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Abusó de mí quien debía protegerme… y aun así aprendí a amar: la historia real que está sacudiendo a quienes la leen

Isis - Aprendiendo a amar

Dices que “mi libro soy yo”: ¿en qué momento entendiste que tu historia personal tenía que convertirse en un libro?

Cuando explicaba mi historia de vida a amigos y conocidos allegados. Ellos se quedaban impactados y me decían: “¡Vaya historia! Podrías escribir un libro”. Y esto me pasaba con todo aquel o aquella a quien se la contaba. Entendí que era un mensaje del universo.

Me di cuenta de que para los otros tenía un valor que yo no había detectado. Entonces reconocí que tenía que escribir mi historia y hacerla accesible al mundo. Esa convicción de los demás de que contara mi historia hizo que tomara la decisión de ponerme a escribir, de convertirla en un libro.

Aprendiendo a amar nace de experiencias muy duras, como el abuso sexual y narcisista. ¿Qué fue lo más difícil de transformar en palabra?

La regresión que hice con Mar, mi terapeuta de entonces, para trabajar el abuso sexual de mi padre hacia mí. Fue una experiencia extremadamente dura, pero a la vez sumamente sanadora. Durante la sesión gritaba tanto que la recepcionista del centro picó en la puerta para comprobar que todo iba bien.

Llegó incluso a impactar tanto a mi terapeuta —especialista en regresiones y en terapia floral— que le puso mi nombre a la flor que me administró para integrar el enorme trabajo que había realizado sobre el suceso revivido con mi padre.

Por esa razón, cuando lo reescribía y lo iba puliendo sentía un profundo dolor dentro de mi ser durante unos días. Estos síntomas fueron disminuyendo a medida que me exponía al relato en cuestión. De ahí que esté tan de acuerdo con que la escritura es un proceso terapéutico y sanador.

Hablas del abuso no como una condena, sino como un trampolín hacia la libertad. ¿Cómo se llega a ese cambio de mirada sin negar el dolor?

Tuve que hacer un trabajo muy profundo y doloroso. Esto no se consigue de un día para otro. Tardé unos diez años en amar a mi madre de manera incondicional. Respecto a mi padre me costó menos, porque aceptaba que era una persona enferma.

Después de la regresión integré todo ese dolor y me liberé de esa carga que solo me hacía daño a mí. Pero con mi madre no fue así. Durante un proceso terapéutico se me recomendó cortar todo tipo de comunicación con ella durante un año para poder retomar la relación después con otra mirada.

No fue nada fácil. Durante ese periodo mi marido me llevaba al bosque para que me sintiera mejor. A veces funcionaba, pero otras estallaba en un llanto tan desgarrador que la gente que pasaba por el camino se paraba a socorrernos. Sentía que algo dentro de mí se estaba muriendo.

Aun así, volvería a pasar por ello. Fue un proceso de transformación tan profundo que me acercó a la persona que soy ahora. No lo pude hacer sola: necesité el apoyo de mis seres queridos, de mi terapeuta Mar y de otros maestros posteriores, especialmente Gaspar Vera. Gracias a ellos este libro existe.

Tu formación como maestra y especialista en educación emocional, ¿cómo influye en la manera en la que escribes y acompañas a otros?

Cuando escribo y acompaño a otros muestro una sensibilidad que otros no muestran. Sé que soy especial en muchos temas, pero sobre todo en la manera de contar mi historia. Hablo desde el corazón y desde la experiencia: no es cómo lo cuento, sino desde dónde lo cuento.

Me considero una narradora de historias transformadoras. A través de mi experiencia quiero ser un faro que alumbre el camino de otros hacia su propia transformación.

Tengo dos talentos que pongo en práctica con mis alumnos: descubrir aquello en lo que muestran una habilidad innata y sacarlo a la luz, y hacerles sentir capaces de hacer lo que se propongan. Les ayudo a sacar su pequeño genio interior.

Eso mismo quiero hacer con quienes resuenen con mi historia y con mi proyecto.

En el libro y en tu proyecto aparece con fuerza la idea de responsabilidad personal. ¿Cómo se transmite este mensaje sin culpabilizar a la víctima?

Para mí la culpa no existe, pero sí la responsabilidad. La culpa se convierte en una losa que no te deja avanzar porque pone el foco fuera. Depende de cómo percibes el mundo.

La responsabilidad, en cambio, pone el foco en ti. Tú eres responsable de tu vida y tú eres la única que puede cambiarla. Es entonces cuando puedes transformar tu realidad. Cuando dejas de ser víctima y te conviertes en la protagonista de tu historia.

Lo que pasó, pasó. Ahora eres tú quien decide qué hacer con aquello: compadecerte eternamente o utilizarlo como trampolín hacia tu mejor versión.

Metamorfosis es más que un proyecto: es una filosofía de vida. ¿Qué significa para ti “transformarse desde el interior”?

Me gusta mucho la simbología de la mariposa luna. Este insecto experimenta una profunda transformación de gusano a polilla. Cuando nace no puede volar y es presa fácil, pero cuando sus alas se secan despliega toda su belleza y vuela libre.

Yo siento que somos como esa mariposa. Nuestra vida tiene fin y por eso debemos valorarla. No podemos pasarla entera en el papel de víctima, lamentándonos por lo que ocurrió. Eso sería supervivencia, no vida.

Invito a quienes han sufrido abuso a hacer esa transformación interior, aunque sea dura. Después descubrirán que pueden vivir libres, felices y plenamente presentes.

Te defines como una narradora de historias transformadoras. ¿Escribes primero para sanar o para ayudar a sanar a otros?

Ambas cosas. En un primer momento escribí para sanar a otros, pero no pensé que también me sanaría a mí. Mi maestro Gaspar Vera dice: “Si quieres sanar, ayuda a sanar a otros”.

El largo proceso de autoedición y publicación tuvo un “para qué”. Al reescribir mi historia fui integrándola y sanándola. Escribir es un proceso profundamente sanador.

Cuando pasamos a formato escrito lo que nos ha ocurrido deja de ser abstracto: se vuelve tangible y consciente. Entonces podemos soltarlo.

El libro se dirige especialmente a mujeres, pero también a hombres y a la infancia herida. ¿Qué tipo de lector sientes que conecta más contigo?

Siento que conectarán más conmigo las mujeres que hayan experimentado abusos sexuales en la infancia por parte de familiares muy cercanos, especialmente si quien ejercía ese rol era el padre.

Antes de mi transformación el libro con el que más conecté fue Usted puede sanar su vida de Louise Hay, donde habla del abuso que sufrió por parte de su padrastro. En mi libro la menciono porque se convirtió en una referencia para mí.

Si alguien llega a Aprendiendo a amar en un momento de oscuridad, ¿qué te gustaría que encontrara al cerrar la última página?

“El éxito es el camino hacia la consecución de un sueño. Disfrútalo.”

Esa es la frase final del libro. Me gustaría que quienes lo lean disfruten del proceso de transformación, aunque sea doloroso.

Y sobre todo que, al cerrarlo, piensen una cosa:

Sí se puede.

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Categorías: Entrevistas Portada
Etiquetas: Isis
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