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Cuando la poesía deja de correr y aprende a preguntar: el libro que se escribe desde la pausa

Raquel Carbó Campistol - ¿A qué huelen las secuoyas?

¿En qué momento sentiste que este segundo poemario nacía desde un lugar distinto al de Entre churros y carámbanos?
No hubo una frontera nítida, sino un desplazamiento lento. Mientras Entre churros y carámbanos miraba mucho hacia el asombro inmediato y cierta intemperie emocional, ¿A qué huelen las secuoyas? nace cuando empiezo a aceptar la pausa, la pregunta sostenida, el no saber. Sentí que escribía desde un lugar menos urgente y más pausado·

El título plantea una pregunta abierta: ¿qué te interesa más, la posible respuesta o el hecho de formular la pregunta?
Me interesa profundamente la pregunta. Formularla ya es un modo de habitar el mundo, de no darlo por cerrado. Las respuestas tienden a fijarse; la pregunta, en cambio, permanece viva.

Hablas de memoria, retrospección y mirada hacia el futuro: ¿escribir este libro ha sido más un ejercicio de recordar o de anticipar?
Ha sido un diálogo entre ambos tiempos. Recordar para entender quién he sido, y anticipar para intuir hacia dónde me muevo. La escritura permite tender esos puentes necesarios.

Dices que el poema te permite decir “lo otro”, lo callado: ¿qué cosas solo te atreves a nombrar cuando escribes poesía?
La fragilidad, la duda, ciertas contradicciones que no encajan bien en el discurso cotidiano. La poesía me concede este espacio de honestidad necesario.

Tu formación en Filología y tu trabajo como docente, ¿te acompañan o te estorban cuando escribes poemas?
Me acompañan, pero he tenido que aprender a dejarlas a un lado. La filología me da herramientas, conciencia del lenguaje, pero la poesía necesita a veces olvidar la teoría para recuperar la intuición.

La naturaleza aparece como espacio de diálogo: ¿es un refugio, un espejo o un interlocutor al que hacer preguntas incómodas?
Creo que es las tres cosas a la vez. Refugio cuando el ruido se vuelve excesivo, espejo donde me reconozco e interlocutor, porque la naturaleza no responde de forma complaciente.

¿Hasta qué punto escribes desde la experiencia personal y cuándo decides dejar espacio para que el lector complete el poema?
Siempre parto de lo personal, pero intento no quedarme ahí. Confío en que el lector traiga su propia experiencia y la mezcle con la mía.

Este libro vuelve a contar con las ilustraciones de Mónica Pont Arcarons: ¿cómo dialogan imagen y palabra en tu proceso creativo?
Este libro no podría entenderse sin Mònica. Creo que su forma de ilustrar nace de una intuición profunda y honesta: no dibuja solo escenas, sino estados del alma. Tiene una capacidad extraordinaria para captar la emoción y la vida cotidiana —y siempre lo plasma con un trazo sutil, elegante y de un gusto exquisito. Sus ilustraciones no acompañan los poemas: los escuchan, los complementan; a veces hasta creo que los sostienen en silencio. Trabajar con Mònica es una suerte inmensa, tanto en lo profesional como en lo personal, un gesto de confianza y de admiración que nace de una amistad mutua y del privilegio de compartir con una persona cuya creatividad es tan natural como su carácter.

Si ¿A qué huelen las secuoyas? fuera una experiencia más que un libro, ¿qué te gustaría que se llevara el lector al cerrarlo?

Si al cerrar el libro el lector siente que algo se ha movido suavemente por dentro, ya es suficiente.

Raquel Carbó Campistol – ¿A qué huelen las secuoyas?

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Categorías: Entrevistas
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