Charlamos con Aixa Valfiguer, autora de «Póker con las estrellas»

Charlamos con Aixa Valfiguer, autora de «Póker con las estrellas»

En la sinopsis mencionas “el vuelo del amor como guía”. ¿Qué papel juega el amor en esta historia de rebelión y libertad?

El amor es un desconocido en el mundo de las bestias, totalmente inalcanzable para lo que ellos conocen. Está lleno de normas y castigos. Nadie sabe qué es el amor; sin embargo, cuando uno de ellos lo descubre, en forma de una pequeña paloma blanca que representa la libertad, se convierte en la chispa que empuja a los personajes a abrir los ojos y a mirar al cielo, incluso cuando les han dicho que está prohibido.

¿Cómo fue el proceso de construir una historia tan alegórica, que a la vez habla de lucha, opresión, conciencia y transformación?

Fue un camino pedregoso ciertamente. Hubo momentos en los que deseaba gritar lo deconstruido que está el mundo actual a través de unos versos y unas bestias, y otros en los que escogí callarme para que la obra mantuviera un hilo firme en el que apoyarme. En última instancia, cuando era yo quien estaba sin rumbo y en guerra con la vida, la obra se escribió sola. Yo soy solo un personaje más de aquel mundo no tan diferente al nuestro.

¿Crees que escribir es una forma de resistir o rebelarse ante lo que no nos gusta del mundo?         

Absolutamente. Escribir es mi manera de volar cuando me dicen que camine. Es mi forma de habitar la incomodidad, de mantener las formas y luego abrazar un universo nuevo con la pluma. Es resistencia, sí, pero también es liberación. Porque rebelarse no siempre es gritar; a veces es simplemente negarse a callar.

Tu obra habla de una sociedad infiltrada, de observar desde dentro… ¿Cuánto hay de experiencia personal o de reflexión propia en esta mirada crítica hacia la sociedad?

Mucho más de lo que a veces me atrevo a admitir. He sido esclava, víbora, rata y paloma. Lo sigo siendo, cada una de ellas, según voy construyendo mi propio camino. He sentido el peso de las normas en los hombros y la tentación de obedecer para sobrevivir, pero también he soñado con romper las estructuras. Lo que escribo nace de observar, sí, pero también de haber convivido con la herida.

En tus trabajos anteriores y colaboraciones también abordas lo humano, lo social y lo existencial. ¿Qué ha cambiado en tu voz desde Si tan solo el amor bastara hasta Póker con las estrellas?

No ha cambiado nada, sigue siendo la misma voz. Sigo siendo ambas. Hay momentos en los que necesito abrazar la emoción y sentirme arropada con un manto de bellos versos que me adormecen con su melodía y, por el contrario, hay otros en los que necesito ser sincera y plasmar lo que me desgarra y no soy capaz de cambiar por mis propios medios, todo aquello que me parece injusto o incorrecto. Encontré mi voz hace muchos años, solo las visto de diferentes ropajes según el tiempo; sin embargo, si se observa bien, se reconoce mi voz en todos y cada uno de mis versos.

¿Tienes algún ritual a la hora de escribir? ¿Eres de planificar cada detalle o prefieres dejarte llevar por lo que surja?

Tengo un ritual, sí, puede ser que tenga uno. Siempre salgo de paseo con los cascos puestos. No importa el destino, voy sin rumbo. Tampoco importa la música mientras esté en el límite de lo saludable para mis oídos, o un poquito más. Todo lo demás cobra vida. Durante ese trayecto todas las dudas, las encrucijadas, las metas y los problemas se resuelven. Los personajes son ajenos a mí, toman sus propias decisiones y luego me las muestran. Yo solo me limito a observar y escribir. En cierto modo, yo les pertenezco a ellos, me siento obligada a plasmar sus historias. Con suerte, y con su permiso, también dejo mi propia huella en sus pisadas.

Aixa Valfiguer, autora de la obra.

¿Qué autores o libros han marcado tu forma de escribir o de pensar? ¿Hay alguna lectura que sientas que te ha cambiado la vida?

Lorca me enseñó a llorar con belleza. Espronceda me mostró que el grito también puede ser arte. Calderón me regaló la duda eterna entre lo soñado y lo vivido. Y Bécquer… de Bécquer aprendí a no ocultar lo que siento. Pero más allá de los libros, lo que más me ha cambiado la vida es la gente invisible, los gestos que pasan desapercibidos, las voces que no se oyen.

¿Qué le dirías a alguien que está buscando su propia voz, en un mundo donde tantas veces parece que ya no hay espacio para nuevas miradas?

Que su voz no necesita espacio, necesita coraje. Que no tema sonar distinto, o incluso errático. Que lo auténtico nunca pasa de moda. Y que, aunque a veces duela, escribir desde las entrañas es la forma más hermosa de encontrarse.

¿Qué esperas que el lector sienta o se cuestione después de leer Póker con las estrellas?

Quiero que se sienta incómodo y esperanzado a la vez. Que reconozca las jaulas, pero también las alas. Que se pregunte quién es, qué rol cumple, si quiere seguir cavando su tumba o atreverse a volar. Que no busque respuestas, que sienta el vértigo. Que se cuestione si la vida que ha decidido vivir sea realmente porque la ha decidido, y que haya sido él. 

Si tuvieras que elegir una sola imagen o escena de Póker con las estrellas para representar todo el mensaje de la novela, ¿cuál sería y por qué?

La ejecución. Todo el paralelismo que representa hasta ese final. Ese momento en que el condenado muere con una sonrisa y revela sus plumas. Porque ahí está todo: el sacrificio, el amor, la libertad arrebatada, y aún así, la dignidad intacta. Ese instante en el que morir por ser libre es, paradójicamente, el acto más vivo de todos. 


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