en el otro no. Esa idea se me quedó grabada. Desde entonces me obsesiona ese periodo histórico de Barcelona, junto al Londres victoriano. Ambos, unidos por la figura de Jack el Destripador, me parecían un caldo de cultivo perfecto para la novela negra. Me obsesionaba mostrar ciudades en expansión y modernización, pero pobladas por personas violentas y dominadas por poderosos sin escrúpulos. Y preguntarme qué ocurre cuando surge alguien aún más vil, y quienes deben darle caza sienten tanto miedo al desconocimiento como a la certeza del camino que van a recorrer.
¿Cómo fue el proceso de pasar de escribir por intuición a tomar decisiones conscientes sobre estructura, tono y personajes?
Liberador y tranquilizador. Cuando creas orden y disciplina dentro del caos es cuando empiezas a disfrutar de verdad de la escritura.
Al ser tu debut, ¿qué te dio más vértigo: terminar la novela o decidir publicarla?
Terminarla da mucha pena. Tras ocho meses de trabajo, poner “FIN” deja una sensación agridulce: vacío y realización a la vez. Salir de la Barcelona de 1909 de un día para otro cuesta. Pero si la escribí fue para intentar publicarla. Y ahí sí: ahí llegó el verdadero vértigo, al entender que esos ocho meses solo habían sido el primer paso.
¿En qué crees que se nota que Jardín de cenizas es una primera novela y qué has aprendido de ella como escritor?
Siempre encuentras fragmentos que mejorarías. Cambios que harías con lo aprendido después. Pero también entiendes que hiciste lo mejor que supiste en ese momento. Y aprendes algo clave: siempre hay margen de mejora.
Después de este libro, ¿sientes que la escritura ha pasado de afición a necesidad vital, como ocurrió antes con la cocina o la mecánica?
Dedicarte a algo que te apasiona es un regalo. Siempre fui más lector que escritor, y apenas había escrito antes de esta novela porque me faltaban herramientas. Lo que sí he descubierto es la necesidad de contar historias con todo el proceso de preparación y documentación que conlleva escribirlas. Y eso, la verdad, me ha enganchado.

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